Luego de la sesión con Edmond, Lorena vuelve a su departamento, con muchas dudas en su cabeza. Se acerca a su cómoda y empieza a buscar algo, algo que no sabe qué es, pero que intuye que está ahí.
Al fondo de unos cajones encuentra una cajita negra, de las que se usan para guardar anillos, la abre y encuentra una sortija de oro con una piedra roja. Al momento de tomarla y colocársela en el dedo, flashes de cosas que no vivió aparecen en su mente. Instantes en que está con Marcos en la plaza, en el café, situaciones que sabe que ella está segura no haber vivido.
Un par de semanas visitando a Edmond, luego de la última consulta, vuelve a su oficina, se sienta en su escritorio y enciende su computadora para conectarse al chat a ver si Marcos ya está en la sala. Está decidida a empezar todo de nuevo.
Mientras espera, ordena los documentos que están en su mesa y cuando al fin se conecta Marcos, le saluda y pide que se encuentren esa misma noche en un bar del centro de la ciudad.
Cuando se está despidiendo, la puerta del despacho se abre y entran Carolina y Roberto, la saludan, y sin que ellos puedan hacer nada, Lorena les toma una foto con su celular, el cual ya lo había preparado.
- Quisiera mostrarles algo –dice Lorena con tono picaresco-
- ¿Qué fue eso? –pregunta consternado Roberto-
- Es que, después de mi “accidente”, mi mente sufrió tanto, que para evitar que vuelva a sentir tanto dolor, creo a mis dos únicos amigos que me protegerían de volver a estar con algún hombre.
- ¿De qué estás hablando? –consulta inquieta Carolina-
- Lastimosamente la “esquizofrenia” no tiene cura, pero con medicamentos puedo contrarlo y en cuanto a la doble personalidad, con una terapia, podría vivir con eso.
- ¿Y de dónde sacaste eso Lorena?
- Si te fijas en la pantalla Robert verás que la foto que acabo de tomar cuando ustedes entraron, no aparece nadie. Ustedes son solo una creación de mi imaginación. Bueno chicos, los dejo, porque en unas horas tengo una cita con Marcos, y esta vez Caro no podrás hacer nada para evitarlo. Fueron amigos fantásticos, pero lastimosamente ya no podré haceros caso.
Y diciendo esto, Lorena sale de su despacho con una sonrisa y decidida a pasar una noche fantástica con Marcos.