La mañana del sábado estaba radiante, El sol daba de pleno sobre la plaza de Nuestra Señora, Las flores del jardín lateral estaban en todo su esplendor, y sentado en la escalera, con gestos que delatan su terrible nerviosismo, se encontraba Marcos, mirando su reloj a cada segundo, preguntándose si quizás “Piki” se arrepintió de la cita.
- Ya pasaron dos minutos de las diez, seguramente me vio y se dio cuenta que le mentí sobre mi edad...
En ese momento, una mujer alta, con cabellos claros y gafas oscuras, va caminando por la acera de la calle Miraflores, mirando hacia la escalera donde está un hombre muy joven. La mujer lleva en la mano izquierda, un anillo de oro con una piedra roja, posiblemente un rubí. Se detiene un segundo con una duda a unos metros del joven. “Será ese que está sentado… no puede ser… él dijo que tenía 30 años y desde aquí parece que tuviera 18…
Carolina gira la esquina y se dirige decidida a la escalerita, el joven no se percata cuando ella se para detrás de él.
- Rock66?
- Piki? -Poniéndose en pie de un salto y girando 180°-
- En realidad me llamo Lorena, ¿y vos? -Extendiéndole la mano-
- Ma..ma..Marcos -tomando tímidamente la mano de Carolina-
- Mucho gusto Marcos, la verdad no pareces de 30 años…
- La verdad que tengo 20 años, discúlpame por no habértelo dicho antes -Con una sonrisita de vergüenza-
- No te preocupes… -Carolina acerca con poco su rostro al de Marcos como para susurrarle algo- Yo tampoco tengo 20 años… tengo… un poquito más… jajaja -Juntos se ríen un poco más distendidos, luego se quedan unos segundos mirándose-
- Te gustaría ir a tomar algo, así podemos conversar y conocernos.
- ¡Donde quieras!, no tengo problema.
- Qué te parece al Café Italiano que está a la vuelta de la esquina, así caminando ya vamos conversando.
- Perfecto, me parece buena idea, ¿vamos?
- Vamos
La pareja se aleja conversando un poco más desinhibida que hace unos momentos, caminan lentamente por la acera de la calle principal de la ciudad, adornada con festivos colores y puestos de comida y artesanías, y el bullicio de la colmada feria sabatina da un ambiente especial.
Una vez que llegan al café, se sientan en una mesa, ordenan un par de jugos de fruta y continúan conversando cada vez más animadamente. Marcos no pierde cada oportunidad que tiene para rozar tímidamente las manos de la que supone es Lorena, la chica de quién se enamoró conversando en el chat. Sin embargo, la idea de “salir” con una mujer un poco mayor a él, lo pone algo nervioso y acentúa aún más su timidez.
Ella, por el contrario, el tener a un hombre más joven, la pone como en un plano superior, sabiendo que puede ser la que marque las pautas a seguir, y dominar la situación, ser la jefa.
Los minutos pasaron rápidamente, sin que la pareja se diera cuenta, ya estaba por ser las 15 horas. Al percatarse de esta situación, la mujer se despide del joven prometiendo volver a verse. El pide la cuenta y por más que ella insistió con todos los argumentos posibles, no logró convencer a Marcos de compartir la cuenta. Luego se despidieron como buenos amigos y cada uno fue por distintos caminos.
Al llegar Marcos a su casa, con una sonrisa de oreja a oreja se sienta en el sofá del living con su madre.
- Parece que la pasaste súper bien –comenta la madre al notar la cara de felicidad de su hijo-
- Mamá, es una mujer increíble.
- Que suerte hijo, ya me estaba preocupando eso de hablarse sólo por la máquina esa, siempre te dije que el estar metido ahí todo el día no te iba a permitir conocer una buena chica.
- Sólo que Lorena no es una “chica”.
- ¿Lorena se llama?
- Si, y es una hermosa mujer de 27 años.
- Dios mío… 27 años… es muy mayor para vos mi hijo.
- Madre… para el amor no hay edad.
- No seas tonto mi hijo, esa clase de mujer busca un futuro, y eres muy joven para darle uno.
- Ella es diferente madre… además no sabía que tenía 27 y ella tampoco sabía que yo tengo 20.