Marcos está en su habitación, frente a su computadora, pero con la mirada perdida, diciendo para si lo rara que se comportó Lorena, y cuestionándose seriamente su cordura, cuando lo despierta la llamada de su madre para ir a comer.
- Marcos, ya está la comida
- Ya voy mamá…
Marcos entra al comedor y se sienta en la mesa con su madre.
- Hijo… ¿qué te pasa?, ¿por qué esa cara?
- Mamá, ¿puede ser que esta Lorena esté loca o algo así?
- ¿Por qué decís eso hijo?
- Hace un rato le encontré en la confitería, me acerqué para saludarla y me trató como si no me conociera, jodiedo le pregunté se estaba su marido cerca, y… te juro que su cara de susto fue terrible, y entonces salió corriendo.
- ¿Qué?, ¡después que se encontraron dos veces!, qué raro hijo, ¿no será que esta chica tiene algún problema realmente en su cabeza?
- y no sé mamá, yo también estoy creyendo que está loca…
- Me parece que tenés que alejarte nomás ya de ella, lo antes posible.
- En todo este tiempo que conversábamos por internet, nunca se comportó de esta manera. Siempre fue tan centrada y muy educada.
- Por ahí tiene ese tema que es una persona y después es otra.
- ¿Doble personalidad?...
- Y no sé, o realmente estaba su marido cerca y no quería comprometerse a qué se entere.
- ¿Será que realmente tiene doble personalidad?
- Yo no sé de esas cosas hijo, pero tu tía Petrona me contó una vez que una sobrina suya, la hija de su cuñado, tenía eso, y que ahora estaba en tratamiento, y lo que pasaba era que la mitãkuña’i de repente actuaba raro, y cuando volvía a la normalidad no se acordaba de nada de lo que había hecho. Pero ahora está mejor dicen.
- Voy a investigar un poco en internet sobre estos casos.
- Pero después de comer hijo.
Lorena en su cama sudando, con gestos de preocupación y angustia, evidencia de que está teniendo una pesadilla. Las imágenes en su mente muestran a “Marcos” conversando con ella en la plaza y luego en una confitería. Sobresaltada se despierta, mira su reloj y éste muestra las 4:30 de la madrugada, se vuelve a recostar en la cama boca arriba con los ojos abiertos; se decide, toma el teléfono y marca, una voz masculina, con inequívocas señales de que esa llamada lo ha despertado de un profundo sueño, atiende en la otra extensión.
- Hola
- ¡Edmond!, discúlpame por favor que te despierte a esta hora.
- ¿Lorena?
- Si soy yo.
- Son las 4:30 de la mañana, ¿te ocurre algo?
- Es quien está sucediendo cosas muy extrañas y necesito contártelas. ¿Puedes recibirme a primera hora tu consultorio?
- Por supuesto... Te espero a las ocho y así te veo antes que llegue el primer paciente.
- Gracias Edmond... y te pido mil disculpas nuevamente.
- No te preocupes, ahora trata de dormir.
- Sí... buenas noches.
Lorena un poco más calmada logra conciliar el sueño luego de unos momentos de pensar en que le diría a su terapeuta por la mañana. No sabía exactamente lo que estaba pasando, le preocupaba que tuviera algo muy terrible, sospechaba que algo no andaba bien dentro de su cabeza, estaba segura que luego de lo que sucedió hace tantos años la hubiera haber afectado de una manera inexplicable.