Comenzaba a amanecer cuando la barca llegaba a la otra orilla de las Aguas Negras. Silenciosamente desembarcan bajando los caballos y las carretas, suben los víveres y las armas a las carretas y se despiden de Pilo que emprende el regreso. Se preparan para emprender el último tramo del camino rumbo a los dominios del Grownder. Luego de varias horas de viaje por los caminos del Imperio, el más seguro de la zona y sin entrar en Proteak, llegan al poblado de Kinorus, pequeña aldea del Este circundante a la fortaleza de Kirno, una de las más protegidas del imperio ya que es el único acceso que tiene las hordas del Grownder para ingresar al imperio por el Paso Oscuro, un sendero entre las Montañas del Fin del Mundo.
- Aquí haremos la última parada antes de entrar a las tierras negras -dice Vlaz-
- Estoy de acuerdo contigo Vlaz -dice Gabrielle- descansaremos todo del día de hoy, y mañana al amanecer saldremos rumbo al castillo del Lord Radgon.
- Conozco al dueño de una posada que, según lo último que supe de él, está casi al final de la aldea, allí podremos descansar, dar de comer a los caballos y tendremos algo de tiempo para ir a recorrer las tiendas. Fue compañero mío en los primeros años de estudio de magia, pero abandonó todo para venir a estos parajes con su familia.
- Buena idea Pierre -asegura Vlaz- llevamos allá.
Al final del pueblo se encuentra la posada "Tolmar", un edificio de dos plantas con un enorme establo en la parte de atrás. A llegar, Pierre y Vlaz desmontan e ingresan a la posada. Dentro, en el mostrador, se encuentran con Tolmar, amigo de Pierre, que, al verlo, sale de la barra notablemente emocionado y se dirige a saludar a Pierre.
- ¡Pierre! Mi gran amigo, ¿Cómo estás?
- ¡Theo! Tanto tiempo...
- ¡Que placer volver a verte!, ¿Qué te trae por "el fin del mundo"?
- Bueno, antes que nada, quiero presentarte a mi compañero Vlaz.
- Encantado Monsieur Tolmar -dice Vlaz-
- El placer es mío... pero pasen, sentémonos a celebrar esta visita...
- Me parece estupendo Theo, pero tenemos más compañía.
- ¿Y dónde están?
- Afuera
- ¿Cómo? ¿Los dejaste afuera?, halos pasar. Los amigos tuyos son los míos también.
- Es que tenemos una carreta y caballos.
- No hay problema, tengo el establo más grande de toda la región, llevemos todo allí, luego les daré mis mejores habitaciones.
- Muchas gracias amigo.
Luego de acomodarse en las habitaciones bajan a compartir un almuerzo con Tolmar, que hizo preparar un gran banquete en honor a sus amigos.
- Monsieur Tolmar, ¿dónde podríamos abastecernos para nuestro viaje?
- Medemoiselle Gabrielle, como a dos calles de aquí hay un gran almacén, que provee a toda la región de comida, ropas, armas, y todo lo que puedan imaginarse, allí encontrarán lo que necesiten. Sólo digan que van de mi parte y les atenderán muy bien, además de darles un muy importante descuento.
- Gracias Theo -dice Pierre-.
Todos saben que esta puede ser la última noche tranquila, ya que al otro día se internarán en las tierras del Grownder.
- Pierre... no puedo dormir, voy abajo a tomar algo.
- Está bien Vlaz, pero recuerda que debemos descansar.
Vlaz se dirige por el pasillo hasta llegar a la escalera, cuando nota que hay alguien en la planta baja, supone que es Theo, pero de todas formas toma su daga y baja cautelosamente. Llegando al final de la escalera, la luz de la lámpara deja ver una silueta femenina, fina y escultural...
- ¿Ailynara?
- ¡Vlaz!... ¡me asustaste!
- ¿Qué haces despierta a estas horas?
- No podía dormir, temo que no podamos llegar a tiempo para rescatar a mi padre, quizás ya lo hayan matado.
- No te preocupes, lo vamos a rescatar, te prometo...
Diciendo esto Vlaz se acerca lentamente a Ailynara y suavemente la toma de la cintura y la mira directamente a los ojos y tiernamente la besó.
Comienzan a aparecer las primeras luces del alba, nuestros héroes se preparan para su partida, tomaron un desayuno ligero y van al establo a preparar los caballos y la carreta. Verifican que la carreta blindada no haya sufrido daños en la aventura del lago, por suerte, estaba intacta. Los caballos, que descansaron todo el día anterior, están listos para soportar los rigores de las tierras oscuras, tierras secas, pedregosas y agotadoras.
- El castillo Lord Radgon queda a unos tres días de camino.
- Vlaz, eso significa que tenemos que buscar buenos lugares para pasar la noche.
- No te preocupes Ailynara -dice Pierre- Vlaz conoce estas tierras. Durante mucho tiempo sirvió en las tropas imperiales como expedicionario.
- Lo sabemos -comenta Gabrielle- esa es una de las razones por las que los contratamos. Mi padre solía contar muchas anécdotas del "joven aventurero" del ejército imperial.
- Así que tu padre me conoce.
- Recuerda que es uno de los miembros más importantes de la corte, y siempre estaba interesado en conocer todo lo que sucedía en el ejército.
- Muy bien -dice Vlaz- tenemos que partir, pero antes recuerde, en las tierras del Grownder, todo puede ocurrir, así que... debemos tener mucho cuidado.
- Gracias por todo Theo.
- No tienes por qué Pierre, es un placer. Ojalá pudiera ir con ustedes, pero ahora tengo una familia a quien proteger y mantener. Mucha suerte amigos y que los dioses les acompañen.
En caravana se ponen en marcha, Vlaz va adelante, seguido por Claudet, luego la carreta con las provisiones guiada por Carolina, le sigue Drogus y las hermanas a bordo de la carreta blindada y al último Pierre. Poco a poco se van adentrando a las tierras oscuras, reinado por el Señor del Grownder y su horda de guerreros.
Durante toda la mañana, la caravana siguió avanzando con mucho cuidado, pero sin contratiempos. Cada cierto tiempo, Vlaz se adelanta para inspeccionar el camino y así no llevarse ninguna sorpresa. El sendero por donde andaban se iba haciendo cada vez más sinuoso a medida que se acercaban a las montañas del Fin del Mundo. Esta cadena montañosa es la frontera entre el imperio y las tierras oscuras. A unos cuantos kilómetros de la entrada a la quebrada, que sirve como acceso a las tierras del Grownder, nuestros héroes tomaron un pequeño descanso para almorzar, de aquí en más deberán tener todos los sentidos alerta, el paso por las montañas será agotador y en extremo peligros por las emboscadas que pudieran darse.
- Creo que será mejor tomar el camino más largo, por las montañas -dice Vlaz-
- ¿Y por qué eso? -pregunta Gabrielle-
- La quebrada seguramente estará vigilada por criaturas de Lord Radgon y no podemos arriesgarnos a caer en una emboscada.
- Haremos todo lo que digas Vlaz -se apresura a decir Ailynara- eres nuestro capitán.
Luego del almuerzo, se ponen en marcha iniciando el lento ascenso. Cuando el sol termina por ponerse, agotados, lograran llegar a un pequeño valle en lo que sería un enorme cráter dentro de uno de los picos más bajos, un increíble valle, hermoso, con árboles frondosos y un riachuelo pedregoso y agua cristalina y fría, ya proviene del deshielo de las montañas, lo que la hace pura y apta para beber, los sorprende a los aventureros.
- Aquí pasaremos la noche -sentencia Vlaz- haremos turnos de dos personas para hacer guardia de dos horas cada uno. Los demás dormirán en las carretas, y pondremos sábanas como maniquíes para que, si somos vistos por Goblins, ellos no se atrevan a atacarnos, ya que les temen a los grupos numerosos, eso nos dará tiempo de huir.
- Muy bien -dice Pierre- atemos bien los caballos, pero no encenderemos una fogata para que sea más difícil detectarnos.
- Si, -responde Ailynara- seguro que en las cimas de estas montañas están los centinelas del Grownder. Drogus, ¿serías tan amable de sacar la carne seca para que cenemos?
- Lo que usted ordene mi señora.
Una luna casi llena ilumina todo el valle, lo que podría hacer que más fácil que nuestros héroes sean descubiertos. Durante varios momentos de la noche escucharon rugidos de criaturas que retumban y se esparcen por las altas y empinadas montañas.
- Llegaremos en dos días y debemos estar preparados para enfrentar a estas bestias. ¿Te has enfrentado alguna vez a un dragón Drogus?
- Si Pierre, en los primeros años de servicio al padre de Ailynara y Gabrielle, recorríamos todo el viejo mundo como embajadores del emperador, y en la zona norte de las montañas del fin del mundo, nos tocó pelear con un grupo de cuatro dragones negros. Los escoltas del embajador éramos treinta, diez enanos, quince humanos y cinco arqueros del bosque encantado. Sobrevivimos sólo tres enanos y un arquero.
- Que los dioses nos ayuden.
- Tú eres mago, ¿cierto?
- Si, lo soy.
- ¿No tendrías algún hechizo para que no seamos descubiertos por los dragones y las mantícoras?
- Lastimosamente los dragones y las mantícoras no pueden ser hipnotizados, pero tengo unas cuantas sorpresas.