¿Quién eres, no la sociedad, o los otros, o la gente, sino TU?
Hijos del Universo, del Sol, de La Tierra, de la Naturaleza, la Gran Madre.
Cuando hablamos de felicidad, implícitamente estamos hablando de placidez, bienestar, salud, ventura, riqueza, satisfacción, agrado, gusto, complacencia, alegría, goce, dicha, triunfo…. Así mismo cuando nos referimos al sufrimiento, incluimos angustia, amargura, congoja, desconsuelo, pesadumbre, consternación, molestia, disgusto, tristeza, tormento, agonía, dolor, enfermedad, abatimiento, malestar, desdicha, descontento, insatisfacción …
La soberana Madre, en afanoso intento por desarrollar el mensaje grabado en la pequeña partícula material, se vale de sabio ardid para avanzar con éxito en su amorosa obra que guía a cada átomo, a cada célula, a cada ser dividido, dentro y contenido en el Todo, hacia la Unidad Suprema para contenerlo a El.
Felicidad y sufrimiento son manejados por la divina Madre como herramienta dedicada en noble tarea de evolución. Sus pasajeros resultados no constituyen fin en sí mismos, sino medio que contribuye a desarrollo posterior. La aspiración de felicidad, fuertemente impresa en el ser humano, el afán imperioso hacia su consecución, es manejo inteligente de hilos que hay tras la parcial conciencia de vigilia. El repudio al sufrimiento, la instintiva huida o acallamiento del mismo, el vehemente deseo de no ser atrapado por él, no son sino la misma sabia estratagema desarrollada automáticamente desde lo más recóndito de nuestro ser.
La poderosa Madre, en su omniconsciente sabiduría, no duda en utilizar lo más conveniente y ventajoso en cada momento para desarrollo y crecimiento de sus amados hijos. El humano corriente entiende con facilidad los resultados acaecidos por la felicidad, comprende y se adhiere a los estados dichosos, ¿pero como encajar cómo adecuados y benefactores los efectos aparentes derivados del sufrimiento? La Madre prescinde del lloriqueo y gemir del infante, le interesa el futuro, el mañana, el porvenir. Para su querido hijo demanda lo mejor aunque esto signifique un sufrimiento temporal. Quiere que sea sano, fuerte, equilibrado, poderoso. ¿Qué no hará una madre por su hijo? ¿Pues cuánto más la suprema Madre?
La Naturaleza, la gran Madre, no tiene prisas. Guía a cada hijo de acuerdo con sus condiciones, atributos, límites, circunstancias, situación propia de cada uno. La evolución es lenta, el proceso frecuentemente obstaculizado, pero aun las contrariedades son aprovechadas en propio beneficio aunque a corto plazo no puedan verse. Es un movimiento sabio, inteligente, ascendente; quien pueda verlo se está aproximando a la adolescencia psicológica, quien no, pataleará sin comprender nada, aun es ignorante, aun es demasiado pequeño. A nadie le es dada enseñanza superior a su nivel, a su estado presente de desarrollo, a sus condiciones actuales, pero mientras sigamos guiados por Ella, la evolución es segura.
La educación dirigida por nuestra mayor Benefactora nos viene tanto del mundo exterior a través de personas, situaciones, lugares, sucesos…, como del interior, pensamientos, emociones, sentimientos, estados de ánimo dichosos o de pesar, que se producen en nuestro ser psicológico. Todo es ensayo, prueba, tanteo, simulacro, experiencia, ejercicio que tiende a la habilidad, la destreza, el ingenio, conocimiento para elevarnos paso a paso, peldaño a peldaño hacia arriba, hacia delante, hacia la prosperidad, la perfección.
Tanto el cuerpo físico como el psicológico son formas de la Naturaleza, “olas del gran océano que todo lo mueve”, medios o instrumentos para la evolución del ser advenido en el mundo de lo material y en el mundo del tiempo. ¿Qué razón hay para que de la materia emerja la vida? ¿Quién hay detrás de todo esto? ¿Dónde acaba la evolución?
Tras la aparente materia inanimada hay vida, o como dirían en la ciencia oficial, movimiento de energías; entonces ¿qué prima, la materia sin más o la vida? La vida es movimiento, oscilación, desplazamiento, animación, devenir, en éste está implícito el desarrollo, el crecimiento, la evolución. ¿Quién puede desprenderse de su cuerpo, quién de su mente, quién de su futuro?
¿Y tú, colaboras seriamente en tu propio proceso evolutivo? ¿Merece la pena…?
Caminas hacia el Infinito, ¿Te diste cuenta?
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Año 1996