Entre nubes y calles
NOCTURNO
Escuchaba los susurros de los juncos
en la charca, el gemir de la arboleda,
las sonrisas de las luces encendidas
en las calles, los suspiros de la fuente
en duermevela, y del viejo campanario,
sus temblores de nostalgias de cigüeñas.
Percibía los perfumes de la brisa,
el chirrido de los goznes de las puertas,
los rumores apagados de los pasos del sereno,
el ladrido de los perros en las eras ...
Cerré la ventana. Quería quedarme solo
con el río que me fluía dentro y me crecía
dejándome cubierto de lodos y de penas.
Pero, en el silencio, oía los lamentos
de los vidrios, el crujir de las maderas,
la quietud misteriosa de los gatos,
la tibieza de la cuadra y de las bestias ...
... y el estrépito monótono de la gota del lavabo
que caía fuerte y lenta ... lenta ... lenta.
Tuve miedo de volverme loco.
Pasaron por mi cabeza los mismos pensamientos
que, presumo, les pasan a los locos
cuando piensan.