La visión spengleriana de la "civilización" como último momento de la cultura, no ha impedido que Toynbee tome a la civilización como unidad de investigación. En efecto, ya en la introducción de su Estudio de la historia Toynbee discute el problema de la unidad mínima histórica y descarta la "historia nacional" como aislada e irreal ya que ésta se corresponde con múltiples entidades que abarcan una región más amplia. Importa para él, sobre todo, el estudio comparativo entre civilizaciones. Pero el concepto de "sociedad" es utilizado frecuentemente en reemplazo de "civilización". Lo más interesante (para nuestros fines) está en la interpretación del proceso histórico. El sujeto de la historia ya no es un ser biológico que está marcado por el destino, sino una entidad guiada por impulsos o detenimientos entre lo abierto y lo cerrado. Una suerte de reto-respuesta da cuenta del movimiento social. Pero, ni el impulso es considerado en estricto sentido bergsoniano ni la concepción del reto-respuesta es una simple traspolación de la idea de estímulo-respuesta, de reflejo, como en Pavlov. Por último, a su entender, las grandes religiones trascienden la desintegración de las civilizaciones y son las que nos permiten intuir un "plan" y un "propósito" en la historia. En todo caso, la acomodación de su modelo a una cierta forma histórica lo mantiene afuera de la comprensión de la temporalidad.
en: "Discusiones Historiológicas", Silo
Capítulo II. Lo Pasado visto sin el Fundamento temporal, 2. La historia como forma
1859 18 oct. Nacimiento en París
1878 Estudia literatura y filosofía en la Escuela Normal Superior (ENS) de París
1889 Publicación de la disertación Essai sur les données inmédiates de la conscience (Tiempo y libertad), una primera obra central sobre la filosofía de la conciencia
1900 Catedrático en el Collège de France, importante ensayo Le Rire (La risa ), teoría de lo cómico
1907 Publicación de L'Évolution créatrice ( La evolución creadora ), obra que le trajo fama, sobre la teoría de la evolución y la intuición. 1921 Miembro fundador y primer presidente de la Commission Internationale de la Coopération Intellectuelle, precursora de la UNESCO.
1927 Premio Nobel de Literatura
1932 Última gran obra Les deux sources de la morale et de la religion (Las dos fuentes de la moral y la religión)
1940 A pesar de su acercamiento a la fe católica, renunció manifiestamente a todos sus honores, títulos y pertenencias y se inscribió como judío cuando el régimen de Vichy del mariscal Philippe Pétain empezó a discriminarlos legalmente.
1941 4 de enero: muere en París.
Temas
Tiempo y duración: Bergson desarrolló una nueva concepción del tiempo que difiere de los conceptos tradicionales. Subrayó la importancia de la duración experimentada (durée) frente al tiempo medible y concebido espacialmente.
Intuición y conciencia: Bergson contrastó la intuición como método de cognición con la razón analítica y examinó la vida interior de la conciencia.
Filosofía de la vida y élan vital: Como representante de la filosofía de la vida, Bergson desarrolló el concepto de élan vital (fuerza vital o vigor vital) como fuerza motriz de la evolución y la vida.
Crítica al determinismo: Bergson argumentó a favor de la libertad humana y en contra del determinismo estricto.
Evolución y creatividad: En su obra "Evolución creativa", combinó la teoría de la evolución con su filosofía de la vida y la creatividad.
Relación entre mente y materia: En "Materia y memoria", en particular, investigó la relación entre cuerpo y mente.
Crítica a la ciencia: Bergson criticó la visión mecanicista del mundo de las ciencias naturales y discrepa de la teoría de la relatividad de Einstein.
"Tiempo y libertad" (1889)
"Materia y memoria" (1896)
"El desarrollo creativo" (1907)
"La energía espiritual" (1919)
"Las dos fuentes de la moral y la religión" (1932)
Bergson revolucionó la comprensión filosófica del tiempo al situar la duración experimentada (durée) en el centro y al apartarse de la visión tradicional del tiempo como una cantidad espacial mensurable.
Su crítica a la visión mecanicista del mundo y su énfasis en la intuición como método de cognición influyeron notablemente en la filosofía de la vida y allanaron el camino al existencialismo.
El concepto de élan vital (fuerza vital) de Bergson caracterizó el debate sobre la evolución y la creatividad en la filosofía y fuera de ella.
Su trabajo sobre la relación entre mente y materia, en particular en "Materia y memoria", ejerció una influencia duradera en la filosofía de la mente.
La discusión de Bergson sobre la teoría de la relatividad de Einstein contribuyó a un debate crítico sobre la relación entre filosofía y ciencias naturales.
Sus ideas no sólo influyeron en la filosofía, sino también en la literatura, el arte y la psicología del siglo XX, lo que se refleja en la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1928.
La actualidad del pensamiento de Bergson se refleja en las nuevas ediciones y traducciones de sus principales obras, así como en el debate académico en curso sobre sus teorías.
Silo habla del "impulso", que Toynbee no considera "en el sentido bergsoniano estricto". Podría referirse aquí al planteamiento de Bergson, que reconoce un impulso vital (élan vital) en el ser humano que impulsa todo su desarrollo. Bergson expuso este punto de vista en su obra "L'évolution créatrice" (El desarrollo creador), publicada en 1908:
"...Y es esta cristalización misma la que aclara todo lo demás: se hacen visibles los grandes caminos, en los que la vida desarrolla su impulso original mientras camina. Por supuesto, ningún cumplimiento individual de un plan será presenciado de este modo. Aquí hay más y mejor que un plan que se realiza. Pues un plan es la meta final predeterminada para una obra: concluye el futuro cuya forma esboza. Sin embargo, antes del desarrollo de la vida, las puertas del futuro permanecen abiertas de par en par. Es la creación la que se sigue a sí misma en virtud de un movimiento de origen y sigue sin fin..."
"...El objetivo de la filosofía se alcanzaría si esta intuición se afirmara, se generalizara,
y, sobre todo, asegurarse de los puntos de referencia externos para no perderse. Pero esto requiere un incesante ir y venir entre la naturaleza y el espíritu. Si volvemos a hundir nuestro ser en nuestra voluntad, y nuestra voluntad misma en el impulso que continúa, comprendemos y sentimos que la realidad es crecimiento incesante; creación que se sigue a sí misma sin fin..."