La taberna de Cuplock era una de las más grandes de la ciudad de Unul, la segunda en importancia del imperio, y dentro de ella, al fondo, estaba una barra que recorría casi el ancho del salón, y detrás de ésta, dos cantineros humanos bastante corpulentos, servían las bebidas solicitadas por los clientes. Las mesas pequeñas y redondas estaban distribuidas muy ordenadamente, sin manteles mostrando lo rústico del material con que estaban hechos. Unas lámparas a aceite colgaban de las vigas que sirven de soporte para el segundo piso, iluminando pálidamente a las personas sentadas, algunos conversando tranquilamente y otros, sin embargo, en un tono bajo para que los demás no los oigan susurraban sus palabras. Una mujer ataviada con prendas rústicas, estaba limpiando una de las mesas que se acababa de desocupar, llevando los vasos y las botellas, de vuelta a la barra.
Repentinamente ingresa a la taberna una joven y hermosa mujer, de largos cabellos rubios, ojos azules y el cuerpo cubierto por una elegante y costosa capa roja. Los ocupantes del lugar quedaron perplejos ante tanta belleza que con pasos seguros se acerca a una de las mesas, la más alejada de todas, ocupada por dos figuras, aparentemente humanas. Al llegar, una de las personas, que llevaba puesto un atuendo elegante, con pantalones, chaqueta de cuero, camisa de tela fina y una gran espada sujeta al cinturón, se levanta para saludar a la dama, el otro hombre, vestido con una elegante túnica de color marrón oscuro, hace lo mismo.
- ¿Me permiten sentarme? –pregunta la dama-
- ¡Cómo no! -se apresura a contestar el hombre elegante, que visto de cerca es mucho más imponente y musculoso-
- Soy Ailynara Velkein y me dijeron que ustedes podrían ayudarme.
- Si está en nuestras posibilidades. Soy Vlaz Montain y él, Pierre Angelos, ¿En qué podemos ayudarla? ¿Señora o señorita?
- Señorita por favor -responde la dama frunciendo el entrecejo con cierto aire de soberbia- Acudo a ustedes por un problema muy privado y muy urgente.
- Cuéntenos el problema -apresura a decir Pierre-
- Aquí no, puede ser peligroso. Mejor será que vayamos a mi casa. Pero antes permítanme pagar su cuenta.
- Disculpe señorita -repara Vlaz- no quisiera ser grosero, pero no acostumbramos a ir con personas des-conocidas, por más bellas que estas sean.
- Si entiendo, Lord Kentor me dijo que eso pasaría, por eso me dio este pergamino para que les entregue.
La mujer extiende su mano y entrega a Vlaz un pedazo de pergamino enrollado y lacrado con el sello del hombre más rico de Unul, quién ha utilizado en un sin número de veces los servicios de ellos y quienes le tienen un enorme aprecio y confianza. Vlaz lo abre y le hecha una pequeña mirada al texto dentro de ella:
"Compañeros, pueden confiar ciegamente en Lady Ailynara, su padre es como un hermano para mi, espero que puedan ayudarla en este momento tan difícil que está viviendo. Yo tuve que partir para ver al Emperador por la misma causa. Confío en Ustedes. Lord Kentor"
Vlaz pasa el pergamino a Pierre y hace un gesto a la dama para partir, salen los tres de la taberna; Vlaz y Pierre montan en sus caballos y Ailynara sube a su pequeño carruaje donde la esperaba un chofer, al cual miran con recelo por ser un enano bastante "grande" para su raza. Apresuradamente el carruaje avanza por las calles de la ciudad seguido por los jinetes dirigiéndose hacia la salida norte donde se encuentran la mayor cantidad de fincas y casa lujosas. Luego de recorrer un gran trecho por un angosto camino bordeado de frondosos árboles, llegan a una enorme muralla con un gran portón en el centro; al abrirse el portón se puede observar un castillo enorme. Seis perros y dos guardias los reciben en la entrada y los acompañan hasta la puerta, desde donde son conducidos a una pequeña, pero elegante sala, adornada con finos tapices que ilustran escenas de luchas de caballeros y cuadros de personas que serían ascendientes de la familia dueña del lugar. Cortinas de terciopelo rojo cubren parcialmente los amplios ventanales con vista a un lago que es alumbrado por la pálida luna que va subiendo en el horizonte. Una vez acomodados en mullidos y confortables sillones de piel de camello, les sirven, en unas copas de cristal con incrustaciones de oro, el que sería el mejor vino que hayan probado en sus vidas, entonces Ailynara les cuenta su problema.
- Mi padre fue secuestrado por unos bandidos y piden 10.000 coronas de oro por su rescate.
- Esa es una suma muy grande para que unos simples secuestradores la pidan -comenta Pierre- será más de lo que cuesta esta propiedad inclusive.
- ¿Por qué simplemente no pagas el rescate? Ya que por lo que podemos ver, "oro" no debe ser un problema -dice Vlaz-
- Porque no creo que sea solamente dinero lo que están buscando ya que mi padre es uno de los emisarios más importantes del Emperador, y creo que detrás de esto hay algo más.
- ¿Y qué quieres que hagamos nosotros? -pregunta Pierre-
- Quiero que lo rescaten, les daré a ambos cuatro mil coronas de oro, ¿Qué les parece?, con esto tendrían para retirarse por un tiempo.
- Deberíamos pensarlo, puesto que, si con toda esta guardia pudieron secuestrarlo, imagino que los secuestradores, o son muy profesionales, cosa no muy común por aquí, o son de las tierras del Grownder, y eso sería una situación de mucho riesgo.
- Está bien -dice Ailynara- ¿por qué no se quedan aquí esta noche y así discutimos en la cena?
- Sería una magnífica idea –responde Vlaz, al cual le estaba comenzando a gustar tanto el vino como la comodidad del castillo-
Un mayordomo los guía hasta la planta alta conduciéndolos por un largo pasillo adornado con un sin número de pinturas originales, estatuas no menos bellas y armaduras brillantes. Llegan al final del corredor y el sirviente les muestra un par de dormitorios.
- Aquí podrán descansar y asearse para la cena.
Un baño con agua caliente en tinas de bronce, un breve descanso en una mullida cama con sábanas de seda y almohadas de pluma de ganso, hacen que los aventureros se sientan en el paraíso. Tiempo después, el mayordomo se presenta y los invita a ir al comedor para cenar; ellos lo acompañan hasta el gran comedor situado en la planta baja del castillo. La joven ya se encuentra sentada en unas de las puntas de la mesa de roble de aproximadamente 12 metros de largo, iluminada por una araña gigantesca, y candelabros de oro con magnífico acabado.
Se sientan al costado izquierdo de la anfitriona y una melodía suave empieza a sonar de un pequeño escenario en el cual se encuentran tres músicos. Unos seis sirvientes se encargan de servir la cena preparada con carne asada, cerdo, pollo y una gran variedad de ensaladas. De pronto otra joven, tan hermosa como la primera, de largos cabellos negros, piel blanca e increíble figura, se hace presente en el salón, era su hermana menor, se presenta como Gabrielle Velkein. La joven toma asiento en el costado derecho de Ailynara.
La cena se desarrollaba entre una amena charla, tocando varios temas tantos personales como los necesarios para dar datos claves en la búsqueda de pistas posibles que ayuden a encontrar a su padre o descubrir quién o quiénes podrían ser los secuestradores, la forma en que actuaron, las armas que usaron, entre otras. Al tocar este punto, un pequeño detalle les llamó la atención a Vlaz y a Pierre,
- Una de las espadas -dice Gabrielle- tenía una araña negra enorme cerca del mango.
Recordó Vlaz que estudiando en Talabheim, observó que los Piratas Mercenarios de las Aguas Negras, quienes eran los más crueles de ese enorme lago, poseían una araña "Viuda Negra" en su escudo y cuando uno de ellos mataba por primera vez estando con los piratas, se le grababa una araña en su arma favorita y de este modo todo aquel que lo veía con el arma en la mano, sabía que tenía que tener mucho cuidado, ya que podía costarle la vida si hacía algo que no le agradara al portador de dicha arma.
- Entonces debemos dirigirnos a Karak Varn, que se encuentra al borde del Lago de Aguas Negras -comenta Vlaz- En esa ciudad podremos indagar mejor y hasta descubrir el escondite de los Piratas.
- ¿Entonces?, ¿Nos ayudarán? –pregunta Gabrielle-
- Está bien -dice Pierre- pero primero indagaremos con los pobladores de esta zona para saber más detalles.
- Partirán cuanto antes -dice Ailynara sonando más a orden que a comentario-
- No es tan fácil -repara Pierre- antes debemos ir a la ciudad a buscar algunas cosas.
- Pierre tiene razón -acota Vlaz- y además necesitamos un pequeño adelanto para comprar algunas armas, ropas, comidas y otras cosas que nos serán muy necesarias.
- Muy bien -responde Gabrielle- les daremos un adelanto de 400 coronas de oro a ambos y además para asegurarnos que todo vaya bien, mi mejor guardia irá con ustedes.
- ¡Drogus! -llama Ailynara- y en cuestión de segundos un enano guerrero (los enanos son los más fuertes entre todas las razas que habitan el imperio)
- A su orden señorita -responde el corpulento guardaespaldas-
A Pierre y Vlaz no les causó mucha gracia, ya que enanos y humanos no se llevan muy bien, pero, sin embargo, no tenían otra opción. Para los enanos, los humanos son débiles y para los humanos, los enanos son muy poco inteligentes. Pero luego de un poco de diálogo que mantuvieron para poner algunas cosas en claro, descubrieron que el enano era bastante inteligente, educado y muy agradable, y al enano por su parte, no le parecieron tan débiles los humanos, sobre todo Vlaz que era enorme.
- Bueno -dice Vlaz- ya es tarde y mañana temprano iremos a comprar las provisiones para ponernos en camino al mediodía.
-Estoy de acuerdo -comenta Pierre- por lo tanto, con vuestro permiso nos retiramos a descansar. Buenas noches.
-Buenas noches -responden ambas jóvenes, al unísono-
...
Al mañana muy temprano, Drogus despierta a ambos caballeros, quienes se visten y van a la mesa del comedor y encuentran a las hermanas ya despiertas, y vestidas con túnicas de colores claros, collares planos de oro y unos brazaletes anchos de oro que se asemejan mucho a las utilizadas por las amazonas del bosque. Este último detalle llamó mucho la atención de Pierre, pero no le dio mucha importancia en ese momento, sobre todo porque la mesa ya estaba repleta de las más deliciosas frutas, algunas tan exóticas que nunca en su vida las había visto.
Después del desayuno, prepararon las carretas con las que irán al pueblo, Drogus también los acompañó ya que él también debía comprar cosas que necesitaría. Ailynara dio a Vlaz el adelanto pedido por ambos y parten de inmediato.
Al llegar a la ciudad estacionan la carreta en un lugar cerca del mercado, allí se separan, Vlaz va a la armería, Pierre a una botica, lugar donde se vende hierbas mágicas y elixires de todo tipo, y mientras tanto Drogus va a comprar comida y equipos para el campamento y las paradas que tendrán durante el camino.
Vlaz ingresa a la armería y saluda a Grul, dueño de la tienda y compañero de muchas batallas cuando ambos servían en el ejército imperial. Grul era uno de los capitanes que más campañas lideró repeliendo a las hordas caóticas en los límites del imperio. Como en otras ocasiones, Vlaz consiguió varias armas de distancia y trampas para proteger los campamentos que organizarán durante su travesía.
Pierre por su parte, en la botica, busca algunas hierbas medicinales y algunas sustancias para realizar sus pociones y sus hechizos. Mirando los estantes encuentra una hierba muy rara, y muy costosa, que es la base para realizar una de las posiciones más poderosas, el cual, al prepararse de forma correcta y realizar un conjuro, puede hacer que cualquier grupo de seres vivos caigan en un sueño profundo, inclusive si se encuentran a varios metros de distancia de los objetivos.
A la hora acordada se reúnen para regresar al castillo y prepararse para la partida.
Al llegar, Ailynara y Gabrielle los reciben y conducen al patio de atrás donde está preparado un festín de despedida. Mesas con finos manteles de lino con bordados de oro, y sobre ellas manjares dignos de la más suntuosa fiesta en el Palacio Imperial. Una música tranquila suena de una pequeña banda de cuerdas. Durante el almuerzo, las hermanas hacen varias preguntas relativas al viaje, muchos detalles, sobre todo de la seguridad. Esto le pareció curiosamente extraño a Pierre, pero se abstuvo de hacer comentarios al respecto creyendo que es la curiosidad propia de la misión.