INTRODUCCIÓN
Se define equipo gamer como un ordenador que está fabricado con componentes que potencian el rendimiento en los juegos, generalmente aquellos de última generación de altas prestaciones. Se tiende a utilizar habitualmente este anglicismo, pues expresa de una manera directa lo que realmente pretende significar: un equipo para jugar, o para jugones. Son capaces de hacer funcionar los juegos, habitualmente 3D, con mayor rendimiento que otros ordenadores. Su potencia es tan elevada que con frecuencia las consolas de última generación no se acercan a ellos y a veces, ni siquiera, a los de gama media.
Los juegos de última generación demandan altos requerimientos gráficos 3D en alta resolución, pero también consumen bastantes recursos de otro tipo, como mucha memoria o un uso intensivo de la CPU.
Pero fuera de lo que es la electrónica más básica, placa base, memoria, procesador, tarjeta gráfica... también se tiene un especial cuidado a la hora de escoger ciertos periféricos como el teclado y ratón. Por eso en esta guía, voy a dar repaso a lo más importante que hay que tener en cuenta para configurar un equipo gamer, ya sea básico o de máxima potencia.
PRESUPUESTO
En otras guías he tratado siempre de dirigir al usuario hacia un ahorro en el presupuesto, pero este aspecto no es tan fácil de cumplir en un equipo gamer. Los componentes que realmente aumentan el rendimiento en los juegos no son nada baratos, sobre todo si el objetivo es conseguir la mayor potencia.
Pero no hay que alarmarse, no siempre se consigue un aumento del rendimiento acorde al presupuesto. Esto quiere decir que las diferencias entre un equipo gamer básico y otro de máximas prestaciones pueden estar alrededor de un 50% de potencia de proceso en el mejor de los casos, mientras que el precio puede ser el doble o más.
Los usuarios más exigentes, que tienden a cambiar componentes frecuentemente, son los que más gasto producen; algunos pueden cambiar de tarjeta gráfica varias veces al año. Pero en realidad esto no es necesario siempre. Unos componentes elegidos sabiamente permitirán un uso prolongado durante mucho tiempo para ahorrar de cara al futuro, aunque la inversión inicial será la más costosa sin ninguna duda.
Aunque no es muy recomendable intentar ahorrar en el presupuesto a la hora de confeccionar un equipo gamer, es cierto que existen opciones que permitirán un menor gasto, sobre todo a largo plazo.
COMPONENTES
Las partes que configuran un equipo de estas características son, generalmente, similares a otros más normales. Las diferencias están en que algunos de ellos son de mayores prestaciones por que los diferentes componentes electrónicos que los forman son versiones mejoradas. En otros casos son piezas que están montadas en fábrica con componentes de mayor calidad y, habitualmente, son diseñadas, ensambladas y probadas con una precisión y cuidado mayores; esto está unido a veces a ciertas marcas que incluyen esta mejora de calidad en ciertas lineas de producción de sus catálogos, lo que hace que estas sean en ocasiones las favoritas de muchos entusiastas. Por supuesto son productos más caros.
Pero fuera de los componentes de muy alto estatus, hay otros de calidad y prestaciones medias que permitirán también montar equipos gamer, aunque sean más básicos. Por ello, vamos a revisar cuales son aquellos que obligatoriamente deben ser de altas prestaciones y cuales son los que permiten bajar un poco el listón.
Caja
En la guía para montar un PC correcto expliqué cuales son las partes a las que se deben prestar una especial atención, sobre todo en cuanto a calidad, con la posibilidad de ahorrar dinero en el presupuesto. La caja es la primera a la que hay que prestar esa atención, uno de mis temas favoritos.
En la citada guía puse de manifiesto unas recomendaciones que son también, en esencia, válidas para equipos gamer. Pero si lo que se desea es montar un equipo de muy altas prestaciones, con una gran potencia computacional, se pueden ampliar esas recomendaciones. Veamos primero el aspecto que puede tener un equipo gamer básico:
Como puede apreciarse, lo más importante siempre es que la fuente de alimentación esté ubicada en la parte más baja de la caja, con su correspondiente rejilla de entrada de aire desde el exterior en la base, en la zona inferior.
La ventilación debe ser una de las características más sobresalientes en una caja gamer. Por ello ha de prestarse un especial cuidado, pues las temperaturas generadas por estos equipos son siempre más altas que otros, incluso superiores a ciertos equipos servidores.
Como puede apreciarse en la imagen, se han dispuesto los ventiladores en posiciones estratégicas. En el frontal, dos ventiladores de 12cm introducirán el aire; normalmente suelen estar junto a estos los discos duros, en el interior, por lo que dispondrán de una eficiente refrigeración sin más accesorios. En la base de la caja hay otra rejilla de ventilación en la que, si es necesario, se puede instalar otro ventilador opcional que ayudará a aumentar el caudal de entrada de aire. Los ventiladores de salida estarán ubicados siempre en las zonas más elevadas, facilitando la expulsión del aire caliente que tiende a ascender; en esta imagen se puede apreciar una configuración bastante habitual, en la que un ventilador expulsará el aire por la parte superior trasera de la caja y dos más por la zona superior, dónde existirá la posibilidad de instalar también un radiador de refrigeración líquida.
Es importante que la caja disponga de espacio holgado para todos los componentes, en los que poder instalar, por ejemplo, el citado sistema de refrigeración líquida. Aunque también podría instalarse su radiador en la parte frontal, junto a los ventiladores de entrada, no es la mejor opción pues el aire caliente generado por este sistema será lanzado hacia el interior siendo así menos eficiente; por eso, como en la imagen, suelen estar ubicados en las zonas de salida de aire.
Otra característica a la que se suele dar cierta importancia es a la bandeja de la placa base, en concreto al hueco necesario para manipular el soporte del disipador de la CPU. Si no existiera este hueco, no se podría manipular el disipador sin desmontar la placa, tarea que llevaría más tiempo y dedicación, especialmente a la hora de realizar pruebas y comparativas. En realidad es por motivos de comodidad que, aunque es opcional, suele estar implementado en la mayoría de las cajas del mercado.
El modelo mostrado en la imagen tiene unas medidas teóricas aproximadas de 220x500x500 (an-alt-long, en mm). Estas son unas medidas habituales bastante holgadas, pues es recomendable que tenga la suficiente longitud como para disponer de espacio necesario para instalar una tarjeta gráfica muy larga; estos 500mm son suficientes. Igualmente, debe tener la anchura necesaria para poder montar un disipador de CPU de grandes dimensiones; a partir de 200mm es suficiente la mayoría de las veces, aunque si se trata de una RL este espacio puede ser bastante más reducido.
Por lo demás no hay mucho más que resaltar, salvo que las mejores cajas son aquellas confeccionadas en aluminio, pues permiten un mejor control de la temperatura interna. En modelos de cajas más avanzados, los ventiladores de 12cm pueden sustituirse por otros de 14cm o incluso hasta de 20cm, configurando una ventilación más potente, por lo que tienen diseños que permiten su correcta integración.
Fuente de alimentación
He aquí el eterno dilema con las fuentes: ¿Cuál es la ideal?
En otras guías he explicado que el primer requisito a la hora de elegirla es determinar la potencia necesaria. En estos equipos se hace obligatorio utilizar fuentes de alimentación de gran potencia, debido a un mayor consumo de los componentes que lo forman. Como estos suelen ser más caros de lo normal, se hace especialmente importante que la fuente de alimentación sea también de la mejor calidad, al menos mayor que en un equipo corriente, para asegurar la ausencia de averías y problemas de estabilidad.
Aquí si que no hay discusión. La fuente debe ser potente, con un porcentaje más alto de lo requerido; como ejemplo, en un equipo que consuma 500W es recomendable instalar una de buena calidad de bastante más potencia, como de 700W. Con esto se asegura que siempre estarán disponibles esos 500W máximos que va a demandar el equipo, sin comprometer a la fuente. Además, esta no se forzará pues siempre funcionará a un régimen de potencia bastante relajado para su capacidad, asegurando una gran fiabilidad y seguridad ante posibles averías.
Es recomendable elegir una fuente que tenga una certificación de eficiencia energética de calidad, como la norma 80plus. Con ello se asegura que la fuente ha pasado una serie de pruebas de laboratorio que certifican un funcionamiento correcto, en cuanto a la potencia entregada por esta. Así se conseguirá el funcionamiento óptimo del equipo. Pero, como ya indiqué en otras guías, esto no es sinónimo de calidad, que dependerá del diseño y los componentes internos que instale el fabricante así como las revisiones a las que son sometidas en la cadena de montaje.
Algunos usuarios prefieren utilizar dos fuentes de alimentación. Cuando se trata de equipos que tienen tarjeta/s gráfica/s de alto consumo energético, se puede dedicar una fuente para la placa base y otros dispositivos y otra solo para la parte gráfica. Con esto se pueden utilizar fuentes de menor potencia, con menor coste, consiguiendo mayor estabilidad en el sistema. En algún momento se han comercializado modelos exclusivos para estas tareas.
En el terreno de los equipos gamer no cabe ahorro presupuestario, merece la pena invertir en una mejor fuente aunque esta sea considerablemente más cara. Aseguraremos así la mejor fiabilidad y longevidad de los componentes sin discusión posible.
Placa base
Se hace muy difícil determinar cuáles son las placas base perfectas para equipos gamer. Como en todos los equipos del mercado, las posibilidades de configuración son amplias, manteniendo en casi todos los casos una gran potencia computacional.
Antiguamente no ocurría tanto como ahora. Y es que las placas base modernas suelen ser bastante potentes en términos generales. Las diferencias más acusadas están principalmente en el lado del chipset. Estos suelen disponer de más o menos opciones, que serán escogidas dependiendo de las necesidades en cada caso.
Así, atendiendo a los componentes que las forman, tenemos generalmente tres tipos de placa base: Gamas baja, media y alta. En cuanto a equipos gamer, es recomendable no utilizar nunca placas de la gama más baja. Estas suelen integrar los chipset más baratos y de menores prestaciones, que en ocasiones disponen de unos driver menos evolucionados que otras opciones; no suelen exprimir el máximo de cada placa y no siempre disponen de todas las opciones, al menos de manera manual, requisito imprescindible para usuarios avanzados.
Entre las opciones más destacadas están las capacidades gráficas. Por supuesto, todas las placas base orientadas a equipos gamer no disponen de chip gráfico integrado, por lo que siempre se añadirá una tarjeta gráfica en un bus dedicado, normalmente PCI Express. Aquí es dónde las placas se diferencian, pues algunas permiten instalar más de una tarjeta simultáneamente que desarrollará un aumento considerable de la potencia gráfica, un aspecto fundamental en este tipo de equipos. Así, mientras los más básicos pueden defenderse bien con una sola tarjeta gráfica, otros de mayores prestaciones utilizarán dos o más. Por eso, dependiendo de las prestaciones requeridas, se escogerá la placa base en función de las necesidades en cada caso.
Otra característica importante en la placa de un equipo gamer, es la posibilidad de instalar una gran cantidad de memoria. Las placas menos sofisticadas no disponen de las bahías necesarias para instalar muchos módulos de memoria, generalmente tienen dos, por lo que la cantidad máxima está recortada. Las mejores disponen habitualmente de cuatro o más, con canales de acceso dobles, triples y hasta cuádruples que garantizan una gran capacidad y velocidad de proceso.
Existen otras opciones, en cuanto a prestaciones, que están disponibles en ciertas placas, pero que son superfluas. Así, algunas integran conectividad Wifi, instalación directa de discos duros mSATA o M.2, etc. como los portátiles. Pero como digo, son opciones que en ningún caso son obligatorias y que pueden sustituirse por otras soluciones similares y a veces más potentes.
En cuanto a opciones pasivas las placas de calidad, independientemente de su potencia, destacan por sus componentes. Condensadores de estado sólido, disipadores de gran tamaño y calidad, son algunas de las características que deben integrar la mayoría de las placas del mercado, en especial las dirigidas al mercado gamer.
Es muy habitual encontrar en el mercado placas, dirigidas al sector gamer, con una estética muy particular. Se adornan con disipadores extravagantes, colores llamativos y otros aspectos poco funcionales. No es que sean malas placas, lo que ocurre es que tienen una estética que llama la atención y, frecuentemente, algunas otras opciones de dudosa funcionalidad. Así, encontramos que algunas placas disponen de cubiertas plásticas que tapan toda la superficie, salvo los buses de expansión y memoria, integran botones de encendido y reset, diplays numéricos para control de fallos, etc. Como digo son adornos que, lejos de ser verdaderamente funcionales, marcan una tendencia que atrae al consumidor. Pero también hay otras placas con una estética más corriente, con unas prestaciones similares, que no tienen nada que envidiar. Y si este es un aspecto que sirve para arañar algo en el presupuesto, pues bienvenido sea.
Procesador
Y llegamos a un peso pesado, en lo que a componentes se refiere. De este en concreto, se han escrito ríos de tinta.
¿Cuáles son los mejores procesadores para equipos gamer? Eso me gustaría saber a mí. Hoy en día (año 2016) los campeones en solitario son los procesadores Intel, en cuanto al rendimiento por núcleo. Pero ojo, no todos. Aquellos que despliegan una gran potencia computacional, y por tanto el mejor rendimiento en juegos, tienen un gran inconveniente: El precio.
Intel se ha subido a la parra con las últimas series de procesadores, algo que viene siendo habitual. Son potentes, pero a un precio realmente injustificado. ¿Es rentable un procesador que cuesta el doble, si con ello se consiguen 10fps más que otro? La verdad es que no, hay soluciones más baratas que son también válidas para un equipo gamer, aunque es verdad que no son tan potentes.
Pero, ¿qué ocurre con AMD, su eterno rival? La verdad es que los procesadores mejores del gigante azul superan ampliamente a las últimas series de AMD, con bastante diferencia, al menos hasta la aparición de la nueva generación Zen de AMD. Pero eso no quiere decir que los procesadores de este último no puedan formar parte de un equipo gamer. Dos grandes aspectos diferencian a los distintos procesadores, el rendimiento de acceso a la memoria y la potencia de la FPU de cada procesador, ambos a favor de Intel.
Pero no solo de CPU se alimentan los juegos más exigentes. Y es ahí dónde AMD saca provecho. Por que un procesador tiene que estar acompañado de otros componentes concretos para que pueda desplegar todo su potencial en los juegos. La tarjeta gráfica adecuada, una placa base acorde a su potencial y un procesador capaz son aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de conjugar todo el hardware de un equipo gamer. Aunque es cierto que AMD tiene que mejorar bastante, hoy en día algunos de sus procesadores no se defienden mal en entornos gamer.
Lo más importante a la hora de elegir un procesador de AMD frente a un Intel, es el presupuesto. No compiten en potencia, pero si en precio, siendo algunos de sus modelos los campeones en la relación precio/rendimiento. Así, usando uno de estos, se puede montar un equipo gamer aceptable; no de las máximas prestaciones, pero suficiente para hacer funcionar con soltura cualquier juego existente en el mercado. Eso sí, acompañado del hardware adecuado.
Pero, ¿no hablamos de cuantos cores son necesarios? Esta es otra buena pregunta. Hoy en día los juegos no son demasiado exigentes en cuanto a los núcleos que contiene el procesador. Es cierto que se ha hecho obligatorio disponer de procesadores con varios núcleos, si bien hasta hace poco con uno doble era suficiente para la mayoría de los casos. Los juegos de última generación comienzan a demandar más y más. Así, en condiciones normales, un procesador con cuatro núcleos (o uno doble con Hyper Threading) es suficiente para mover el juego más exigente (salvo excepciones); todo ello debido a que no suelen estar programados para una mayor cantidad de núcleos de procesamiento, con lo que invertir en una CPU mayor y más cara no aumentará significativamente el rendimiento.
Esto lleva a pensar que las placas base que permiten instalar más de un procesador físico, no son rentables para equipos gamer. Por que, como he dicho, un mayor número de núcleos de procesamiento no aumentan el rendimiento en los juegos, debido a que no se aprovechan. Pero estas soluciones son a la vez más caras, debido a que se trata de arquitecturas dirigidas al mercado de servidores y estaciones de trabajo de altas prestaciones, con procesadores especiales. Aunque eso sí, algunas de estas placas permiten un único procesador de muy altas prestaciones (Xeon de Intel y Opteron de AMD), que potenciarán el resultado en juegos, pero a un precio desorbitado que los hace nada aconsejables.
Aún así, hay que tener en cuenta que, en determinadas ocasiones, el juego no es el único programa que está funcionando a la vez en el equipo. Y aquí sí que es interesante disponer de una CPU con más núcleos, que permitirán mover todos los programas a la vez con mayor soltura. Es en este aspecto dónde AMD suele dar buena nota, que a veces iguala o supera a otras soluciones bastante más caras de Intel a pesar de cojear en otros aspectos como la FPU, con lo que en la relación precio/rendimiento gana muchos puntos.
ACTULIZACIÓN (2021): Hace tiempo que AMD lanzó al mercado la nueva arquitectura ZEN de procesadores. Desde que comenzaron a comercializarse en 2017 se ha visto que igualan y a veces superan a lo que tiene Intel en el mercado, lo que significa haber conseguido una gran cantidad de mejora respecto a los anteriores procesadores. Una de las novedades que se han introducido con estos es un aumento considerable en el número de cores, que pueden tener hasta los 16 hilos para el mercado de consumo (aunque hay algunos que llegan a 24, pero excesivamente caros), lo que ha obligado a Intel a mejorar sus modelos que se estaban quedando atrás en este sentido. Así que hoy en día hay una gran cantidad de procesadores disponibles para crear equipos gamer en condiciones, siendo los Ryzen 5 y Ryzen 7 de AMD junto a los i5 e i7 de Intel los más prácticos a la hora de la elección, todos ellos con una gran potencia para juegos.
Tarjeta gráfica
Otro peso pesado. Al igual que las placas base, existen tres líneas de producción: Gama baja, media y alta, sin contar las profesionales para tareas de diseño industrial y otras especiales.
Como es sabido, las marcas que lideran el mercado de alto rendimiento para juegos son nVidia y AMD (antigua ATI). Aunque hay simpatizantes y detractores de una u otra marca, la verdad es que ambas son perfectamente válidas para equipos gamer.
Por supuesto, los modelos más recomendables para este tipo de equipos son los de gama alta. Pero el inconveniente es el elevado precio, extremo en algunos casos. Por eso no hay que adquirir aquellos que son tope de gama, salvo que sea estrictamente necesario; personalmente no creo en esa necesidad.
Las tarjetas de gama media, sobre todo las que están más cerca del siguiente peldaño, son adecuadas para equipos básicos. Tendrán un buen desempeño en líneas generales, sobre todo si están correctamente acompañadas de la placa base y CPU acorde a sus características; lo mejor es su precio. Lo peor que puede ocurrir es que se generen cuellos de botella en la parte gráfica, al disponer de una CPU de mayor potencia, o al revés, cuellos de botella en la placa base y CPU si la gráfica es mejor.
A la hora de escoger el sistema gráfico de un equipo gamer, es dónde quizás más se puede ahorrar en el presupuesto. Es muy importante tener bien potenciada esta parte del ordenador, pero con un poco de cabeza se puede conseguir un buen rendimiento a un precio aceptable. Y para ello se puede sacar muy buen partido a las tecnologías actuales, aquellas que permiten utilizar varias tarjetas simultáneamente; en concreto SLI por parte de nVidia y CrossFire de AMD.
Una tarjeta gráfica que sea el máximo exponente de potencia, la más alta de gama posible, es extremadamente cara en cualquier caso; eso sí, con ella se dispone de la mayor potencia posible, al menos hasta que otra nueva hornada de procesadores gráficos llega al mercado. Estos modelos pueden costar el triple o más que el modelo inmediatamente por debajo y no merecen la pena. Veamos un ejemplo real:
Tarjeta tope de gama, con 4GB de memoria y 4096 procesadores. 740€
Tarjeta inferior, 4GB de memoria y 2048 procesadores. 250€.
Es evidente que la primera es bastante más potente, quizás el doble o algo más. Pero su precio es casi tres veces que el de la segunda. Si en lugar de montar el primer modelo, con el que se conseguiría el máximo rendimiento, se añaden dos tarjetas como el segundo modelo, se conseguiría un rendimiento similar a un menor coste. Además, tendrían disponible el doble de memoria gráfica, que en ciertos juegos habidos y por haber pueden conseguir un aumento de rendimiento y calidad visual.
En este ejemplo se han puesto en escena tarjetas de muy alta gama, muy caras. En cambio, se puede obtener un aceptable rendimiento gráfico con otros modelos de gama media a un menor precio, con los que se consigue una mejor relación rendimiento/precio. Todo es barajar distintas opciones.
He hablado antes de la cantidad de memoria gráfica. Es normal que un modelo con mayor cantidad sea más cara, pero no siempre se consigue una mejora en la potencia gráfica. Lo que si es determinante en este caso es la velocidad de comunicación entre el chip gráfico y la memoria. Como los procesadores, se mide en GHz que es la velocidad de lectura/escritura. Pero hay otro factor que determina esta velocidad y este es el ancho del bus de comunicación; hasta ahora, dentro de lo normal, los buses de 64bits eran exclusivamente para modelos de tarjetas de gama baja, 128bits de gama media y 256bits o más la gama alta (hay otras combinaciones). Hoy en día se han superado ampliamente, llegando fácilmente a los 4096bits y de cara al futuro se prevé superarlo.
Esto significa que una tarjeta gráfica válida para un equipo gamer, debe tener un procesador potente, de gama media-alta o alta, una buena cantidad de memoria, la necesaria en cada momento, y sobre todo que esa memoria disponga de la velocidad y bus de comunicación más altos posible. Si se combinan dos o más tarjetas simultáneamente, se mejora considerablemente la potencia gráfica.
ACTUALIZACIÓN (2021): Debido a los problemas de producción de componentes y a que las GPU están siendo acaparadas por los mineros de criptomonedas, el precio de las tarjetas gráficas se ha visto incrementado hasta el absurdo; algunos modelos de alta gama cuestan ahora 3 y 4 veces lo que hace algún tiempo. No obstante, viendo como va a evolucionar la nueva hornada de juegos, las tarjetas gráficas van a necesitar en un futuro próximo disponer de al menos 6-8 GB para formar parte de los equipos gamer de entrada. Además, se hará casi imprescindible que estas tengan implementados mecanismos hardware para el trazado de rayos, que mejoran considerablemente la calidad de la iluminación en las escenas, algo que ya disponen algunos modelos hoy en día.
¿APU?
Lo siento por aquellos que creen que voy a hablar del Badulaque. Una APU es un procesador que contiene en el mismo encapsulado una CPU y una GPU. En la actualidad es un recurso muy utilizado por Intel, sobre todo a nivel portátiles, pero AMD, diseñadora de esta tecnología, también tiene sus propios modelos en el mercado.
En cuanto a la parte de la CPU, se comportan casi con el mismo desempeño que una normal, con modelos más o menos potentes, de los que algunos son perfectamente válidos para un equipo gamer. En cambio, la parte de GPU no es tan brillante como otros modelos independientes. En el caso de AMD, los modelos de GPU que integran son de gama media-alta en el mejor de los casos, con un buen resultado en el terreno de los juegos; en cambio, Intel nunca ha sobresalido por la potencia de sus GPU, siempre de menor rendimiento, pero están ganando terreno en ese aspecto poco a poco.
Las APU tienen ciertas ventajas que las hace ganar potencia respecto a una solución tradicional, compuesta por una CPU y una GPU independiente; los buses de comunicación entre ambas partes, al estar unidos en el mismo encapsulado, son significativamente más rápidos, lo que deriva en un aumento de rendimiento del que sacan un buen provecho.
El caso es que hay en el mercado ciertos modelos de APU que se pueden utilizar perfectamente para montar un equipo gamer, sobre todo los modelos de AMD, pero siempre serán equipos básicos que no podrán mover con soltura todos los juegos más exigentes, conformándose con resoluciones algo más modestas y a menor calidad de detalle. Ahora bien, este tipo de arquitecturas permiten equipos más económicos, de menor tamaño, consumo y calor, por lo que las exigencias en materia de refrigeración, por ejemplo, no son tan exageradas.
Memoria
¿Qué decir de la memoria? La verdad, es que en condiciones normales esta no tiene tanta importancia. Únicamente hay que disponer de la cantidad suficiente, siendo necesario que su velocidad sea la máxima que puede utillizar la CPU instalada en el sistema. Los diferentes modelos y marcas de memoria, a igual velocidad de transmisión, se diferencian en los tiempos de acceso, siendo los módulos mejores en este aspecto los más recomendados para equipos gamer.
Y digo en condiciones normales, por que si se trata de hacer overclocking la cosa cambia. Superar la velocidad marcada de una memoria no es siempre una tarea fácil ni posible. Por eso, los entusiastas del overclocking buscan ciertas marcas y modelos concretos que aseguran la mejor estabilidad en este aspecto. En estos casos volvemos a estar frente a productos más caros de lo normal. Pero, para llevar a cabo esto, hay que utilizar algún método más potente de disipación del calor producido, algo que contaré más adelante.
De cualquier forma la curva de rendimiento respecto a las prestaciones teóricas, es la menos acusada. Esto significa que una memoria de mejores prestaciones permitirá un mayor rendimiento, pero en la práctica no es tan elevado. Por ello, a la hora de intentar ahorrar en presupuesto, una memoria de marca corriente más económica conseguirá un rendimiento similar a otra mucho más cara. De todas formas, las diferencias más evidentes dependerán del procesador y placa base utilizados.
Disco Duro
En realidad la elección de un disco duro no es tan importante en un equipo gamer. Simplemente hay que tener en cuenta la capacidad necesaria para almacenar todos los contenidos, ya sea el sistema operativo, juegos y otros programas.
El estándar más utilizado es el interfaz SATA, que permite en la actualidad una velocidad teórica de hasta 600MB/s en la norma 3.0 (aunque la versión 3.2 puede llegar hasta los 1969MB/s en configuraciones especiales). En cuanto a discos magnéticos, el rendimiento es bastante moderado en el mejor de los casos, siendo habitual que lleguen a poco más de 200MB/s; pero cuando se trata de modelos de discos de estado sólido (SSD), la velocidad de lectura y escritura es muy elevada, pudiendo superar fácilmente los 500MB/s.
Otro estándar utilizado, sobre todo a nivel servidor y estaciones de trabajo, es el SAS. Herencia directa de la tecnología SCSI, su desempeño es considerablemente más alto que los tradicionales discos duros SATA; en contra el elevado precio, que hace que a penas sean utilizados a nivel doméstico. Además, usando discos SSD SATA con mayor rendimiento y mejor precio, es probable que nunca se acerque la tecnología SAS al entorno gamer.
Por tanto, sabiendo que los juegos tienen un gran tamaño, es recomendable utilizar un disco duro muy rápido para minimizar los tiempos de carga. Pero no es obligatorio ya que con discos más lentos también se pueden hacer funcionar los juegos con normalidad, generalmente. Así que, si entra dentro del presupuesto, se debe escoger discos SATA SSD que otorgan siempre el mejor rendimiento.
Hay otras soluciones que se permiten con ciertas placas base. Por ejemplo los discos duros M.2 y similares, que son normas que están ganando mercado poco a poco, pues las nuevas placas permiten su instalación directa, aunque no dejan de ser en el fondo discos SSD con rendimientos similares.
ACTUALIZACIÓN (2021): En la actualidad ya existen juegos que demandan una gran carga de datos. Por tanto se hace recomendable utilizar discos de alta velocidad, superior a la que desarrolla SATA 3. Así, hoy en día, existen los llamados NVME que pueden llegar hasta los 3500 MB/s que, frente a los 600 MB/s de SATA, serán la mejor solución para tales menesteres. Esta es una tendencia que se va haciendo necesaria para los juegos de nueva generación, dónde en las consolas modernas como Play Station 5 o su contraparte XBox ya disponen de esta tecnología.
Refrigeración
Cuando conté los aspectos a tener en cuenta de las cajas indiqué lo importante que es la ventilación en el interior de estas. Los ventiladores instalados deben introducir aire fresco y extraer el caliente del interior lo más rápidamente posible para mantener unas temperaturas siempre aceptables. Pero, aunque esto se haga de manera eficiente, no es lo único que se debe tener en cuenta para potenciar la refrigeración.
Las CPU generan una gran cantidad de calor que hay que liberar lo más rápidamente posible. Para ello se instala tradicionalmente radiadores de aluminio o cobre (o una combinación de ambos), apoyados por ventiladores que crean una corriente de aire que mueve lejos de ellos el calor. Para potenciar la transmisión del calor generado se añaden heatpipes, que aumentan este efecto considerablemente. Así, junto con el aire fresco que introducen los ventiladores de la caja, se produce la correcta refrigeración.
Pero estos sistemas pueden ser mejorados si se instalan en su lugar algún sistema de refrigeración líquida. Estos disponen, en la mayoría de los casos, de una potencia muy por encima de los disipadores convencionales. Pero no hay que fiarse, algunos modelos de refrigeración líquida no son tan potentes, debido a unas reducidas dimensiones de estos; por eso hay que verificar cuales son las necesidades y aplicar un modelo válido para cada caso.
Tradicionalmente la refrigeración líquida ha sido muy cara. Desde hace algún tiempo ha experimentado una reducción en los costes, debido a la introducción en el mercado de sistemas compactos "todo en uno". Aunque se pueden conseguir mayores niveles de potencia refrigeradora, estos compactos tienen muy buena calidad y son válidos como refrigeración medianamente potente. En cualquier caso, un equipo gamer se puede beneficiar considerablemente al disponer de un sistema de este tipo.
Un sistema tradicional, basado en cobre+aluminio+heatpipes, difícilmente supera los 240W de poder refrigerante con un radiador muy pesado, voluminoso y caro. En cambio, una refrigeración líquida compacta con un radiador 240, con dos ventiladores de 12cm, puede llegar fácilmente a más de 350W y superarlo en modelos de mejor calidad. Por eso, a la hora de montar un equipo gamer, será una de las mejores opciones en relación potencia/precio del mercado actual (probablemente por mucho tiempo).
Como ya he explicado, la instalación de un radiador de refrigeración líquida, debe estar ubicado en una de las salidas de aire de la caja. Así se consigue que el aire caliente sea expulsado directamente al exterior sin hacerlo circular por el interior, permitiendo mantener en todo momento una temperatura baja.
En un sistema compacto no hay elementos que atender especialmente, salvo el acople del intercambiador de calor sobre la CPU, como si se tratara de un radiador tradicional.
Pero si el sistema instalado es modular, formado por distintas piezas, habrá que buscar un sitio adecuado para el depósito, bomba, etc. Algunas cajas están especialmente diseñadas con espacios reservados, en los que alojar cada parte en la mejor posición. También cabe la posibilidad de dirigir ciertos tubos hacia el exterior, dónde podría estar el depósito, por lo que es habitual encontrar pasamuros en las cajas dedicados a esta función.
Por supuesto existen sistemas refrigeradores mucho más potentes, como compresores de cambio de fase, células peltier... pero a parte de ser extremadamente caros y/o complicados, no son necesarios. Se orientan más al campo del overclocking extremo, que en realidad poco tiene que ver con pasar un rato jugando frente al ordenador.
Todo esto es perfectamente aplicable a cualquier otro componente a refrigerar, no solo la CPU. Así, las memorias y chipset modernos, que trabajan a un régimen muy elevado de velocidad, también han de ser refrigerados con elementos auxiliares. Normalmente los fabricantes comercializan cada módulo de memoria y chipset con sus respectivos disipadores, salvo modelos concretos, que son perfectamente válidos en condiciones normales. Aún así existe comercialmente varias soluciones avanzadas para llevar a cabo este cometido, incluso con refrigeración líquida, aunque normalmente se utilizan únicamente en caso de overclocking.
Lo mismo ocurre con las tarjetas gráficas. Cuando un modelo despliega una gran cantidad de calor, se hace necesario aplicar las mismas pautas que en una CPU. Así, los modelos de gama media y alta suelen integrar disipadores de gran tamaño, que integran frecuentemente heatpipes. Solo en casos extremos se comercializan con refrigeración líquida. Pero como opción también existen estos sistemas de refrigeración para el resto de modelos, que mejorarán significativamente la disipación de su calor.
Otros componentes que se pueden refrigerar, más allá de las soluciones integradas por el fabricante, son los discos duros. Para estos existen también varios modelos de disipadores, ya sean pasivos o de refrigeración líquida. En realidad para cualquier elemento, que sea susceptible de ser refrigerado, existirá en el mercado distintas soluciones que permitirán aumentar la eficacia de la refrigeración. Pero no siempre es necesario por lo que, haciéndose debidamente, se podrá ahorrar algo de presupuesto.
Como recomendación final, en el caso de equipos gamer, se debe instalar siempre un sistema de refrigeración mucho más potente de lo necesitado, pues así se garantiza un eficaz funcionamiento en todo momento que evitará futuros problemas, tanto averías como fallos de estabilidad en el sistema.
Elementos auxiliares
Cuando digo elementos auxiliares, me refiero a aquellos que se instalan dentro de la caja y que tienen funciones secundarias. No son obligatorios, pero mejoran las prestaciones del equipo de cara al usuario.
Uno de estos elementos es el reobus. Este dispositivo, que se instala normalmente en una bahía frontal de 5 1/4 ó 3 1/2, permite controlar la velocidad de los ventiladores de la caja (ver guía Ventiladores...). Con ello se consigue variar de manera manual o semi-manual la potencia de ventilación, adaptando el sistema a cada momento en función del calor generado. No es lo mismo mantener los ventiladores al máximo en verano que en invierno, dónde una menor velocidad de estos permite reducir considerablemente el ruido generado (más elevado normalmente en equipos gamer), mientras se mantienen unas correctas temperaturas de funcionamiento.
Otro elemento es una sonda de temperatura, realmente un termómetro. Permite conocer en cada momento la temperatura de diferentes partes del equipo, ya sea el calor interno de la caja o de algún componente concreto como la memoria o fuente de alimentación. Suelen incluirse habitualmente en los reobus digitales, que disponen de una pantalla LCD dónde muestran las temperaturas detectadas. Con ello se puede evaluar si el equipo está siendo refrigerado de manera eficiente o no, permitiendo realizar variaciones en la configuración para conseguir mejorar dicha eficiencia.
PERIFÉRICOS
Hasta ahora he abordado los componentes internos dentro de la caja del ordenador. Para un equipo gamer es fundamental que estén correctamente escogidos para dotar a este de las prestaciones necesarias. Sin embargo, otros periféricos externos deben tener unas características determinadas para poder sacarle partido a los juegos. Veamos cuáles son.
Ratón
Hoy en día todos los ratones son ópticos. Desde los más básicos hasta los infrarrojos o láser, todos ellos tienen una precisión mucho mayor que los antiguos mecánicos de bola.
Pero esto que es una ventaja, necesita de otras mejoras para el mundo gamer. Así, se suelen implementar más botones para funciones especiales. Resulta muy cómodo disponer de botones extra para accionar ciertos mecanismos del juego rápidamente, ya que de otra forma puede significar un fracaso, sobre todo en los de acción dónde la velocidad de reacción es fundamental. Además, si el software del fabricante permite configurar la función de cada botón, mucho mejor.
Otro factor importante es la precisión del sensor que integran. Cuando se mueve muy rápido el ratón, hay veces que se producen saltos entre cuyos espacios no se procesa el contenido, normalmente una cierta área visible de la pantalla. Así, podemos estar pasando rápidamente el puntero sobre un teclado virtual, dibujado en la pantalla, mientras únicamente se procesan eventos sobre unas pocas teclas de este en lugar de todas por las que ha pasado. Para evitar esto, se dota a los ratones con sensores especiales que tienen una mayor resolución, es decir, permiten movimientos más rápidos con un escaneo de toda la superficie por la que se ha movido. Por supuesto, cuanto mayor sea la velocidad de escaneo, mayor será el precio del ratón, normalmente. Además, suelen tener una mayor velocidad de refresco de datos, enviando cada menos tiempo su estado al ordenador a través del bus USB.
Existen ciertos modelos de ratones que tienen, además, unas características poco habituales y nada funcionales. Algunos permiten cambiar las proporciones de este, para adaptarse al tamaño de la mano y por tanto a las necesidades de confort del jugador; en otros casos se puede cambiar el color de su iluminación, carcasas y otros accesorios. Nada realmente necesario en condiciones normales, que frecuentemente tienen precios exageradamente elevados.
Lo que no debe faltar nunca en un ratón especial para juegos, es la posibilidad de cambiar la velocidad de escaneo del sensor, medido en dpi (puntos por pulgada); uno o dos botones suelen tener la función de variar este aspecto cómodamente, adaptando las necesidades de cada jugador a cada momento.
Lo normal, salvo en casos muy concretos, es disponer de tres botones principales, uno de ellos tradicionalmente en la rueda de desplazamiento, además de dos botones extra en el lateral, que serán accionados con el dedo pulgar. Cualquier otro botón añadido será motivo para encarecer el producto, más allá de una funcionalidad realmente práctica, pues combinado con el teclado se dispondrá de la funcionalidad adecuada.
Pero para que el juego responda rápidamente a las acciones del ratón, este debe poder enviar cada poco tiempo su estado al equipo; para ello se dota a los especiales para juegos de una velocidad de refresco significativamente mayor que los modelos corrientes. Por este motivo el ratón no será nunca inalámbrico, pues no tienen la misma velocidad de respuesta que los tradicionales con cable.
Existen ciertas diferencias en cuanto al tamaño o la forma del ratón, que será un aspecto a elegir por el jugador acorde al gusto y preferencias de cada uno; todo ello en favor de una correcta comodidad, pues es típico pasarse mucho tiempo seguido jugando sin descanso (es que el tiempo transcurre muy rápido cuando se pasa bien...).
Teclado
Los teclados para jugadores no tienen muchas características especiales. Algunos a simple vista no destacan en nada especial, pareciendo realmente modelos corrientes.
Las características resumidas que deben tener los teclados para jugar son:
Anti-ghosting: Esta es una función que corrige uno de los problemas típicos en los teclados de PC. Al pulsar simultáneamente determinadas combinaciones de teclas, sobre todo cuando son más de dos, la electrónica del teclado es incapaz de interpretar todas esas pulsaciones; se genera un típico pitido en el equipo que indica que ha ocurrido este problema, que es en realidad herencia del diseño de la arquitectura creada en los primeros modelos PC de los años 80 del siglo XX. Así, los teclados diseñados para juegos utilizan una electrónica más sofisticada, que permite evitar completamente este inconveniente tan molesto y perjudicial a la hora de jugar, posibilitando la pulsación de varias teclas simultaneas sin interferencias.
Macros programables: Es muy útil disponer de un software que permita configurar combinaciones de teclas; cada una de estas combinaciones será asignada a una sola tecla que, en caso de pulsación, generará esa combinación. Cada fabricante suele diseñar su propio programa de control que además, en ciertos modelos, permitirá otras funciones ampliadas. Es frecuente encontrar modelos que implementan teclas auxiliares, que tienen como único objetivo ser programadas con una de estas macros. En los modelos más sofisticados, se pueden configurar dichas macros para cualquier tecla independiente, sean o no específicas.
Teclas intercambiables: Es muy común, en este tipo de teclados, poder cambiar las teclas de flechas del cursor y las correspondientes a WASD. Esto tiene como fin preservar las originales, que suelen perder la serigrafía por el desgaste producido en su superficie debido al uso extremo. Además las sustitutas, suelen ser de un color intenso que contrasta con el resto, permitiendo posicionar rápidamente las manos con menor posibilidad de errores.
Rápida respuesta: Al igual que los ratones, es una opción muy recomendable. Permite transmitir su estado múltiples veces por segundo, llegando a velocidades de 1000Hz; gracias a esto cualquier software, sobre todo los juegos, tendrá una respuesta prácticamente instantánea, pues permite comprobar su estado hasta 1000 veces por segundo.
Es de agradecer que en el diseño del teclado se incluya un reposa muñecas, ya sea en el propio cuerpo de este o como una pieza añadida desmontable. Gracias a esto se gana mucha comodidad cuando se pasa mucho tiempo jugando, evitando fatigas que, en el peor de los casos, puede producir molestas lesiones.
También es recomendable disponer de retroiluminación en las teclas, que permitirá un cómodo uso bajo pobres condiciones de iluminación.
En cuanto a la mecánica de las teclas, existen dos tipos básicos: De membrana y mecánicos. Los de membrana tienen unas láminas plásticas formando capas, que hacen de contactos y que dan nombre al tipo de teclado; son muy cómodos de utilizar por que tienen la sensación de goma al tacto, con una pulsación amortiguada muy suave siempre. Las teclas de los mecánicos son en realidad pulsadores eléctricos independientes; tienen el inconveniente de ser más bruscos y duros al pulsar, en cambio son muy duraderos e imitan en algunos casos, y hasta cierto punto, la pulsación de una máquina de escribir.
Sea mecánico o de membrana, cualquier teclado es válido. Es cuestión de costumbre, aunque hay usuarios que prefieren el mecánico debido a que se tiende a pensar que estos son de mejor calidad y durabilidad; nada más lejos de la realidad, conozco ordenadores MSX de los años 80 con teclados de membrana que funcionan aún como el primer día. Todo depende de la calidad de fabricación. En cualquier caso los mecánicos son mucho más caros que los de membrana, hasta 10 veces más caros en algún caso, algo permitido para presupuestos elevados.
Monitor
El monitor es el típico periférico al que no se suele prestar demasiada atención. Estamos acostumbrados a que las tecnologías actuales, normalmente TFT, son tan buenas, que cualquier modelo es suficiente. Y esto no es así.
Una cosa es el tipo de panel con el que está construido, que es realmente la parte que podemos ver, y otra es la electrónica que maneja ese panel. Dentro de esta electrónica está la parte que interpreta la señal de imagen que llega desde el ordenador, en la actualidad de tecnología digital con la VGA analógica casi abandonada totalmente.
Y esta electrónica, que interpreta la imagen, es la responsable de la calidad final en el panel, sobre todo cuando hablamos de imágenes animadas. Para que un monitor pueda ser considerado apto para el entorno de videojuegos, debe tener las siguientes características:
Alta tasa de refresco: Los monitores "normales" suelen tener, en alta resolución (1920x1080 ó más), unos 60Hz. Esto significa que son capaces de mostrar hasta 60 fotogramas por segundo, que es suficiente para reproducción de video ya que en cine son 24fps. Pero para que un juego pueda desplegar todo su potencial, sobre todo aquellos de rápidos movimientos, deben tener un refresco mucho más alto; normalmente los monitores que realmente están fabricados para equipos gamer, suelen tener una tasa de refresco a partir de 120Hz, con lo que aseguran una gran nitidez sin pérdidas de fotogramas (y por tanto detalles) en animaciones rápidas.
Bajo tiempo de respuesta: Este parámetro es el tiempo que tarda la electrónica en comenzar a procesar un fotograma después de otro. Lo más conveniente es que sea lo más bajo posible, para juegos 1 ó 2 ms (milisegundos), aunque de 4 a 8 ms tampoco está mal. En realidad tiene que ver más con la posibilidad de evitar los dos siguientes problemas típicos.
Disminución del efecto blur: El efecto motion blur es aquel que muestra partes en la imagen borrosas, provocadas por objetos que tienen rápidos movimientos. En parte es un fallo en el procesamiento de la imagen, debido a que el procesador interno que está encargado de la interpretación de los datos no es suficientemente potente o no está correctamente programado.
Disminución de screen tearing: Este defecto tiene una causa similar al anterior, debido a una falta de potencia para interpretar todos los datos, en este caso del fotograma al completo. Suele producir en pantalla varios cortes horizontales, que divide la imagen en varias partes que corresponden a distintos fotogramas a los que no da tiempo a mostrar completamente. Suele estar provocado por una falta en la tasa de refresco, ya que habitualmente el sistema gráfico suele procesar más imágenes por segundo de los que son posibles mostrar en pantalla (por ejemplo una tarjeta gráfica que produce 90fps en una pantalla con 60Hz de refresco).
Como ya he comentado, existen varios tipos de paneles de diferentes tecnologías, todas ellas variantes TFT. Los tipo TN son de bajo coste que tienen una gran tasa de refresco, por ejemplo 144Hz, pero tienen el inconveniente de que varía considerablemente la calidad del color, dependiendo del ángulo de visualización. En cambio los IPS tienen una mejor calidad visual ya que no tienen tan acusados los defectos por ángulo de visualización y además son capaces de representar un mayor número de colores, cercanos a los CRT en ese sentido; sin embargo esta calidad sacrifica la tasa de refresco, que en alta resolución suele ser de 60Hz con una menor disminución del efecto blur y de screen tearing.
Si se trata de juegos de acción con rápidas transiciones de imágenes en la pantalla, merece la pena invertir en un monitor TN y aprovecharse de su mayor tasa de refresco. Si lo que se prefiere es una mayor calidad de imagen y la rapidez de refresco no es tan importante, entonces el monitor IPS es el correcto. De todas formas hay que tener en cuenta que hay en el mercado paneles IPS de mejores características, cercanos a los TN, debido a que esta tecnología esta mejorando considerablemente con el paso del tiempo.
En la actualidad la mayoría de los sistemas informáticos utilizan interfaces digitales para la imagen. Por ello lo único que hay que tener en cuenta es que el monitor utilizado disponga de la tecnología adecuada a la tarjeta gráfica del equipo. Veamos los más utilizados:
DVI: Es la primer norma digital en aparecer para monitores LCD de pantalla plana. Debido a esto no está tan evolucionada como otras, ya que solo permite una resolución máxima de 1920x1200 a 60Hz (aunque se pueden combinar varios cables para resoluciones mayores). Como opción algunas tarjetas gráficas permiten emitir una señal analógica compatible VGA por el mismo conector, ya que la norma lo contempla. No permite en ningún caso la transmisión de audio, solamente es para imagen, por lo que este debe ser transmitido por otros medios.
HDMI: Este interfaz es el primero en ser adoptado por los dispositivos domésticos de alta resolución, típicamente la tecnología Bluray. Permite resoluciones de hasta 4096x2160 a 60Hz con una profundidad máxima de color de 48bits. Incluye audio de hasta 32 canales, con una frecuencia máxima de 1536KHz en la revisión 2.0. Es compatible con la parte digital de la norma DVI, en resoluciones compartidas, necesitando únicamente para ello un adaptador pasivo.
DisplayPort: Esta interfaz está desarrollada por VESA. En cuanto a características es similar a HDMI, como su resolución máxima que también es de 4096x2016 a 60Hz. Es capaz de transmitir audio a un máximo de 192KHz de 24bits de profundidad sin compresión.
Cualquiera de estas normas es válida para un monitor gamer, aunque algunos usuarios prefieran alguna concreta.
Las resoluciones recomendadas en la actualidad para juegos empiezan con la alta resolución, es decir 1920x1080. Casi cualquier tarjeta gráfica se defenderá aceptablemente en la mayoría de las ocasiones, dependiendo del tipo de juego. Para ello es recomendable que el monitor tenga al menos un tamaño de 21"-23", ya que será suficiente para cubrir correctamente el campo visual del jugador.
Hay monitores más grandes que permiten mayores resoluciones, como la llamada 2K. Esta norma, adoptada por el cine digital, tiene una resolución de 2048x1080. En el mercado informático existe una variante llamada 2.5K (a veces denominada 2K simplemente), cuyos modelos son fáciles de localizar a buen precio, que suelen tener resoluciones de 2560x1080 ó 2560x1440. Esto significa que tienen al menos un 33% más de resolución, que se traduce en un mayor campo visual; son ideales para juegos en primera persona, dónde la visión periférica aumenta considerablemente con una ventaja más que evidente frente a otros jugadores. Tienen el aspecto perfecto para mostrar a pantalla completa la imagen de cine, que es de 21:9 (Cinemascope, Panavision y otros). No hace falta que la tarjeta gráfica sea muy moderna para soportar estas resoluciones, aunque sí necesita ser algo más potente para mover con soltura los juegos. En general es el doble de ancha que un monitor típico, por lo que pueden representar dos ventanas completas a lo ancho; algunos modelos pueden mostrar varias entradas a la vez, por lo que se puede visualizar en ellos dos ordenadores simultáneamente.
También es posible encontrar los nuevos monitores llamados 4K. Estos tienen una resolución de 3840x2160, aunque pueden llegar a 4096x2160 e incluso superarlo. El problema de estos hoy en día (año 2016) es que son muy caros por que llevan poco tiempo en el mercado, aunque es de esperar que cambie en los próximos años. Lo mismo ocurre con las tarjetas gráficas, solamente las de última hornada son capaces de defenderse en estas resoluciones, por lo que sus precios elevados hacen subir considerablemente el coste del equipo, tanto por parte de la gráfica como el monitor en sí.
Existen monitores de mayores resoluciones, pero los tamaños suelen ser exagerados así como unos precios prohibitivos.
No es raro que muchos jugadores configuren sus equipos con más de un monitor. Es frecuente encontrar soluciones con tres pantallas; así se pueden adquirir modelos baratos que en conjunto tendrán la resolución y prestaciones muy por encima de otros monitores con un coste mucho más elevado. En estos casos se hace casi obligatorio el uso de más de una tarjeta gráfica para mover semejantes resoluciónes.
Equipos de altas prestaciones
Si el presupuesto no es un problema, se puede configurar un equipo con los componentes más potentes del mercado.
En cuanto al procesador se escogerá uno de los más potentes. Hoy en día, año 2016, los más potentes en ese sentido son los procesadores Intel I7 de más alta gama. También se pueden crear sistemas basados en soluciones para servidores, como los procesadores Xeon de Intel y Opteron de AMD; en estos casos los equipos con más de un procesador físico dotarán al sistema de un potencial inigualable, superando fácilmente los 16 núcleos de procesamiento, con lo que la arquitectura no tendrá cuellos de botella en este apartado.
Varias tarjetas gráficas de máxima potencia (hasta 8 simultaneas) pueden ser el corazón gráfico. Con ocho tarjetas la potencia es tal que podría ser utilizado para renderizar "casi" en tiempo real la película Toy Story (o no tan casi). Probablemente no exista en mucho tiempo un juego capaz de explotar semejante sistema gráfico y mucho menos superarlo. Pero como he dicho al principio de este capítulo, solo si el presupuesto no es un problema pues el coste es muy elevado.
La placa base ha de ir en concordancia tanto con el procesador como con el número de tarjetas gráficas utilizadas. Por supuesto ha de ser de la máxima garantía, en cuanto a sus prestaciones, así como una alta seguridad en la estabilidad de funcionamiento.
Todo ello ha de ir acompañado de una fuente de alimentación de gran potencia. En ocasiones es rentable, desde el punto de vista técnico, utilizar más de una, sobre todo cuando existe un gran consumo por parte de las tarjetas gráficas.
Disponiendo de una gran potencia gráfica, el monitor puede ser 4K. Pero sin poner límites al presupuesto, lo ideal para jugar con comodidad y ventaja es disponer de al menos tres (aunque se me ocurre la idea de poner seis haciendo un video wall...).
Y ¿qué pasa con el sonido...? Hasta ahora no había tratado el tema del sonido. Quizás por que no hay que adquirir ningún accesorio potente ni caro para disponer de una buena calidad sonora. Pero si queremos potenciar este hasta el límite, tendremos que rascar el bolsillo un poco más. Un sistema multicanal, compuesto de un decodificador conectado vía fibra óptica al ordenador, junto a unos altavoces de alta calidad unidos a un amplificador de máximas prestaciones podrán hacer las delicias de cualquier melómano (y no digamos de un jugón). Con un sistema envolvente así, los juegos suben muchos puntos, pues se consigue una total inmersión en escenarios simulados.
No hay que olvidarse del teclado y ratón. El primero ha de ser mecánico, sobre todo si el jugador es del tipo que "machaca" las teclas o de membrana si queremos un toque mas suave; algunos integran pantallas en las que se puede mostrar información adicional del juego, si este contempla esta opción. En cuanto al ratón, uno láser de máxima precisión con una elevada tasa de dpi y botones auxiliares (sin exagerar) que sean configurables por software.
Si se dispone de un ordenador de estas características, no habrá PlayStation ni Xbox en el mercado capaz de acercarse lo más mínimo a su potencial. Un equipo así puede superar, con bastante probabilidad, hasta 10 veces en algunos aspectos la potencia de una consola de última generación.
Portátiles
Aunque existen portátiles diseñados para juegos, con potentes CPU y GPU que desarrollan una gran potencia, estos no son recomendables. Normalmente son comercializados por típicas marcas como Dell, Acer, Asus, Lenovo... pero todos ellos tienen en mayor o menor medida el mismo problema: El calor.
Si en ocasiones ya resulta difícil controlar la temperatura en un equipo sobremesa tipo torre, en un portátil se hace más complicado. El poco espacio interno impide hacer circular el caudal de aire necesario para la correcta ventilación. Aunque se trata de portátiles bastante bien diseñados y fabricados, nunca tendrán la potencia que despliega una torre cualquiera en este sentido.
Sin embargo los avances en las modernas APU's están cambiado esto a pasos agigantados. Disponen de una potencia bastante decente en algunos casos, con unas capacidades gráficas nunca vistas en productos de gama media, siendo válidos para la mayoría de juegos aunque sea con bajos detalles en los gráficos. Si a esto unimos que tienen, respecto a otras soluciones tradicionales, un menor consumo y generación de calor, se convierten en los candidatos ideales para estos menesteres. Además, es de suponer que los desarrollos futuros mejoren considerablemente; si es así, con toda seguridad las próximas generaciones de APU's podrán ser una competencia seria para los equipos portátiles gamer más tradicionales.
Conclusiones
En este artículo he mostrado las características más importantes a la hora de configurar un equipo gamer. Con un poco de suerte se puede ahorrar algo en el presupuesto, pero no será mucho y además no siempre se podrá conseguir. Por supuesto el máximo desembolso será a la hora de partir de cero, es decir, la necesidad de adquirir todos los componentes sin tener ninguno previo. En caso de partir de otro equipo, sea gamer o no, algunas partes podrán ser reutilizadas y en ese caso si que se podrá economizar algo más.
No obstante no hay que obsesionarse. No siempre será necesario configurar un equipo caro. Si se saben elegir los componentes con lógica, se podrá montar un equipo con unas prestaciones modestas dentro de la categoría gamer, pero con potencia suficiente para mover la mayoría de juegos actuales aunque sea en configuraciones medias o bajas. Así, de cara al futuro, al poder reducir el presupuesto en una actualización, se podrán adquirir componentes de mayores prestaciones aprovechando el ahorro que tuviera la reutilización de alguno existente, como la caja, monitor, etc.