Un gran poder celestial se apoderó de la Orquesta Sinfónica Nacional con la dirección del maestro Mariano Chiacchiarini
Un gran poder celestial se apoderó de la Orquesta Sinfónica Nacional con la dirección del maestro Mariano Chiacchiarini
PROGRAMA:
Parte I
Franz Liszt (1811 – 1886)
Concierto N° 2 para piano y orquesta en la mayor, S.125
Solista Invitado: Daniela Salinas
Parte II
Gustav Mahler (1860 – 1911)
Sinfonía N° 4 en sol mayor
1 Bedächtig, nicht eilen
2 In gemächlicher Bewegung, ohne Hast
3 Ruhevoll, poco adagio
4 Sehr behaglich
Soprano: Silvina Petryna
Dirección Musical: M° Mariano Chiacchiarini
Además de contar con un gran poder sobre el piano y su habilidad como compositor, Franz
Liszt fue un gran influyente en personalidades como Berlioz, Wagner, Mahler y Richard Strauss, su aparición en la esfera social – musical cautivó a las audiencias más ávidas de contar con otras sonoridades, tal vez más amplias y complejas. Influenciado a su vez por Paganini de quien descubre las posibilidades virtuosas del instrumento y no encontrando límites a la hora de escribir más allá de la técnica posible, el compositor austrohúngaro ideó este un concierto bastante poco interpretado hoy en día con apariencias de gran libertad en las formas y un desarrollo humilde de las dificultades técnicas esperables, se escuchó una versión con buena integración del piano con la orquesta y un intercambio temático equilibrado en su estructura y coloridad sonoridad; la obra se presenta en un único gran movimiento dividido en seis secciones con un sinfín de fluctuaciones en tempo y carácter.
La Orquesta Sinfónica Nacional estuvo correcta en su ensamble junto al piano, mientras que Salinas hizo una interpretación más bien introspectiva sobre todo en la primera parte propio de lo escrito por el compositor, luego su despliegue fue increscendo hasta por lo menos la cadenza. Bien logrado estuvieron los pasajes con las escalas en velocidad, octavas descendentes muy marcadas, glisandi entre la gran variedad de piruetas típicas lisztianas.
Sin obra fuera de programa y luego de un saludo tímido, sin volver al centro del escenario la solista recibió sus aplausos y se retiró.
Mahler, el espíritu de su propio niño interior:
Adopta el esquema clásico con cuatro movimientos de sinfonías anteriores en la historia y es una de las más acotadas para lo que significan los estándares mahlerianos, estrenada en Múnich en noviembre de 1901 bajo su propia dirección. Mahler decidió incorporar una modesta pero rica orquestación compuesta por 4 flautas (2 piccolo), clarinetes y oboes por 3, 2 fagotes y un contrafagot, 4 trompas, 3 trompetas, timbales y en la percusión un conjunto sustancioso entre triángulo, bombo, platillos, glockenspiel, campanas y tamtam además de las cuerdas y el arpa.
El primer movimiento suena esperanzador y musicalmente desafiante, con importantes cambios de clima y la responsabilidad que le otorga al corno solista prácticamente en toda la obra, gran desempeño en boca del cornista búlgaro Martcho Mavrov que logró además una conexión bien camerística con el gran conjunto de viento madera al que Mahler también decretó darle más relevancia en esta obra. La particularidad del segundo movimiento es que comienza con un cambio de violín para el concertino, un segundo instrumento afinado un tono arriba, convertido en Freund Hein figura alegórica del folklore alemán que representa la muerte; el canto del violín se transforma de esta manera en un áspero y estridente sonido que sobresale considerablemente del resto de la masa de cuerdas, doble mérito obtuvo el concertino de la orquesta José Daniel Robuschi en lograr esta ambigüedad sonora tocando ambos instrumentos.
Durante el tercer movimiento, el más conmovedor, lastimoso y profundo de todos, el maestro Chiacchiarini deja la batuta y continúa indicando con sus manos en estado puro, intimista; logrando un momento más espiritual que terrenal en la orquesta; destaco de este instante especial la línea de las cuerdas en todo el conjunto y las pequeñas intervenciones de los viento madera junto con el timbal. Gran final de este movimiento dando paso al último que incluye la voz de una soprano representando la visión infantil del cielo, el texto de la canción pertenece a una colección de poesía popular alemana anónima El cuerno mágico de la juventud, donde Mahler indica que también lo puede cantar la voz de un niño.
La soprano Silvina Petryna, quien entró vestida angelicalmente de blanco acompañando el papel estuvo correcta en esta intervención luciendo una voz ingenua y limpia como se indica en la parte. Así mismo se observó un cuidadoso liderazgo en la batuta del M° Chiacchiarini que logró una minuciosa y elevada interpretación de una orquesta que acompañó con precisión y soltura.
Función del viernes 21 de marzo de 2025 en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad.
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes