Eventos Finales 6
 

 

SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

 

"Pronto apareció la gran nube blanca sobre la que reposaba el Hijo del hombre.  Cuando apareció primero a la distancia parecía muy pequeña.  El ángel dijo que era la señal del Hijo del hombre.  Cuando se acercó a la tierra pudimos contemplar la excelsa gloria y la majestad de Jesús que avanzaba como vencedor.  Una comitiva de ángeles ceñidos de brillantes coronas lo escoltaba en su camino.

 

No hay palabras para describir la magnificencia de este espectáculo.  Cuando se acercó la nube viviente de insuperable gloria y majestad, pudimos contemplar con nitidez la amable figura de Jesús.  No llevaba una corona de espinas; ceñía su santa (p.431) frente en cambio una corona de gloria.  Sobre sus vestidos y su muslo había un nombre escrito: Rey de reyes y Señor de señores.  Su rostro resplandecía más que el sol al mediodía, sus ojos eran como llama de fuego y sus pies tenían el aspecto del bronce bruñido.  Su voz tenía el sonido de numerosos instrumentos musicales.  La tierra tembló delante de él; los cielos se desvanecieron como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla se removió de su lugar.  "Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?" (Apoc. 6: 15-17)

 

"Los que poco antes habrían eliminado de la tierra a los fieles hijos de Dios, vieron entonces la gloria del Señor que reposaba sobre ellos.  Y en medio de su terror escucharon las voces de los santos que en gozosa melodía decían: "He aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará"" (Isa. 25: 9).

 

PRIMERA RESURECCION,  DE LOS JUSTOS

 

"¡Dichoso y santo el que tiene parte en la primera resurrección!" (Apoc. 20: 6)

"A su venida los justos muertos resucitarán, y los justos que estuvieren aún vivos serán mudados. "No todos dormiremos -dice Pablo,- mas todos seremos mudados, en un momento, en un abrir de ojos, al sonar la última trompeta: porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos mudados. Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción, y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad." (1 Corintios 15: 51-53, V.M.) Y en 1 Tesalonicenses 4: 16, 17, después de describir la venida del Señor, dice: "Los muertos en Cristo se levantarán primero; luego, nosotros los vivientes, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos a las nubes, al encuentro del Señor, en el aire; y así estaremos siempre con el Señor."" C. S. 369

 

"La tierra se estremeció violentamente cuando la voz del Hijo de Dios llamó a los santos que dormían.  Respondieron a esa invitación y surgieron revestidos de gloriosa inmortalidad exclamando: "¡Victoria! ¡Victoria! sobre la muerte y el sepulcro. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (Véase 1 Cor. 15: 55.) Entonces los santos vivos y los resucitados elevaron sus voces en un prolongado y arrobador grito de triunfo.  Los cuerpos que habían descendido a la tumba con los estigmas de la enfermedad y la muerte, resucitaron dotados de salud y vigor inmortales.  Los santos vivos fueron transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, y junto con los resucitados ascendieron juntos para recibir al Señor en el aire. ¡Oh qué glorioso encuentro!  Los amigos desunidos por la muerte volvieron a reunirse para no separarse nunca más.

A cada lado del carro de nubes había alas, y debajo, ruedas vivas.  Al girar, las ruedas clamaban: "¡Santo!" y las alas al batir, repetían: "¡Santo!" Y la comitiva de ángeles que rodeaba la nube decía en voz alta: "¡Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso!" Y los redimidos que estaban en la nube exclamaban: "¡Gloria! ¡Aleluya!" Y el carro ascendía hacia la Santa Ciudad.  Antes de entrar en ella, los rescatados se ordenaron en un cuadro perfecto con Jesús en el centro.  Su cabeza y sus hombros sobresalían por encima de los salvados y los ángeles. Su majestuosa figura y su amable rostro podían ser vistos por todos los que formaban el cuadro." (Historia de la redención  p.432, 433)

 

Dios los Bendiga

Jair Ochoa

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