La naturaleza hace referencia a cómo funciona la adicción en nuestro cuerpo por el simple hecho de ser adicción. Ella secuestra el sistema de recompensa del cerebro y hace que libere dopamina mucho más tiempo de lo normalmente posible (efecto Coolidge). La dopamina es un neurotransmisor asociado al sentimiento de querer hacer algo y el placer es producido luego por opioides en el cerebro. Sin dopamina, una acción no sentimos motivación para realizar una tarea placentera y no es completada.
Una vez secuestrado nuestro cerebro, el consumo tan fácil y rápido hace que el cerebro produzca dopamina por mucho mas tiempo de lo que debería. La dopamina también se libera cuando hay novedad. En el primer consumo creamos opioides e incentivados por tener la mayor cantidad de dopamina posible, el cerebro guarda ese mecanismo. Cuando el cerebro ya sabe cómo liberar dopamina le resulta cada vez más fácil, lo hace frente a estímulos externos que pueden ser completamente normales y sutiles, y cada vez que la dopamina se libera, se vuelve a guardar el mecanismo haciéndolo a su vez más fácil de activar la próxima vez. Nos sumergimos en el tobogán de agua que cada vez está mas lubricado y es cada vez mas fácil utilizar.
Pero nuestro organismo no es tonto y el sistema de recompensa se autocorrige bajando la cantidad de dopamina o los receptores de opioides cuando un gran flujo diario de dopamina es detectado. Lamentablemente, estos receptores también son necesarios para motivarnos por cosas que no sean el consumo y soportar el estrés diario. Esto lleva a sentirte mas estresado e irritado de lo normal, el proceso se llama desensibilización.
En este ciclo se cruza la línea roja y se desatan emociones como culpa, asco, vergüenza, ansiedad, miedo, que también liberan dopamina incluso en mayor medida y causan que el cerebro malinterprete la señal como provocación. A medida que pasa el tiempo, la desensibilización del cerebro hace que en busca de novedad se aumente el consumo o se prueben cosas que tiempo antes cómodamente dijimos que no íbamos a probar. Al pasar un tiempo el cerebro se encuentra desensibilizado para seguir teniendo las mismas sensaciones empieza a pedir mas dosis, mas frecuencia y/o consumo mas shockeante.
Solo una pequeña sensación de seguridad es suficiente para atravesar un momento duro de la vida, pero ¿Será tu cerebro desensibilizado capaz de encontrar esa sensación que el no adicto utiliza?
La dopamina trabaja como una droga de rápido efecto disminuyendo rápidamente y produciendo abstinencia. Esta abstinencia no es física por no consumir, sino que es mayoritariamente un estado mental que crea el mismo adicto al sentirse reprimido de su placer.
En el método original, vamos a hablar del pequeño monstruo para referirnos a la parte química una adicción que no es a sustancias, es decir a la dopamina. Los adictos deben aceptar que son adictos. Salir no causa dolor físico y es solo una sensación de vacío sin fin. Si se prolonga en el tiempo se convierte en inseguridad, irritabilidad, baja autoestima, etc. Es como tener hambre, pero de un veneno.
A los segundos de consumir, se libera la dopamina y la búsqueda y deseo terminan causando una sensación de plenitud mientras nos deslizamos hacia abajo por el tobogán de agua. En los próximos días la abstinencia es tan leve que no se siente. A veces creemos que la adicción tiene que ver con la frecuencia entre los consumos pero la verdad es que el pequeño monstruo ya está ahi en el cerebro y cada tanto nos deslizamos por el tobogán para darle de comer.
Todos los adictos empezaron a consumir por motivos irracionales y la única razón para continuar es darle de comer al pequeño monstruo. Lo más paradojal es que el adicto tiene sensación de placer al consumir, tratando de volver al estado de paz y tranquilidad que en realidad tenía antes de volverse adicto.
¿Les pasó que la alarma de un vecino sonó todo el día y el ruido de golpe se detuvo y tuvieron un sentimiento de paz y tranquilidad? En realidad no es paz, sino el fin de una perturbación. Antes de consumir nuestros cuerpos ya están completos. Cuando obligamos al cerebro a bombear dopamina y después empieza a desaparecer, sentimos la abstinencia. La abstinencia no son dolores físicos sino mas bien una sensación de vacío que no sentimos pero es como una pequeña gotera interior.
Nuestros cerebros no lo entienden pero tampoco necesitan hacerlo: todo lo que sabemos es que cuando consumimos los deseos se van. Esta satisfacción es fugaz ya que para volver a aliviar esos deseos hay que volver a consumir. Apenas termina el consumo, los deseos aparecen y el ciclo continúa... ¡A menos que lo rompas!
La trampa del consumo es como vestir zapatos apretados sólo para obtener placer al sacártelos. Hay tres razones por las que los adictos no lo pueden ver así:
Desde el nacimineto estamos bombardeados con información que nos lava el cerebro sobre algunas adicciones.
Como la abstinencia de dopamina no involucra dolores físicos, se suele interpretar el sentimiento de vacío que lleva al consumo como normal.
Principalmente, porque la adicción trabaja para atrás: cuando no estás consumiendo es cuando experimentas la abstinencia. Como el proceso es sutil y gradual en las primeras etapas, catalogas la sensación como normal y no culpas al consumo anterior. En el instante que vuelves a consumir tenes ese boost inmediato de dopamina, te sientes menos nervioso, mas relajado, y el consumo se lleva el crédito.
Imaginense un adicto a la heroína y el pánico que siente cuando no la tiene. Ahora imaginen el placer inmenso que siente cuando por fin se mete una aguja en sus venas. Ningún no-adicto a la herína siente ese estado de pánico. La heroína no está liberando el pánico, lo está produciendo.
Hablamos de que el consumo relaja y satisface pero ¿Cómo podría relajar si no estuvieras estresado en primer lugar? Los no adictos no sufren este estado de estrés, mientras que los adictos estarán así hasta que hayas alimentado al pequeño monstruo.
Recordatorio: A los adictos les cuesta liberarse porque creen que están rechazando placer genuino o una muleta que los ayuda a superar los obstáculos. Es importante entender que al romper la adicción no estarán renunciando a absolutamente nada.
Comparando la adicción con comer vemos que el hábito de comer causa no tener hambre entre dos comidas, y ésta aparece cuando una comida se demora. No hay dolor solamente una sensación de vacío e inseguridad que reconocemos como hambre y nos da placer satisfacer a través de una comida.
La adicción parece ser casi idéntica: no hay dolor y activa la recompensa de manera similar, pero no lo es. Esta similitud es la que hace creer al adicto que hay un placer genuino o muleta pero en realidad comer y la adicción son opuestos.
La adicción nos saca energía, destruye los receptores de la felicidad y la posibilidad de vivir felices y comer no crea hambre sino que realmente la satisface mientras que el primer consumo fue lo que creo el “hambre” de todos los consumos que siguieron. Lejos de aliviar este hambre, consumir asegura que la sigas sintiendo por el resto de tu vida.
¿Comer es un hábito? Si fuera así, intenta romperlo. Describir el proceso de comer como un hábito sería como el de respirar, ambos escenciales para sobrevivir. La gente elige como satisfacer el hambre de diferentes formas pero comer en sí mismo no es un hábito. Tampoco la adicción. La única razón por la que un adicto consume es para aliviar el vacío que le causó el consumo anterior.
A medida que pasa el tiempo el cerebro se acostumbra a la cantidad de dopamina liberada y nos pide mayor consumo o consumo de otro tipo. Tú quieres quedarte del lado seguro de la línea roja pero tu cerebro te está pidiendo el consumo de la fruta prohibida.
Te sientes mucho mejor luego, sin embargo estás mas nervioso y menos relajado que alguien que nunca consumió. Esta situación es incluso mas ridícula que vestir zapatos apretados porque con el tiempo vas incrementando la incomodidad que queda una vez que te sacas los zapatos.
El adicto sabe que debe alimentar al pequeño monstruo así que suele usar una o una combinación de cuatro situaciones:
Aburrimiento/Concentración (dos opuestas)
Estrés/Relajación (dos opuestas)
Pensemos ¿Qué sustancia mágica puede revertir el efecto que tenía minutos antes? La verdad es que el consumo no alivia ni el aburrimiento, ni el estrés, ni estimula la concentración, ni la relajación. El cuerpo humano es el objeto mas sofisticado en el planeto, pero ninguna especie en todo el planeta sobrevive sin saber la diferencia entre comida y veneno.
A través de la selección natural nuestras mentes y cuerpos desarrollaron técnicas para las recompensas de acciones que multipliquen y sostengan la especie sana y salva. No están preparados para estímulos que son más grandes que cualquier otra cosa encontrada en la naturaleza. Es una mentira que las personas débiles se vuelven adictos; los que encuentran su primer consumo asqueroso o repulsivo y se inmunizan de por vida son los suertudos.
El usuario continuamente se capacita para filtrar el consumo bueno del malo. Algunos encuentran placer en este baile y dicen que disfrutan el consumo bueno y no son adictos. Pregúntale a esa persona si dejaría de consumir al no encontrar lo bueno.
¡Claro que no! Un adicto consumirá lo que sea, buscando lo que sea para satisfacer su pequeño monstruo. Al principio es desagradable, pero con el tiempo aprenden a disfrutar ese consumo.
Algunos adictos se asustan al darse cuenta que en realidad son adictos a drogas y creen que les será mas difícil parar. De hecho esto es bueno por dos motivos:
La mayoría de los adictos continúa consumiendo aún sabiendo que las desvantajas superan por mucho a las ventajas porque creen que hay algo en el consumo que realmente disfrutan. Creen que al dejar de consumir habrá un vacío y ciertas situaciones de la vida no serán lo mismo. El consumo no solo que no brinda nada, sino que quita.
Debido a la inundación de dopamina, la velocidad de enganche es muy alta pero es difícil quedar severamente enganchado. La abstinencia es tan sutil que muchos adictos vivieron y murieron sin saber que la habían sufrido.
Una buena comparación es con los fumadores. Si pasan 10 horas al día sin un cigarrillo la pasarían mal pero muchos se compran un auto nuevo y no fuman adentro. Muchos visitan teatros, iglesias, supermercados, transporte público y no fumar en esos momentos no les causa ningún problema. Los fumadores están casi agradecidos de que algo o alguien les impida fumar.
En las adicciones el pequeño monstruo mental puede permanecer tranquilo incluso en largos períodos de abstinencia sabiendo que apenas podamos volveremos a consumir. Hay millones de adictos que permanecen consumidores casuales por el resto de sus vidas y son tan adictos como los consumidores pesados. Incluso hay consumidores pesados que se liberaron y un solo pequeño consumo lubricó el tobogán de agua.
La adicción no es el problema, es un catalizador que mantiene a nuestra mente distraída del problema: lavado de cerebro.
¡Nunca es tarde para parar! Una búsqueda rápida en internet te mostrará personas de todas las edades que reiniciaron sus vidas.
Se cree que los adictos graves se recuperan con mayor dificultad pero puede ser incluso más fácil para ellos porque el sentimiento de liberación es más fuerte. De hecho, el proceso es placentero incluso durante la abstinencia.
Pero primero hay que eliminar el lavado de cerebro.