Eventos Finales 2
 

 

SALID DE LAS CIUDADES

 

La ley dominical vendrá poco a poco, hoy día vemos como se esta luchando por establecerla.

 

"El mundo protestante ha establecido un día de reposo idolátrico (domingo) en el lugar donde debería estar el sábado de Dios, y va en pos de las pisadas del papado.

Por esta razón veo la necesidad de que las familias del pueblo de Dios se trasladen fuera de las ciudades, a lugares apartados del campo, donde puedan cultivar la tierra y cosechar los productos que ellas mismas siembren." (M. S. t. 2 p. 412)

 

"Pasa por en medio de Jerusalén, y pon una señal

en la frente de los hombres que gimen y claman"

 

"Pasa por la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon una señal en la frente de los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se cometen en ella"(Eze. 9:4)

 

"El Señor viene pronto.  En cada iglesia debe haber un proceso de purificación y de zarandeo, porque entre nosotros hay hombres impíos que no aman la verdad ni honran a Dios."  -RH Marzo 19, 1895.

 

"Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo del Testigo fiel a la iglesia de Laodicea.  Tendrá este consejo efecto en el corazón de quien lo reciba y le inducirá a ensalzar la norma y expresar claramente la verdad.  Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él.  Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios" (P. E. p. 270)

 

ZARANDEO

 

"El 20 de noviembre de 1857 me fue mostrado el pueblo de Dios, y lo vi poderosamente sacudido.  Algunos, con robusta fe y clamores de agonía intercedían ante Dios. Estaban pálidos y sus rostros demostraban la profunda ansiedad resultante de su lucha interior. Gruesas gotas de sudor bañaban su frente; pero con todo, su aspecto manifestaba firmeza y fervor. De cuando en cuando brillaba en sus semblantes la señal de la aprobación de Dios, y nuevamente volvían a quedar en solemne, fervorosa y anhelante actitud.

 

Ángeles malos los rodeaban y los oprimían con sus tinieblas para ocultarles de la vista a Jesús y para que sus ojos se fijaran en la obscuridad circundante, a fin de inducirles a desconfiar de Dios y luego a murmurar contra él.  Su única salvaguardia estribaba en mantener los ojos dirigidos hacia arriba, pues los ángeles de Dios estaban encargados de su pueblo y, mientras que la ponzoñosa atmósfera de los malos ángeles circundaba y oprimía a las ansiosas almas, los ángeles celestiales batían sin cesar las alas para disipar las densas tinieblas.

 

Vi que algunos no participaban en esta lucha e intercesión.  Parecían indiferentes y negligentes.  No resistían a las tinieblas que los envolvían, y éstas los encerraban como una espesa nube.  Vi que los ángeles de Dios se apartaban de ellos y acudían en auxilio de los que se empeñaban en resistir con todas sus fuerzas a los ángeles malos y procuraban ayudarse, clamando perseverantemente a Dios.  Pero los ángeles nada hacían por quienes no procuraban ayudarse a sí mismos; y los perdí de vista.  Mientras los que oraban continuaban clamando con fervor, recibían a veces un rayo de luz que emanaba de Cristo para alentar su corazón e iluminar su rostro.

 

Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo del Testigo fiel a la iglesia de Laodicea.  Tendrá este consejo efecto en el corazón de quien lo reciba y le inducirá a ensalzar la norma y expresar claramente la verdad.  Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él.  Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios.

 

El testimonio del Testigo no ha sido escuchado sino a medias. El solemne testimonio, del cual depende el destino de la iglesia, se tiene en poca estima, cuando no se lo descarta por completo. Este testimonio ha de mover a profundo arrepentimiento, y todos los que lo reciban sinceramente, le obedecerán y quedarán purificados." (Joyas de los Testimonios tomo 1 pag. 60, 61) (P. E. p. 270)

 

Dios los Bendiga

Jair Ochoa

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