Entre nubes y calles
ÁLAMO
Quedó en el suelo tendido
como siempre había vivido, sonriendo.
Las hormigas horadaron su frente
y construyeron en su cabeza un hormiguero.
Los pájaros pusieron los huevos
en sus labios, para que los incubase
con el calor de los besos que guardaba,
porque jamás se los admitieron.
Estaba lleno de piojos
que nevaban de liendres sus cabellos.
Las avispas devoraron sus ojos
para instalar un humilde panal dentro.
De sus manos y de sus pies hinchados
devoraron las ratas los dedos.
Perros desconocidos descuartizaron
su cuerpo y cubrieron sus despojos
de tierra, al borde de un camino polvoriento.
Como había humedad y era buen suelo,
creció en aquel lugar - se ignora el porqué-
un álamo frondoso y gigantesco.
Cuentan quienes lo han visitado
que, cuando acaba el invierno,
brilla en su copa durante tres noches
una extraña corona de fuego.