Los primeros rayos del sol llegaban a través de la ladera de la montaña. La caravana ya se ha puesto en marcha, el valle por donde cruzaba el riachuelo mostraba un pasaje por donde se podía cruzar las montañas sin tener que ascender por ellas. Pero el estrecho camino también representaba un gran peligro, ya que era un lugar ideal para emboscadas caóticas. A ambos costados del pasaje se elevaban dos paredes rocosas de aproximadamente veinticinco metros altura, tenían salientes y cuevas, todos debían estar muy atentos a cualquier movimiento que ocurriera en esas paredes.
De pronto, se escucha un ruido, como si una piedra muy pequeña cayera de una de las salientes...
- ¡Corran! -grita Vlaz- abriéndose a un costado para que los demás pasaran- no se detengan por nada.
Cuatro Goblins caen al pasaje y corren hacia Vlaz, quien al galope saca su espada y arremete contra ellos, en su primera arremetida corta un brazo de uno de los monstruos. Un segundo Goblin trata de detener al caballo, pero se llevó una gran sorpresa al recibir una coz que lo arrojó contra una de las paredes dejándolo inconsciente. En una segunda arremetida, Vlaz clava su espada en el pecho del tercer Goblin y girando rápidamente, decapita al cuarto. Echando un breve vistazo a su alrededor, continúa su camino tratando de alcanzar a sus amigos.
- ¿Qué pasó allá atrás?
- Una horda de desagradables Goblins Ailynara. Por suerte no sabían que Atila está entrenado para el combate. Uno de ellos se llevó una gran y desagradable patada.
- Si alguno quedó vivo -comenta Pierre- seguro que dudará mucho antes de atacar a un caballo de guerra.
- Bueno -dice Gabrielle- sigamos nuestro camino, que todavía nos queda mucho por recorrer y muchos peligros que tendremos que superar.
- Debemos avanzar silenciosamente por estos pasajes, ya que por estas zonas están los nidos de los dragones.
- Parece que tú conoces mucho sobre dragones Drogus.
- La verdad, Sí. Antes de la llegada de los humanos y fundaran el imperio, nosotros teníamos ciudades fantásticas, conocíamos a los dragones y los tratábamos con respeto, ya que todos ellos eran buenos y sabios. Después, con la extensión de los humanos y la llegada del Grownder, fueron muriendo o volviéndose malos y avariciosos, hasta que ahora, los pocos que quedan, viven ocultos en estas montañas.
- Espera Drogus, ¿Tú no conoces algún dragón que nos pueda ayudar?
- A decir verdad, si conozco uno, pero, no sé si todavía sigue vivo, ya que era anciano cuando mi padre y yo íbamos a verlo para que nos transmita un poco de su sabiduría. Si mal no recuerdo, vivía como a medio día de camino al norte de aquí.
- ¿Qué dicen? -pregunta Vlaz- podría sernos de mucha ayuda.
- ¡Vamos! -responden en coro las hermanas-
Pronto se encaminan hacia el norte, en una de las cimas de las montañas del fin del mundo se encuentra escondido un antiguo dragón, uno de los pocos buenos que quedan en todo el imperio. Pasando un poco la media tarde y luego de un arduo ascenso, llegan a la entrada a una cueva. Sacan las antorchas y las encienden.
- Mejor vamos sólo Drogus, Ailynara y Yo, -dice Vlaz- así los demás quedan a cuidar las cosas y la entrada de la cueva.
- Tienes razón Vlaz -dice Pierre- Escondamos las carretas y los caballos dentro de la cueva para no ser visto por alguna patrulla caótica.
- Bien dicho Pierre. Vamos Ailynara, Drogus...
Drogus toma una antorcha y avanza primero por una de las cavernas internas de la cueva, lo siguen Ailynara y al final Vlaz, cada uno con una antorcha. La húmeda y serpenteante caverna va haciéndose más y más angosta a medida que va descendiendo ligeramente. Luego de avanzar por varios minutos, llegan a una gran galería iluminada por un haz de luz proveniente de una abertura en techo.
- ¿Quién osa irrumpir mis dominios? Pregunta una voz ronca y profunda.
- Soy Drogus, hijo de Jodri, el gran maestro enano.
- ¿Jodri? Recuerdo vagamente ese nombre. Pero dime, ¿Qué quieres de mí?
- Venimos humildemente a solicitar su ayuda.
- ¿Qué tipo de ayuda necesitan?
- A mi padre lo secuestró un ejército caótico...
- Y Usted ¿Quién es?
- Me llamo Ailynara Velkein, soy hija de...
- Ernest Velkein...
- ¿Usted lo conoces?
- Conozco mucho de muchas cosas señorita, puedo ver a través el espíritu de los seres vivos y descubrir sus más íntimos secretos.
- Un grupo caótico emboscó la caravana de mi Padre y lo secuestró, -continúa Ailynara- pidiendo diez mil coronas por su rescate.
- Puede ser que el dinero lo utilicen para financiar una invasión a gran escala al imperio -agrega Vlaz-
- ¿Y Usted es?
- Vlaz Montain.
- Vlaz, si he oído de ti, yo me llamo Apuc y con gusto ayudaré al último Caballero de la Orden de los Kitrats. Ailynara y Drago lo miran incrédulos, la "Orden del Dragón", la más antigua y poderosa hermandad de caballeros que inclusive estuvo presente antes que se formara el imperio, y que fueron desapareciendo misteriosamente creyéndose que no existía ningún caballero más.
Desde las sombras va saliendo una figura escamosa y monstruosa, pero a la vez tierna y amigable. El dragón de unos 600 años aparece gigante e imponente iluminado por la tímida luz que penetra en la cueva.
- Pueden pasar aquí la noche -dice el dragón- y mañana a primera hora partiremos.
- Muchas gracias nuevamente por su ayuda -dice Drogus.
- Será un placer ayudarlos. Pueden encender una fogata y cocinar lo que quieran, dudo mucho que algún entrometido goblin u orco se atreva a entrar a esta cueva.
En el camino de vuelta al campamento, Ailynara pregunta a Vlaz sobre esa misteriosa Orden que Apuc dijo que pertenecía.
- Desde que era pequeño, mi padre en preparo para ser un caballero de una antigua Orden que era depositario de la sabiduría milenaria, desde antes que llegáramos a estas tierras. Mi padre fue uno de los Principarium, miembro del consejo regente de la Orden. Lastimosamente murió sin terminar de prepararme, y la gran mayoría de la sabiduría murió con él.
- Lo siento mucho Vlaz, no lo sabía.
- No te preocupes, fue hace mucho tiempo.
Llegan al campamento y comentan lo sucedido y guían a los demás hasta la caverna de Apuc. La cena transcurre amena, entre charlas e historias, quedando todos asombrados por la sabiduría del Apuc, quien contesta de manera sencilla todas las preguntas de nuestros héroes. Al finalizar se ponen de acuerdo en la estrategia que usarán para ingresar al castillo y rescatar al padre de las jóvenes, aprovechando el conocimiento del dragón de la zona y específicamente del castillo.
Con las primeras luces del alba la caravana se pone en marcha, esta vez el dragón va primero seguido por las amazonas, las carretas y por último Vlaz. Durante toda la mañana continúan sin detenerse, hasta que llegan a una laguna, pequeña y tranquila, allí se detienen a almorzar y hacer que los caballos descansen ya que el último tramo del viaje lo harán por la tarde.
Aproximadamente después de dos horas de descanso, se ponen en camino nuevamente, pero cada vez el ambiente se vuelve más hostil y el aire más pesado. En el horizonte se divisa, en la cima de una colina, al castillo de Lord Radgon. Oscuro y tenebroso, su silueta se muestra amenazante y peligrosa.
- La luna llena no será de mucha ayuda, ya que los Goblins podrán vernos, pese a su escasa visión.
- Muy cierto Apuc -dice Vlaz- sólo que nosotros también tendremos un poco de problemas con la visión.
- Pero no te preocupes... cuando ataquemos estarán tan confundidos que no podrán defenderse.
- Que los dioses nos acompañen.