Los resultados y las conclusiones de la investigación educativa deben difundirse para que el resto de personas interesadas pueda conocerlos y reflexionar y trabajar sobre ellos.
Por eso, debemos plantearnos la forma idónea de que este conocimiento llegue al mayor número de personas posibles, y aquí vamos a ver cómo hacerlo.
El medio más adecuado para difundir los resultados son revistas científicas sobre una temática concreta. Los investigadores envían sus trabajos a estas revistas, y dan a difundir sus hallazgos a través de la publicación de artículos científicos. Las revistas científicas deben cumplir una serie de criterios para ser reconocidas como “científicas”.
Uno de los criterios más relevantes es que los artículos recibidos por la revista son evaluados por 2 revisores a los que les llega una versión anónima del trabajo, es decir, con los autores omitidos del mismo.
Además, las revistas científicas trabajan con normativa estándar, que requiere que todos los artículos sean enviados siguiendo un formato común que facilita la lectura de los artículos. En el caso de educación, el formato seguido habitualmente es el formato APA.
Todas las publicaciones de estas revistas científicas están registradas en diferentes bases de datos, como la popular Web Of Science, en la que se encuentran revistas de casi todos los ámbitos científicos. Por este motivo, en Web of Science existen diferentes índices de citas en función al ámbito que pertenece (jugar con diapositivas: ciencias, ciencias sociales y artes y humanidades). En educación utilizamos el índice de ciencias sociales, es decir, el S-S-C-I
Dentro de cada uno de estos índices, existe un ranking según el impacto de la revista. Para ello, el conocido como “factor de impacto” es una medida de calidad científica que evalúa la producción académica. El factor de impacto se actualiza cada año en función del número de citas en relación a los artículos que publica.
La estructura de los artículos suele ser similar a la expuesta. Aunque puedan existir pequeñas variaciones en función de la revista en la que elijamos publicar nuestro trabajo, estas variaciones son mínimas. Por ejemplo, la justificación teórica se puede dividir en una introducción y un marco teórico, o llevar otro de estos títulos en el apartado, o incluso ninguno. También hay ocasiones en las que los resultados forman parte del método de investigación. O que en las conclusiones se incluya la discusión de resultados.
Sin embargo, de manera general, todos los artículos cuentan con un título claro, conciso y representativo del trabajo, seguido de un resumen de todo el artículo y unas palabras clave. Todo esto en el idioma de la revista y, al menos, también en inglés. El cuerpo principal del artículo se divide habitualmente en una parte teórica que sirva de base para entender el estudio, y una parte empírica (a excepción de las revisiones teóricas) donde se especifica todo lo que se ha realizado y, posteriormente, los resultados. Estos artículos siempre terminan con unas conclusiones y la lista de referencias incluidas. Por último, si procede, se incluyen Anexos, que son información que complementa el trabajo principal, pero que no resulta imprescindible para entenderlo.
Cada uno de los apartados de un artículo tiene una importancia relativa dentro del mismo, por lo que podemos establecer una estimación sobre cuánto debe dedicarse a cada apartado para evitar caer en una descompensación.
Mientras que la parte teórica debe ocupar un 30% del trabajo, la parte práctica ocupará casi la mitad del trabajo, sobre el 45%, siendo algo más extensa la parte de resultados que la del método, ya que se incluyen tablas para mostrar los resultados que se tienen en cuenta en la extensión. Las conclusiones debe ocupar alrededor del 10%, incluyendo una interpretación de los resultados en conexión con otras investigaciones de la bibliografía.
La extensión total del trabajo puede variar en función de la revista elegida, y suele limitarse por palabras en lugar de limitarse por páginas, por ejemplo entre 5000 y 6000 palabras, o menos de 8000. Aun así, aplicando los porcentajes de esta estimación podemos extrapolar cuántas palabras debe ocupar aproximadamente cada apartado.
Además, algunas de estas limitaciones para la extensión incluyen título y resumen, y otras no incluyen las referencias, por lo que es mejor realizar esta estimación una vez hayamos comprobado las normas de la revista en concreto.
Como hemos visto, las publicaciones son la opción prioritaria para difundir la investigación, ya que la estandarización de formato y medios de publicación permite una mayor difusión del conocimiento adquirido. Vamos a ver ahora cómo aplicar este conocimiento sobre la publicación de artículos a un Trabajo Fin de Máster (TFM).
Un trabajo fin de máster o TFM debe reproducir la estructura de un artículo científico. Sin embargo, existen algunas variaciones que permiten articular mejor la información de estas investigaciones.
Después del resumen, y antes de empezar el cuerpo del texto, se incluye un índice con los apartados del trabajo.
Además, se diferencia siempre entre introducción, donde se especifica los motivos para la elección del tema, una breve explicación de qué se va a hacer, y se justifica la importancia de investigar en ese tema en concreto. En la introducción, además, se incluyen los objetivos del trabajo: uno general y tres o cuatro específicos, que consisten en los logros o hitos parciales del objetivo general.
Por otra parte, se recomienda diferenciar entre instrumentos de intervención e instrumentos de evaluación en el caso de realizar investigaciones experimental. En el caso de las investigaciones descriptivas no haría falta porque, como sabemos, no hay una intervención (excepto en la investigación-acción, pero este tipo se escapa de un TFM por el tiempo disponible).
Otro aspecto opcional pero recomendable es la inclusión de un subapartado en las conclusiones con las limitaciones del estudio y las futuras líneas de investigación, algo habitual en las conclusiones de los artículos, pero que no siempre se reflexiona en un TFM.
Por último, destacar la posibilidad de incluir un índice de tablas y figuras, incluso de acrónimos si éstos no se especifican la primera vez que aparecen en el texto. Este tipo de índices se incluyen a partir de la inclusión de 7 u 8 tablas o figuras (con la creación únicamente del índice que corresponda). Este índice se puede poner al final del trabajo o después del índice de contenidos.
Según lo que hemos visto hasta ahora, y ejemplificando un TFM con una extensión de 30 páginas, podemos estimar un porcentaje para cada uno de los apartados del trabajo, lo que nos ayudará a reflexionar sobre cómo expresar las ideas de forma adecuada en ese espacio, sabiendo si podemos o no extendernos más sobre cada idea a transmitir.
No se trata de una limitación, sino de una recomendación, que puede variar en función del tema del trabajo, del tipo de estudio, etc. Por lo que cada persona puede adaptar estos porcentajes según considere.