EL MONO CODICIOSO
 

En todo jardín zoológico, los monos siempre constituyen la mayor atracción. A la gente le gusta ver cómo saltan, juegan, comen y actúan en general. Y así como todo zoológico tiene sus monos, en nuestro curioso "zoológico" tampoco podían estar ausentes.

Los monos suelen ser muy codiciosos. Por ejemplo, cuando arrancan un coco de la palmera, se aferran tanto a él que no hay manera de quitárselo por ninguna razón. Y los nativos que cazan monos para venderlos, aprovechan esta característica para apresarlos vivos. Lo que hacen estos cazadores es tomar un coco de regular tamaño y efectuar en él un agujero, como para que entre ajustadamente la mano del mono. Luego atan el coco al extremo de una cadena, y el otro extremo de ésta a una estaca cercana, y desaparecen de la vista.

Pero no pasa mucho tiempo antes de que un mono aparezca por el lugar y vea el coco. Entonces meterá su mano en el agujero para sacar algo de la blanca pulpa del coco, que tanto le agrada comer. Pero al cerrar su mano para extraer el alimento, descubrirá que así cerrada no la puede sacar. Esto lo vuelve muy airado, pero a la vez rehúsa soltar la parte de pulpa que tiene en la mano. De este modo, el pobre mono queda aprisionado. Y mientras no abra su mano, no podrá comer lo que tiene en ella, ni podrá escapar. No se da cuenta de que si sólo soltara la porción de coco que tiene en la mono, podría recuperar su libertad. Pero la codicia del mono es tan grande que allí queda condenado, hasta que lo toma el cazador para ser vendido.

¿Crees tu que existe mucha diferencia entre la actitud del mono y el necio comportamiento de muchos seres humanos? De una irracional, con su natural limitación, podemos admitir diversidad de errores. Pero, ¿cómo podíamos admitir que en el gran "zoológico" de la familia humana, haya seres tan codiciosos que sólo se ocupen en acumular y acaparar? A los tales solo les interesa acopiar bienes materiales. Se aferran a ellos como a la vida misma, para descubrir por fin que la trampa de la codicia los ha esclavizado y destruido.

¿No conoces tu a personas enfermas de materialismo? Estas almas no pueden concebir la vida, sino a través de lo que ganan y compran, y lo que luego exhiben con insensata vanidad. ¡Cuántos de estos seres pasan por el mundo sin contemplar otros intereses que los de su propio bolsillo! Y así viven: quizá llenos por fuera, pero vacíos por dentro. Sin disfrutar de los valores superiores de la vida, porque sistemáticamente los ignoran en su diario proceder. ¿Es esto realmente vivir? Jesucristo ya había advertido al respecto, cuando dijo: "La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee". (Lucas 12:15)

¡Qué estrecho el horizonte, qué egoísta el corazón, y qué triste el alma de quien solo acumula pero no sabe compartir! ¿Es esto ganar, o realmente es perder? Jesús contesta con esta pregunta: "¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Marcos 8:36) Volviendo a la historia de los monos, ¿no valdrá la pena abrir la mano de la generosidad, a fin de evitar la autodestrucción? Dice la divina promesa: "El que siembra generosamente, generosamente también segará" (2 Corintios 9:6)