Una nueva producción de Salomé sube a escena en el Teatro Colón de Buenos Aires.
Una nueva producción de Salomé sube a escena en el Teatro Colón de Buenos Aires.
Salomé
Richard Strauss (1864-1949)
Drama musical en un acto (1905)
Libreto adaptado por el compositor, basado en la traducción alemana de Hedwig Lachmann de la tragedia homónima en francés (1893) creada por Oscar Wilde (1854-1900).
Reparto (primer elenco - ensayo general):
Salomé, Ricarda Merbeth
Herodes, Norbert Ernst
Herodías, Nancy Fabiola Herrera
Yokanaán, Egils Siliņš
Narraboth, Fermín Prieto
Paje de Herodías, Daniela Prado
Primer judío, Santiago Martínez
Segundo judío, Pablo Urban
Tercer judío, Iván Maier
Cuarto judío, Andrés Cofré
Quinto judío, Iván García
Primer nazareno, Sergio Wamba
Segundo nazareno, Marcelo Monzani
Primer soldado, Agustín Albornoz
Segundo soldado, Claudio Rotella
Un capadocio, Walter Schwarz
Un esclavo, Mariana Carnovali
Director Musical: Philippe Auguin
Dirección de Escena: Bárbara Lluch
Diseño de Escenografía: Daniel Bianco
Diseño de Vestuario: Clara Peluffo
Diseño de Iluminación: Albert Faura
Coreografía y Dirección de asistencia: Mercè Grané
Cuando se indaga sobre uno de los acontecimientos más conocidos de los Evangelios, la degollación de Juan Bautista, hasta las personas menos avezadas de la religión responsabilizan su protagonismo a Salomé, representada como una joven, bella y aparentemente irresistible mujer que logra su objetivo a través del famoso baile de los Siete Velos con el que además enamora a más de un hombre. Esta historia bíblica está relatada en dos Evangelios: San Marcos, capítulo 6 versículo 14 al 29 y San Mateo, capítulo 14 versículos 1 y 2.
La figura de la princesa judía no aparece en un principio reconocida como Salomé, sino como la hija de Herodías, es decir, surge como un personaje opacado por la presencia de su madre, que la utilizó como medio para satisfacer su deseo: terminar con la vida del profeta porque él consideraba incestuosa la relación con su cuñado Herodes, hermano de su primer marido. Utilizando a la hija a través del baile era la única forma de conseguir venganza. El protagonismo de ambas mujeres crece uno por sobre el otro; el rol de la princesa pasa de ser un simple sujeto inocente y puro a la mujer de poderes irresistibles.
A partir de los relatos bíblicos que sirvieron como fuente de inspiración se han producido muchas manifestaciones artísticas con esta temática. El primero en darle vida fue el dramaturgo irlandés nacido en Dublín, en 1854, Oscar Wilde, quien escribió el drama teatral en 1891, originalmente en idioma francés, bajo el nombre de Salomé.
Wilde en su obra cambia un poco el argumento original de los textos bíblicos, la presenta como una mujer enamorada del profeta y la corre del personaje de la niña inocente que obedece a los retos de la madre. La obra se estrenó en París en 1896 y luego en Berlín en 1903, ciudad donde precisamente Richard Strauss conoce la obra de teatro de Wilde y decide inmediatamente ponerle música con texto traducido al idioma alemán.
Para la novela de Wilde y la ópera de Strauss los escenarios sufren cambios considerables, el protagonismo trágico de Salomé envuelta en el drama pasional obsesivo y morboso que escribe Wilde en un único acto también lo es para el compositor que lo plantea con acento aún más dramático demostrado en la tormentosa música que compone, ambas producciones nacidas de la misma inspiración religiosa.
Salomé es considerada un suceso independiente del relato bíblico, Richard Strauss asume la responsabilidad de componer los pasajes musicales más trágicos de principios de siglo XX, fue la tercera ópera que compuso y la primera que tomó relevancia, tras sortear algunos problemas de censura, con la iglesia y con algunos teatros, su estreno tuvo lugar en Dresde, Alemania, en 1905. La obra exige dos protagonistas en altura: Salomé y la orquesta, cuando ambas cuestiones están aseguradas la asistencia al teatro es obligatoria; estructurada en un largo y único acto al igual que el de Wilde, compuesta de varias escenas sin interrupciones ni pausas musicales condición que la hace más estresante aún.
Vocalmente superlativa fue la presencia de la soprano alemana Ricarda Merbeth quien demostró poseer desde su aparición un dominio absoluto del rol, gran manejo de su enorme caudal de voz, trabajando de la misma manera no solo la emisión sino la actuación vocal; preparada para estar realmente a la altura de la fabulosa orquestación que nunca la opacó ni superó. El punto cumbre del dramatismo marcado cuando por fin sostiene la cabeza de Yokanaán en un depravado y necrófilo momento fue realmente excepcional.
Gran desenvolvimiento tuvo el tenor austríaco Norbert Ernst, en un papel tan necesario como repugnante, a pesar de la naturaleza vil y perturbadora del personaje lo desarrolló con imaginación y soltura dominando su timbre claro y penetrante en todo el recorrido.
Yokanaán en manos del barítono - bajo letón Egils Silinš ofreció una interpretación cruda, audaz mostrando un acertado control y emisión en todo su rango vocal.
Completando los protagónicos la Herodías en la piel de Nancy Fabiola Herrera estuvo casi correcta, su rol actoral resultó superior a su desarrollo vocal.
Aunque su papel es breve, el Narraboth de Fermín Prieto resultó desesperado y vulnerable como lo exige el personaje; su presencia contribuyó eficazmente a la tensión dramática de la obra.
El resto del elenco que completa el reparto resultaron precisos, el desdoblamiento de Salomé en dos figuras agregadas durante la Danza de los Siete Velos, que en la presente versión abandona por completo el formato tradicional supone el momento más emocional y a la vez irracional de la obra, en esta instancia la orquesta cubrió generosamente las expectativas.
Una puesta totalmente innovadora, contemporánea y visualmente muy atractiva puso en jaque en algunos momentos a los cantantes trasladándose de un lugar al otro en la enorme plataforma en desnivel que acaparó la atención del público, la iluminación transfigurada y errante acompañó significativamente a la escena.
La orquestación muestra una enorme densidad sonora, los instrumentos no ejercen solo el rol de acompañar a los cantantes sino que por el contrario forman parte de un ostentoso tejido que nunca deja de mostrar tensión; la Orquesta Estable conductora de la trama brindó una performance de gran calidad acompañando los momentos trágicos y dando a los instrumentos la intención oscura y turbulenta de la situación. Gran responsabilidad tuvo en este comportamiento la batuta del maestro francés Philippe Auguin quién se encargó de sumar presión y oscuridad a una dirección compleja de por sí. Chapeaux al M°Auguin.
En momentos donde la ópera busca formas de conectar con el público nuevo, joven, actual, esta producción ofrece una nueva interpretación donde más allá de respetar la psicología de los personajes, el contenido brutal que significan ciertas conductas denigrantes como por ejemplo la misoginia, las hace a un lado, subiendo otros artilugios teatrales que pone en relieve la clase de producción que ubica a esta Salomé acertadamente en un nicho de calidad.
Ensayo general sábado 25 de octubre de 2025 en la sala principal del Teatro Colón.
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes