“Imagina qué difícil sería caminar por la are- na del desierto con botas grandes. Cada paso se- ría una dura lucha por seguir avanzando. El calor agobiante que va sofocando las esperanzas más grandes, y las voluntades más fuertes, nos da la sensación de que no podremos continuar sin ayuda, que solos no podremos sobrevivir. Si te quitas las botas, el peso disminuye y podrás seguir la marcha más cómoda y rápidamente; pero de nuevo el calor hace que tus pies ardan, y hasta te obliga a calzarte otra vez.
Debe haber una solución para esto...; pero
¿Cuál será? Si estás calzado no puedes avanzar ligero, y si vas descalzo, el calor en tus pies se hace insoportable. Entonces, la solución más acertada sería: seguir el camino con las botas, aunque pesadas y molestas, es la mejor forma de continuar.
Toda acción tiene una consecuencia, una re- acción del universo y las personas tienen que estar dispuestas a pagar el precio de sus decisiones, pues la vida se basa en eso, en las decisiones que toman, de ellas sabremos quiénes son. Obtener los deseos requiere un sacrificio, algunos más gran- des que otros, pero la vida siempre exigirá algo a cambio de lo que te da. La vida no te da nada sin que requiera un esfuerzo a cambio.
Pero no por eso todo es sufrimiento, existen momentos en la vida del hombre en los que se podría pensar que en verdad existe la felicidad, aun- que esos momentos podrían describirse como la ausencia de dolor o pena, de mortificación o angustia, es un estado de paz interior y de conciencia, es como si fueras uno con el universo infinito y créeme que por solo una vez que sienta esto, valdrá la pena la vida.
En muchos casos los hombres no se dan cuenta de lo cerca que están de la felicidad, están muy ocupados buscándola que no ven que la tienen al lado, en las pequeñas cosas que viven día a día con la gente que los rodea, con esas pocas cosas que tienen, en la simple mirada de un amigo”.