El Romanticismo alemán en la pluma joven de sus compositores y en manos de la Orquesta Sinfónica Nacional
El Romanticismo alemán en la pluma joven de sus compositores y en manos de la Orquesta Sinfónica Nacional
PROGRAMA:
Parte I
Johannes Brahms: “Concierto para piano y orquesta N°1, Op.15”
1. Maestoso
2. Adagio
3. Allegro
4. Andantino
Solista Invitado: Fernando Viani
Parte II
Richard Strauss: “De Italia, Op.16”
1. Andante
2. Allegro molto con brio
3. Andantino
4. Allegro molto
Dirección Musical: M° Emmanuel Siffert
El Concierto para piano y orquesta N° 1, Op.15 fue compuesto entre los años 1854 y 1857 en plena juventud de Brahms, podría llegar a considerarse la primera gran obra orquestal del compositor. Lo que en principio sería una pieza para dos pianos en la tonalidad de re menor se fue transformando cuando decidió orquestar la partitura para cambiarla luego a una obra sinfónica que tampoco prosperó derivando finalmente en este maravilloso concierto.
Cuenta con una gran introducción orquestal que prepara el escenario para la llegada del piano, con pasajes solísticos muy exigentes a nivel técnico y profundo en lo emocional. El diccionario New Grove describe que Brahms sintetizó las prácticas de 3 siglos con modismos folclóricos, costumbres, danzas y bailes que encierran las características propias de su tierra y pueden identificarse en este primer concierto. La Orquesta Sinfónica Nacional tuvo un correcto desempeño y acompañamiento en cada uno de los movimientos, resultando muy logrado el 2° en manos del pianista argentino Fernando Viani que mostró una gran destreza rítmica acompañada de seguridad y aplomo, aunque con un sonido pequeño en general, sin embargo fue el momento más introspectivo y mejor conquistado entre la masa orquestal y el solista. Este concierto es sin dudas un valioso aporte a la literatura pianística universal.
Fuera de programa Viani brindó de Franz Schubert Allegretto en do menor D 915.
Foto: Gaspar Morroni/DNEE
Si bien la obra de Strauss es una mezcla entre Suite y Poema Sinfónico, él prefirió darle el nombre de Fantasía Sinfónica, la compuso como forma de expresar los sentimientos que le provocaron su estadía en Italia; se estrenó en Múnich en marzo de 1887 interpretada por la Orquesta de la Corte. El primer movimiento “Auf der Campagna”, refiere a los sentimientos que nacieron al contemplar parte de la campiña romana y la Villa d’ Este en Tivoli, tiene aires rapsódicos con tres temas principales que los trabaja al estilo Liszt, quedando totalmente apartada la forma de sonata y la posible construcción sinfónica. El segundo movimiento “In Roms Ruinen” hace alusión a imágenes fantásticas entremezcladas con ánimos de depresión y melancolía representadas a la vez en un día radiante, el tercer movimiento “Am Strande von Sorrent” es una descripción pura de la naturaleza viva, en este momento se puede apreciar la brisa del viento arrastrando las hojas de los árboles, el canto de los pájaros, el sonido lejano del mar, un resumen de la naturaleza en el tiempo y el cuarto movimiento “Neapolitanisches Volkleben” famoso por emplear el ritmo de tarantela, el compositor utiliza la popular canción “Funiculi, funicula” que escribió el compositor italiano Luigi Denza en el año 1880, Strauss la incorpora en un claro homenaje a Nápoles; en consecuencia podemos decir que Richard Strauss sigue en la misma línea descriptiva musical que Berlioz, Liszt y más tarde Wagner con la diferencia que no cree en el género Sinfonía como música pura por lo que se inclina a la composición de poemas sinfónicos y óperas.
La Orquesta Sinfónica Nacional sonó convincente para esta fantasía, destaco especialmente la melodía pareja y sólida del grupo de contrabajos, también la impecable participación de la fila de trompetas y trombones en el segundo movimiento como así también la intervención del timbal solista en ambas obras en manos de Pablo Buono. En cuanto a los cornos el compositor le dedica varios momentos de lucimiento, cosa que lamentablemente no sucedió en esta versión.
Función del viernes 14 de marzo de 2025 en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad.
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes