Ya había hablado con los médicos y accedieron. Estaba feliz por eso y por la decisión que había tomado. Sabía que no me quedaba mucho tiempo más, así que todas las noches me despedía de Luisito y de María y así poder ir en paz.
La vida es una galleta, ¿Qué más les puedo decir?, a veces es dura como una galleta de varios días y otras veces es como una recién horneada, blanda, sabrosa y con un aroma que llena el lugar. A mí me tocó muchas veces probar las duras, pero las pocas veces que saboreé las blandas, creo que valieron la pena.
Me siento muy cansado… creo que debo tener un problema en los ojos, porque estoy viendo un punto blanco y brillante en la pared. Se hace cada vez más grande y más brillante… es como un túnel de luz… ¿Qué es eso que viene por el túnel?, parecen dos figuras… no puede ser… ¿Teodoro? ¿Ana?...
¿Pero… vienen a buscarme?... María, Luisito… me voy… adiós… los amo muchísimo…
… Esto fue lo último que encontré en la grabadora que tenía escondida Alfredo en la cama del hospital. Esa misma noche en que falleció me implantaron su corazón y la operación fue todo un éxito, y un año después, me decidí y transcribí toda la historia narrada por Alfredo en la grabadora, su historia y en parte, nuestra historia… Lo extraño mucho y sé que Luisito también, pero siempre que nos ponemos tristes pensando en él, recordamos aquella noche en que Ana nos visitó y entonces nos alegramos de saber que está con sus seres queridos, con su primera esposa y su primer hijo…
FIN