Es el mayor aspecto de lavado de cerebro, especialmente en los jóvenes, que creen saber los riesgos a su salud pero no.
Si alguna advertencia te diera la opción entre morir o dejar de consumir no hay duda de la opción que elegirías, pero enterrando la cabeza en la arena esperando que una mañana te despiertes y las ganas de consumir hayan desaparecido no lograrás nada. Los adictos no se permiten pensar en los riesgos a la salud, si lo hicieran el placer ficticio de la adicción se iría. Esto explica por qué los tratamientos de shock (asustar a través de información sobre los riesgos reales de la adicción) son ineficientes. Solo los no adictos pueden leer y entender los cambios destructivos en el cerebro de un adicto.
¿Te cruzarías en frente de un colectivo a propósito? Seguramente no. ¿No te molesta mirar a ambos lados antes de cruzar? Claro que no. Sucede que nos molestamos en evitar que un colectivo nos atropelle incluso cuando las probabilidades son bajas pero el adicto se arriesga sin preocupación a que su adicción le arruine la vida cuando es prácticamente seguro que eso sea lo que suceda. ¿Y qué es lo que gana el adicto por correr tal riesgo? Absolutamente nada.
Muchos jóvenes no están preocupados de los efectos en la salud porque no sufren depresión ni tristeza. La depresión no es una enfermedad, es un síntoma. Los jóvenes no la experimentan porque sus cuerpos todavía tienen la habilidad natural de producir mucha dopamina mientras que cuando los mayores se sienten estresados, deprimidos o irritados, es porque sus sistemas se están autoregulando y los están protegiendo del gran flujo de dopamina eliminando receptores.
El adicto está teniendo un lindo auto en la intemperie dejando que se oxide y sin hacer nada hasta que sea imposible moverlo, con el agravante de que su cuerpo es el vehículo que lo llevará a través de toda su vida.
Recuerda que no hay absolutamente nada para tí. Por un momento retira tu cabeza de la arena e imagináte como se sienten las personas que se han liberado del lavado de cerebro. Pasan el resto de sus vidas pensando por qué se mintieron por tanto tiempo y las cosas que cambiarían si pudieran volver al pasado.
Tú tienes esa aportunidad. Es una reacción en cadena donde el próximo consumo te llevará al siguiente, etc. Ya está pasando. El método promete no ser de shock.
Todo el tiempo tus receptores están recibiendo información para cerrarse en respuesta a la inundación de dopamina. El consumo solo incremente el afecto y lleva a la abstinencia. No te das cuenta porque el pequeño monstruo pide su alimento sin dolor físico.
Nos imaginamos a veces al consumo como un conflicto: por un lado el miedo (no saludable, esclavizante, asqueroso, etc.) y por el otro el positivo (placentero, amigable, útil, etc.). El lado positivo también es miedo; ya que si no consumimos nos sentimos miserables. ¿Cómo alguien podría sentir placer al pincharse una aguja en una vena para inyectarse heroína? Los no adictos no sufren el pánico y la heroína para ese adicto no le libera la sensación sino que la está causando.
Los no adictos tampoco se sienten miserables cuando no pueden consumir, solamente los adictos. El miedo por las concecuencias negativas no provoca que los adictos se curen, mas bien causa que caminen por un campo minado. Si logran atravesar, bien, pero si pisaron una mina enfrentan las concecuencias.
Dañar el sistema de recompensa con estímulos excesivos y volverlo incapaz de manejar situación cotidianas de estrés no ayuda a disfrutar una vida con entusiasmo y energía.
EasyPeasy te ayudará a liberarte de la adicción y tu único estímulo será la realidad. Como comer pan integral después de una hambruna prolongada, ya no tendrás el jarabe de alta fructuosa en tu sistema.
Los efectos del lavado de cerebro nos hacen pensar como aquel hombre que estaba cayendo de un edificio de 100 pisos y al pasar por el piso 15 dijo "Hasta ahora, todo bien". Creemos que como hemos llegado hasta acá bien, un consumo más no hará diferencia. El "hábito" es una cadena continua de por vida donde cada sesión crea la necesidad de la siguiente. Cuando empiezas el hábito, enciendes la mecha, y el problema es que nunca sabes cuán larga es. Cada vez que consumes es un paso más cerca para que la bomba explote. ¿Cómo sabrás si es el siguiente?
Muchos adictos no creen que el consumo está causando esas sensaciones de inseguridad después de un día de trabajo por ejemplo, pero los no adictos no experimentan eso.
Otro de los placeres de dejar la adicción es la libertad de las cortinas oscuras siniestras en el fondo de nuestras mentes. La mayoría de los adictos saben que es de tontos ignorar los efectos del consumo. Lo hacemos automáticamente, y las cortinas están ahí en nuestro inconsciente.
Ya hablamos de las desventajas de ser adicto, en el próximo capítulo las ventajas de ser adicto.