Investigar sobre un tema atractivo puede resultar un fracaso si no elegimos adecuadamente el enfoque que darle, o si nos basamos en artículos obsoletos o con hallazgos antiguos no actualizados. Por tanto, la elección del tema resulta crucial.
Veamos los diferentes apartados que nos servirán para realizar una adecuada elección del tema:
Pautas para concretar objetivos
Búsqueda de referencias científicas
Planteamiento de la investigación
En primer lugar, para asegurarnos de que elegimos un enfoque adecuado, tenemos que seguir unos pasos que permitan concretarlo hasta definir un objetivo de investigación.
Tenemos que empezar pensando qué área de la educación nos interesa estudiar y/o mejorar, y con esa idea iniciamos una primera búsqueda de información. Por ejemplo, si nos interesa mejorar la evaluación del aprendizaje de nuestros alumnos, haremos una primera búsqueda sobre evaluación en general.
Una vez leamos unos cuantos resúmenes de los resultados de artículos que obtenemos, ya sabremos varios aspectos concretos de la evaluación que podemos estudiar. Por ejemplo, el uso de nuevos instrumentos de evaluación, o de su uso aplicado a otros ámbitos; el potencial del feedback para orientar a los estudiantes; o la posibilidad de incluir otros agentes de evaluación, como la autoevaluación por el propio alumno, o la coevaluación entre compañeros.
Cuando decidamos el tema concreto, por ejemplo la autoevaluación, llega el momento de realizar una segunda búsqueda de artículos, pero centrándonos en el tema elegido. De esta búsqueda vamos a obtener la base de referencias para empezar a trabajar.
Por último, al leer las conclusiones y futuras líneas de investigación de los artículos sobre el tema elegido, en nuestro caso: la autoevaluación, podremos deducir cuál es el siguiente paso en el conocimiento científico sobre la autoevaluación y, a partir de ello, definir nuestro objetivo de investigación.
El tema que elegimos debe resultarnos atractivo, pues este aspecto provocará la diferencia entre que nos apetezca o no buscar información sobre él. Para ello, podemos consultar los aspectos sobre los que se investiga en educación.
Aquí igualmente se presentan algunas ideas interesantes:
La enseñanza interdisciplinar, es decir, contextualizar un tema desde diferentes áreas puede suponer beneficios en la comprensión. Por ejemplo, enseñar historia a través de la programación de un hecho histórico en Scratch, o enseñar matemáticas con un proyecto de ciencias.
La enseñanza con tecnología, aprovechando los programas que nos ofrece la tecnología actual, como aprender química con simuladores, o diseño 3D para aprender geometría.
La evaluación es un tema muy interesante, ya que habitualmente se ve como algo negativo, y se mantienen los exámenes como medio para valorar el conocimiento total de la asignatura. Sin embargo, existen muchos instrumentos para poder valorar el conocimiento, que además lo hacen de una forma más completa y aplicada que un examen. O también podemos investigar sobre formas de evaluación continua que permitan a los alumnos reorientar su aprendizaje, como dar feedback constructivo o incluir autoevaluaciones para que los alumnos reflexionen.
También destaca el estudio de necesidades educativas especiales y cómo abordar el aprendizaje con estos alumnos. En relación con esto, ha surgido el diseño universal del aprendizaje, para incluir los requisitos de estos alumnos en la enseñanza, y crear propuestas didácticas que sirvan para todos los alumnos.
Otra opción es estudiar sobre el aprendizaje de temas concretos de nuestro área de conocimiento, como si se da una mayor comprensión al trabajarlo desde otra perspectiva, o al invertir el orden de determinados temas. Por ejemplo, estudiar la hipótesis de que se debería enseñar antes la geometría volumétrica a la geometría plana porque el alumno debe interpretar en un plano bidimensional la realidad tridimensional, extraer de 3D a 2D.
Otro tema diferente, pero igual de interesante, es estudiar la situación actual la formación del profesorado, cómo se realiza, las necesidades que existen actualmente en esta formación, etc.
Para la elección del tema, habitualmente partimos de una idea general, un área o aspecto que nos interesa, pero tenemos que ir más allá para concretar el enfoque de la investigación. Al buscar las referencias, debemos hacernos preguntas que guíen mi búsqueda de referencias y permitan elegir un tema actual y que nuestro enfoque sea relevante para el conocimiento científico.
Antes de empezar la búsqueda, debemos reflexionar sobre una serie de cuestiones. Lo primero será pensar en qué me interesa, es decir, cuál es el área general que queréis investigar. Por ejemplo, la tecnología en educación, la evaluación, las necesidades educativas especiales,...
A partir de ahí, tenemos que reflexionar sobre qué sabemos del tema. Por ejemplo, ¿yo qué sé sobre la evaluación? Pues sé que sirve para que el profesor ponga una nota, que se suele realizar a través de exámenes, que últimamente escucho hablar mucho de feedback.
Al reflexionar sobre lo que ya sabemos, nos permitirá decantarnos por uno u otro aspecto. Por ejemplo, sé que habitualmente la evaluación consiste en que el profesor ponga una nota según los conocimientos, pues si busco información en concreto de la evaluación del profesor, obtendré resultados relacionados con otros agentes de evaluación, como el propio alumno o sus compañeros.
Por otra parte, durante la búsqueda, según vamos descubriendo qué es lo último que se ha estudiado, y cuáles son los aspectos que puedo estudiar, debemos preguntar si es pertinente el resultado: ¿tiene que ver con lo que quiero trabajar? ¿me sirve o no me sirve? Además, preguntarnos sobre si tiene una calidad suficiente, debemos ser críticos aunque esté publicado en una revista científica.
Existen muchos edumitos que están muy arraigados, y que la mayoría de docentes cree en ellos aunque no haya una base sólida detrás. Nosotros debemos combatir al formarnos sobre el tema. Por ejemplo, las inteligencias múltiples se utilizan como base de algunos artículos, a pesar que dicha teoría no tiene apoyos empíricos. Otro ejemplo habitual es la teoría del aprendizaje del constructivismo, que no explica la base de los procesos de aprendizaje y que las bases de su teoría ya estaban demostradas con la teoría anterior del cognitivismo. O incluso edumitos más actuales como los nativos digitales, que exponen a los alumnos a problemas por considerar que “nacen sabiendo” sobre tecnología, lo que conlleva a conocer muy poco sobre el funcionamiento de algunos programas, o no entender los peligros de la huella digital y su relación con las redes sociales.
Por último, debemos preguntarnos si se adecúa a mi tema, es decir, ¿las conclusiones del estudio que estoy leyendo se podrían aplicar a lo que quiero investigar? ¿la edad de los participantes es similar? ¿las condiciones son similares? ¿los recursos y su conocimiento de uso de estos? ¿la situación geográfica? Por ejemplo, no podemos afirmar que la resolución de problemas sea adecuada en la enseñanza para alumnos de 15 años en todas las asignaturas al ver un estudio sobre su utilidad en matemáticas y física, es posible que en otras asignaturas, como música o plástica, no sea tan útil, así que no se puede generalizar.
En segundo lugar, para que las fuentes bibliográficas en las que basamos nuestra investigación sean fiables, debemos tener en cuenta dónde debemos buscar la información.
La búsqueda de referencias sobre el tema de estudio debe realizarse en bases de datos científicas, ya que sólo de esta forma nos aseguramos de que los resultados que encontramos cuentan con rigor científico, al albergar únicamente revistas científicas, actas de congresos y publicaciones similares.
Algo fundamental en este punto es entender la importancia de consultar únicamente bases de datos científicas, descartando para nuestra fundamentación teórica cualquier fuente de internet, como blogs o páginas webs de personas expertas educativas, ya que sus afirmaciones no nos servirán de nada si no demuestra dichas ideas con un estudio empírico que lo respalde.
Por ejemplo, un blog puede decir que gracias a la robótica, los alumnos son más creativos, es decir, que la robótica desarrolla la creatividad. Esto no es válido porque no hay ningún estudio que haya medido la creatividad en una muestra representativa de alumnos que se van a iniciar en robótica, y vuelva a medir la creatividad después del aprendizaje de la robótica, para demostrar efectivamente que se ha debido a este recurso tecnológico.
Una puntualización en este ejemplo, es que podríamos encontrar un pequeño estudio en una base de datos que efectivamente muestre una mejora en los resultados de creatividad. Sin embargo, debemos contrastarlo con más estudios si queremos demostrar que esto es así, ya que el desarrollo de habilidades va unido a la forma de trabajar que a lo que se trabaja, es decir, va unido al cómo (de ahí que se desarrollen habilidades y no conocimientos) y no al qué como a veces se piensa. Por ejemplo, la creatividad se desarrolla si trabajamos con robótica en proyectos de creación, pero no se desarrolla si trabajamos con robótica en una actividad guiada donde hay una única solución. Por eso es importante que cada idea que ayude a fundamentar nuestro trabajo, se encuentre en más de una referencia científica, de diferentes autores y proyectos.
Sobre las bases de datos que podemos utilizar en educación, la más extendida es la Web of Science. Para llegar a web of science, es recomendable entrar desde la página del FECYT, es decir, de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología.
Figura 1
Una vez dentro, nos pedirá que introduzcamos las palabras clave para la búsqueda. Es recomendable hacerlo en inglés porque tendremos más resultados, además de que muchos artículos en español que están indexados en esta base de datos se encuentran a través del título en inglés.
Por otra parte, podemos filtrar el periodo de tiempo que más nos convenga para realizar la búsqueda. Algo muy útil en investigación, ya que los estudios antiguos se quedan obsoletos.
Figura 2
Una vez aparezcan los resultados de la búsqueda, podemos ordenarlos según el número de citas, para asegurarnos que nos aparecen primero los artículos más relevantes.
También podemos filtrar los artículos de acceso abierto, para que nos aparezcan sólo los resultados de artículos completos. Aunque, recordemos, que si encontramos sólo el resumen, podemos buscar el artículo posteriormente en Google Académico.
Otro aspecto que podemos filtrar, y que según el tema a trabajar será más o menos útil, es el dominio de investigación, para centrarnos sólo en los resultados de Ciencias Sociales, y que se descarten otros dominios habituales como tecnología, ciencias, medicina, etc.
Tenemos otras internacionales como PsycINFO o ERIC, principalmente con resultados en inglés.
Para habla hispana, una de las bases de datos más completa es Dialnet, de la Universidad de La Rioja.
Y, por supuesto, Google Académico, como base de datos comodín, donde encontramos más artículos completos que en otras bases de datos. Google Académico se recomienda en último término, cuando ya no encontremos más artículos en las bases de datos principales. También se recomienda utilizarlo en los casos en los que no encontremos el artículo completo en otra base de datos, ya que, como decíamos, tenemos más probabilidades de encontrarlo completo en Google Académico.
Figura 3
En Google Académico, en la parte derecha, nos dice si el artículo que buscamos está disponible en PDF, lo que suele significar que disponemos del artículo completo.
Si realizamos la búsqueda directamente en Google Académico, también podremos filtrar por fecha.
Además, nos ofrece la posibilidad de buscar términos relacionados, que tiene registrados como búsquedas frecuentes de otros usuarios tras buscar nuestra búsqueda.
Figura 1. WoS principal
Figura 2. WoS búsqueda
Figura 3. Google Académico
Debemos tener en cuenta varios aspectos a la hora de buscar referencias:
Lo primero que tenemos que hacer al realizar una búsqueda, es limitarla a los últimos años. Lo habitual es que un artículo esté obsoleto a los 10 años, aunque en los últimos años, y según en qué ámbito de estudio nos encontremos, algunos artículos quedan obsoletos en 5 años. Por ejemplo, los relacionados con la tecnología.
Por otra parte, para asegurarnos de que vamos a estudiar el tema de forma completa, es necesario realizar la búsqueda también en inglés, ya que suele ser el idioma de referencia en la investigación. Entre los resultados en español y en inglés, conseguiremos un conocimiento casi completo del tema.
Un tipo de artículos muy importantes para iniciarnos en la búsqueda de referencias, son las revisiones teóricas, o reviews en inglés. De esta forma, podremos leer de forma sintetizada todos los artículos relevantes de los últimos años y estructurar todo el conocimiento para presentarlo de forma organizada y actualizada. Es una forma rápida de ponernos al día en el tema.
Por último, destacar que cada artículo que leamos, y en especial las revisiones teóricas, van a tener un conjunto de referencias que a nosotros también nos pueden ser muy útiles. Por ello, se recomienda buscar entre las referencias de los artículos leídos para comprobar si encontramos otros artículos que nos puedan interesar.
En tercer lugar, para plantear la investigación, debemos partir de una introducción que justifique la elección del tema y que permita definir los objetivos de investigación.
Cuando ya tenemos el enfoque del tema, y hemos realizado la primera búsqueda de bibliografía, podemos empezar a desarrollar nuestra investigación. Y lo primero que debemos desarrollar es una introducción a la investigación, que quedará plasmado en nuestro artículo de investigación.
La introducción puede encontrarse en un apartado concreto para ello, denominado “introducción” o, si no existe un apartado destinado a ello, la información se incluye igualmente en los primeros párrafos del marco teórico. El que exista o no un apartado específico dependerá de la estructura que requiera la revista de investigación a la que queremos enviarlo.
En el caso de TFM, se suele incluir este apartado específico, e incluso 2 subapartados para diferenciar bien los aspectos que se deben tratar en la introducción, como veremos ahora.
La introducción trata de presentar el tema, además de ayudarnos a clarificar si el tema es relevante y necesario, y a fijarnos nuestros objetivos de investigación. Por ello, esta información se sitúa antes de comenzar el marco teórico.
La extensión que suele darse a la introducción varía en función de las palabras máximas que permita la revista, pero siempre se sitúa en torno a un 10%. Por tanto, si nos centramos en un trabajo fin de máster, cuya extensión está estimada en 30 páginas, la extensión de la introducción serán unas 3 páginas: mientras que la justificación de por qué trabajar este tema de investigación se extiende casi toda la introducción; los objetivos se plasman en la última media página o, como mucho, una página completa.
La justificación nos ayuda a reflexionar sobre si el tema que hemos elegido es relevante.
Por una parte, se justifican los motivos por los que el investigador ha decidido escoger este tema: ¿qué razones han hecho decantarse por este tema y no por otro? ¿qué interés particular tiene el investigador? En este punto es habitual encontrarse información de la situación de partida de los estudiantes, su contextualización. Por ejemplo, he decidido trabajar la comprensión lectora porque creo que es un problema generalizado que afecta a mis alumnos en diferentes áreas curriculares más allá de los textos de la asignatura de lengua.
Por otra parte, se debe exponer la importancia del tema y la necesidad de investigarlo para proponer mejoras sobre la situación actual. En este punto suele plantearse el problema de forma general, y cómo se puede abordar según la propuesta del investigador. Siguiendo con el ejemplo anterior, los jóvenes, en general, tienen más problemas con la comprensión lectora que antes, y tenemos que trabajar en el aula de forma que ellos mismos sean capaces de enfrentarse a una actividad escrita y extraer los objetivos y las tareas principales.
Por último, es muy importante incluir en la justificación alguna referencia a investigaciones previas que permitan al lector situarse en el tema de estudio. Con el ejemplo de la comprensión lectora, podríamos buscar informes de pruebas que demuestren las bajas puntuaciones que suelen tener los alumnos en este aspecto, como puede ser un informe de la OCDE sobre las pruebas PISA. Pero también se introduce a las posibles causas de este problema, sin entrar en detalle ya que eso se hará después en el marco teórico, o videojuegos. pero por ejemplo, aportando un estudio sobre la relación entre el uso de ordenadores y la comprensión lectora, ya que el uso que hacen los alumnos de las TIC suele concentrarse en tareas que no requieren comprender textos complejos, como redes sociales.
Los objetivos se deben formular al final de la introducción.
Tenemos que plantear un objetivo general. Ese objetivo es el que guía la investigación por completo, tanto el marco teórico, como todo el estudio que apoye la investigación. Este objetivo general recoge la finalidad en sí de la investigación. Por ejemplo, conocer la formación del profesorado en las competencias digitales docentes.
Además, debemos plantear varios objetivos específicos, que corresponden a pequeños hitos o preguntas de investigación independientes. Siguiendo el ejemplo de conocer la formación del profesorado en competencias digitales, plantearemos varios objetivos específicos que permitan responder al objetivo general. Cada objetivo específico puede referirse a cada una de las áreas de esta competencia: el área de información y alfabetización informacional, el área de comunicación y colaboración, el área de creación de contenidos digitales, el área de seguridad y el área de resolución de problemas.
Hacerlo de esta forma nos asegurará un conocimiento más completo sobre nuestro objetivo, y nos permitirá diferenciar entre diferentes aspectos de la competencia, para saber, por ejemplo, si en el área de comunicación y colaboración tienen mayor formación que en el área de seguridad, y orientar así futuros cursos formativos a las necesidades que encontremos.
Lo primero es que deben ser coherentes con el resto del trabajo. A partir de los objetivos específicos debemos poder responder al objetivo general, así que todo el trabajo de investigación, por lo que resulta fundamental que tengan sentido y que permite una investigación completa, es decir, que tiene en cuenta todas las variables. Por tanto, los objetivos específicos deben complementarse para completar el objetivo general.
Además, los objetivos deben redactarse de forma clara. Al leer el objetivo, tenemos que identificar exactamente lo que se quiere conseguir en el mismo. Esto incluye que cada objetivo sea independiente y no se mezclen distintas variables en un mismo objetivo.
También deben ser objetivos viables, realistas, que sean abarcables en una investigación, y que se pueda comprobar al final de la investigación planteada.
Y, sobre todo, deben plantearse de forma que se puedan evaluar. Para responder al final de la investigación a cada objetivo planteado es necesario haberlos incluido de forma explícita durante el método de la investigación: plantear cómo se va a medir en el diseño de la investigación, contar con un instrumento o parte de uno para medir ese objetivo en concreto, qué grupos de investigación se comparan para responder a ese objetivo.
Si por ejemplo, queremos saber si existen diferencias en cuanto a la formación docente en competencia digital en función de su edad, tendremos que especificar que, por ejemplo, se ha incluido una pregunta en un cuestionario para saber su edad y se han creado 2 grupos de profesores para comparar las respuestas de un grupo con las respuestas del otro grupo: un grupo de mayores de 45 y otro grupo de menores de 45.
Los objetivos siempre deben plantearse iniciando con un verbo que indique claramente qué se quiere conseguir. Este verbo debe estar redactado en infinitivo.
Los objetivos deben permitir identificar el enfoque concreto sobre qué tipo de investigación estamos llevando a cabo. Por ejemplo:
Algunos más generales, como: comprobar, estudiar, demostrar.
la consolidación y apoyo a teorías, tales como: identificar, definir, describir.
la creación de alguna intervención, como: desarrollar, crear, diseñar.
la medición de variables, como: medir, evaluar, examinar.
la forma de evaluación de variables, como: observar, comparar, analizar.
A la hora de redactar un artículo científico, debemos tener en cuenta que se debe realizar con voz pasiva refleja y utilizando el pretérito perfecto compuesto.
Por ejemplo, en lugar de decir “hemos creado”, “voy a realizar”, “revisamos”, o formas similares, diríamos “se ha creado”, “se ha realizado”, “se ha revisado”.
Una buena recomendación es que conviene revisar la redacción de cada apartado según los vayamos terminando.