La lujuria y la infidelidad

Procuro estimularles a crecer siempre en nuestro papel de esposos y padres para que nuestras familias estén firmes en estos tiempos tumultuosos. Si hay algo que pueda causar inestabilidad rápidamente en un matrimonio, es el adulterio, la infidelidad al voto hecho tanto delante de Dios como delante de los demás, incluyendo las autoridades civiles. Malaquías 2:14 dice, “…porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto (acuerdo, alianza, compromiso).”

    Hay dos clases de adúlteros:

1. El que se une a otro en un acto sexual fuera de su matrimonio
2. El que no lo hace físicamente pero sí lo hace con su corazón.
con los ojos – Mateo 5:27,28; II Pedro 2:14
con los recuerdos de novias o experiencias del pasado; fantasías sexuales con cualquiera que no sea su cónyuge – Mateo 15:19; Jer. 17:9; Prov. 4:23

Creo que las mujeres cometen estos dos tipos de adulterio. Testigo de esto es el número de “shows” de “strippers” masculinos y pósters de hombres semidesnudos. Sin embargo, yo creo que hablo por todos los hombres cuando digo que estos son mucho más comunes entre nosotros que entre nuestras esposas. Acabo de leer un libro que se llama “La Batalla de Cada Hombre” que afirma que no todos los hombres tienen la batalla con los ojos y los pensamientos adúlteros que satisfacen hasta cierto punto los deseos carnales con otras mujeres. Esto es porque Dios hizo al hombre de tal forma que él se estimule sexualmente más por los ojos y luego los pensamientos que por palabras dulces y caricias, como es la naturaleza femenina. Así que, quiero hablar francamente a los hombres primeramente y después a las mujeres acerca de este peligro que Satanás y el mundo están explotando al máximo para destruir la familia.

Los hombres cristianos no son diferentes después de su conversión en esta área de la tentación constante a la infidelidad sexual. Aunque somos nuevas criaturas, las cosas nuevas que han venido son deseos de ser morales, honestos, fieles y puros, y sentimientos de vergüenza cuando caemos en alguna falta en cuanto a estas metas. Las cosas viejas que han pasado a la historia son la vida desenfrenada que antes vivíamos y la rebeldía franca contra Dios y Sus normas. Pero seguimos con los mismos instintos masculinos que nos atraen al pecado (como describe Santiago 1:14,15). Es una realidad que nunca deberíamos olvidar ni creer que va a pasar con los años y con la transformación espiritual. Pero, gloria a Dios, podemos ganar la batalla. Sí, todos podemos ser más que vencedores en esta batalla.

He encontrado dos claves de esta victoria. La primera es lo que hizo Job (ya un viejo) en Job 31:1. “Hice un pacto con mis ojos, ¿cómo podía entonces mirar a una virgen?” Este pacto lo hizo en el temor del Señor y a la luz de aquel día cuando tendría que rendir cuentas ante el tribunal divino (vs. 2-4). Hacer un pacto con los ojos es tomar una decisión de no fijar la vista en ninguna mujer que no sea la esposa, ni siquiera en revistas o anuncios, o películas con sus propagandas provocativas, mucho menos con lo que el Internet ofrece en programas pornográficos. Si tomo esta decisión, necesito aprender dos técnicas que saqué del libro sobre la batalla. Necesito aprender y practicar constantemente el método del “rebote”. Esto quiere decir rebotar la vista inmediatamente de lo que el ojo ve casualmente antes de “fijar la vista” o “codiciar en el corazón”. Este rebote, después de un tiempo de su práctica fiel, llega a ser un hábito bueno, un reflejo automático. Es una lucha. No es fácil. Pero “Sí, se puede”. Y si lo hacemos para el Señor y para nuestra esposa, contamos con la ayuda del Esp íritu Santo.

Luego, podemos evitar mirar los puestos de revistas, secciones de periódicos que usan la figura femenina para vender productos inocentes, los grandes anuncios callejeros, etc.  Esta técnica es “matar de hambre” esos deseos latentes en nosotros. Estos métodos están permitiendo al Espíritu de Jesús matar las obras de la carne en nosotros (Rom. 8:13) y sacar el ojo que ofende (Mateo 5:30,31). No podemos pedir a Dios que quite los deseos de los ojos, pero sí podemos pedir Su ayuda en “rebotar” y “matar de hambre” esas obras carnales. ¡Y rápido!

La segunda clave de la victoria es lo que Cristo llamó permanecer en El y El en nosotros. I Juan 3:6 dice, “Todo el que permanece en El no peca…” Esto quiere decir lo mismo que II Corintios 5:17 y otros pasajes que afirman que no seguimos viviendo la vida de pecado de antes de conocer a Cristo, porque ahora anhelamos obedecer Sus mandamientos. También implica que es solamente cuando estoy permaneciendo en El que experimento esa victoria sobre el pecado. Otro pasaje lo expresa como andar en el Espíritu y no cumplir los deseos de la carne (Gál. 5:16-24). El Fray Lorenzo lo expresó en la frase “la práctica de la presencia de Dios”. Esta presencia la experimentaba mediante la oración incesante que Pablo recomendó y practicó, “orando día y noche” por los hijos espirituales. También el buen fraile, que era cocinero en un monasterio, meditaba en las Escrituras, haciendo las peticiones al Señor en un diálogo mientras hacía sus labores.

Esta comunión constante con Dios es posible por la presencia del Espíritu Santo que vive en cada creyente. Mientras estamos en comunicación con El, su llenura interna produce esa transformación de nuestro carácter a la semejanza de Cristo. Por esto, es tan importante estar escuchando a Dios cada día para que Su Palabra sea la materia prima que el Esp íritru puede usar para cambiarnos.

Ahora, una palabra para las mujeres. Satanás está tratando de separarlas de Cristo y de su marido también. Sus puntos débiles no son los mismos del hombre pero también pueden llevar al adulterio físico o espiritual. Necesitan reconocer dónde son vulnerables: las emociones, el deseo de ser atractivas a los hombres, la competición con el hombre, etc. Su victoria es la misma cruz que su esposo usa para controlar sus ojos y pensamientos, y la comunión ininterrumpida con el Señor. No hay otro “secreto femenino” necesario y ningún método carnal va a resultar como una magia para no tener problemas en el andar cristiano.

Sin embargo, hay algunas cosas que pueden hacer que ayuden a sus esposos en su batalla con los ojos y los pensamientos. Quiero hacer estas sugerencias para ayudarles a ser la ayuda idónea que los hombres necesitamos en esta área de nuestras tentaciones.

Primero, no juzguen a sus hombres como cochinos sucios o hipócritas viles porque tenemos estas luchas.  En cambio, ayúdennos con sus oraciones constantes.  Estamos en la calle u oficinas con mujeres muy atractivas que usan ropa que deja poquito a la imaginación. Necesitamos su comprensión, compasión, misericordia, perdón e intercesión. También pueden ayudarnos vistiéndose para nuestro gusto y no para ser una atracción a otros hombres.  Una cosa más.  Despídannos con un beso cariñoso y dennos la bienvenida calurosa cuando regresamos a casa.

Con esta exhortación dejamos el tema de los hijos pero en realidad esta advertencia es para el beneficio de nuestros hijos. El adulterio en todas sus formas hace daños enormes a los hijos.  Lo que ellos necesitan es ver nuestro amor de pareja. Es lo que más seguridad les da.  Es el modelo que querrán reproducir en su matrimonio. Y estas claves de la victoria sobre el adulterio tendrán que ser enseñadas a nuestros hijos en una forma personal a su tiempo.