La investigación en educación resulta fundamental para conocer la realidad educativa y comprobar cómo funciona una situación educativa concreta. De esta forma podremos valorar si existen factores que influyen especialmente en una realidad, lo que se conoce como diagnóstico, o si existen carencias respecto a un patrón o criterio, lo que se conoce como evaluación.
La investigación ayuda, por tanto, al conocimiento sobre el funcionamiento de una realidad educativa, pero también posibilita su mejora, al poder avanzar a través de este conocimiento.
Vamos a ver los objetivos esenciales de la investigación en educación.
El primer objetivo es el estudio de una situación educativa concreta. Por ejemplo, ante una clase con bajas calificaciones nos preguntamos: ¿la clase está motivada? ¿los alumnos comprenden los contenidos? Gracias a este estudio, podremos diagnosticar los motivos del problema que nos encontramos, y podremos diseñar una intervención acorde con el problema detectado.
El segundo objetivo corresponde a la comprobación de si la intervención que hemos diseñado realmente soluciona el problema. Si, siguiendo con el ejemplo anterior, obtenemos que el problema es que los alumnos no están motivados, y diseñamos una intervención que incluya la gamificación para mejorar su motivación, necesitamos conocer si la intervención aplicada realmente soluciona el problema, esto es: si las calificaciones de los alumnos mejoran.
El tercer objetivo resulta especialmente relevante dada la tendencia a innovar que estamos viviendo en las últimas décadas. La innovación permite introducir mejoras en el proceso de enseñanza. Sin embargo, incluir una innovación no implica necesariamente una mejora educativa. Para que la innovación funcione, debemos asegurarnos que produce una mejora en el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos. Por este motivo, innovar e investigar deben ir siempre unidos, no se puede concebir la innovación sin una investigación que demuestre sus beneficios.
En este cuarto objetivo, la investigación supone un paso más allá porque nos permite diferenciar rangos en la consecución de objetivos. Si pensamos en un objetivo concreto, al investigar sobre él probablemente no concluyamos que se consigue o no se consigue, sino que se consigue parcialmente. Esto puede resultarnos útil, por ejemplo, para comprobar el grado de adecuación de una técnica concreta al desarrollo de competencias. Si queremos que nuestros alumnos desarrollen la competencia en comunicación científica, podemos definir qué criterios la componen y en qué niveles se puede descomponer cada criterio. De esta forma podremos saber los puntos fuertes y débiles de una técnica sobre los aspectos de esta competencia. En este caso, nos preguntaremos ¿en qué medida los alumnos utilizan vocabulario científico?¿En qué medida los alumnos expresan las ideas relevantes? ¿En qué medida transmiten información de forma clara y concisa?
Este objetivo nos permite comparar también diferentes técnicas: ¿qué técnica de enseñanza nos permite mejorar más la competencia en comunicación: resolución de problemas o proyectos?
El último objetivo es el que nos va a permitir avanzar realmente en el conocimiento educativo de forma generalizada. Podemos estudiar los resultados de nuestros alumnos para obtener unas conclusiones sobre si lo que investigamos funciona con nuestros alumnos. Sin embargo, si la muestra no es representativa de la población, no podremos generalizar que funcione con todos los alumnos. Por ejemplo, si impartimos clase en un centro de titularidad privada, que cuenta con gran cantidad de recursos tecnológicos desde que los alumnos son pequeños, y con un ratio de 15 alumnos por clase, no podremos decir que utilizar una herramienta TIC para trabajar un tema concreto mejora el aprendizaje, en general, porque puede depender del ratio de alumnos, de la destreza que ya tienen para manejar la tecnología, etc.
Para generalizar conclusiones necesitamos contar con una muestra lo suficientemente representativa: por ejemplo, que otros docentes utilicen la misma herramienta para el mismo tema con sus clases, que sean de diferentes lugares geográficos, con diferente titularidad de centro, con diferente disponibilidad de tecnología, con el doble de alumnos en clase, etc.
Como hemos podido comprobar, la investigación en educación es necesaria para poder conocer la realidad, y poder proponer mejoras que comprobemos que realmente tienen un impacto positivo en el aprendizaje de nuestros alumnos.