La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires abrió su temporada con un Schönberg monumental en manos de la directora griega Zoe Zeniodi

Celebrando el 150° aniversario del nacimiento de Arnold Schönberg (1874 – 1951)


Programa:

Arnold Schönberg

Peleas y Melisande, Op.5


Ludwig van Beethoven

Concierto para piano y orquesta N° 5 en mi bemol mayor Op 73, “Emperador”


Homero Francesch, piano

M° Zoe Zeniodi, Dirección Orquestal


Sobre las obras:

Arnold Schönberg escribió Peleas y Melisande entre 1902 y 1903 es probablemente una de las últimas composiciones que se crearon finalizando el romanticismo, luego Schönberg cambió. Es un poema sinfónico, que surge a partir de la obra de teatro simbolista que escribe el dramaturgo belga Maurice Maeterlinck en 1892,  la obra, que fue el gran disparador de otras tantas piezas musicales escritas por Fauré, Debussy y Sibelius entre los más importantes, trata la cruenta  historia de amor entre tres personajes donde dos hermanastros se sienten atraídos por la misma mujer. Este drama ambientado en un reino imaginario llamado Allemonde no tiene referencias temporales, probablemente surge en la Edad Media ya que está basado en otra dramática historia entre Paolo Malatesta y  la noble italiana Francesca Da Rímini, que más tarde el poeta y escritor italiano Dante Alighieri los evoca poéticamente en el canto V  de su gran obra La Divina Comedia.

La partitura preparada para una orquesta numerosa, plasmada en cuatro partes, se desarrolla en un solo movimiento continuado, ofreciendo casi 45 minutos de música espectacularmente compleja, la obra no tiene acompañamiento, son varias melodías que conviven entre sí constantemente dentro de un complicado y hasta por momentos oscuro entretejido contrapuntístico, donde todos los instrumentos tienen un instante solista. El drama sinfónico muy difícil para la comprensión auditiva, escrito con acentos de misterio e intriga, marca la trágica relación entre Golaud representado por 3 trompas, Peleas que se abre camino con la sección de viento, madera y cuerdas y Melisande en la voz del oboe. Momentos de mucha turbulencia y  un heroísmo creciente por parte de la orquesta que avanza a medida que pasa la música; Schönberg escribió este poema contrastante, sinuoso, monumentalmente indescifrable con tan solo 28 años y como era de esperar, no fue bien recibido ni por el público ni por la crítica del momento, la obra fue tildada enseguida como: “una discordia que dura casi una hora”.

Alban Berg, un compositor también fundamental para entender la música de vanguardia, discípulo de Schönberg, decidió a partir del poco entendimiento y aceptación que tenía la obra, hacer un análisis facilitado de ella y en vez de dividir toda la pieza en las onces secciones que Schönberg había pensado las agrupó en cuatro partes para que tengan un acceso un poco más simple al oído del público.

En 1809, la residencia de Ludwig van Beethoven estuvo en peligro mientras el ejército napoleónico sitió la ciudad de Viena, cuando se frenaron los bombardeos y las fuerzas austríacas se rindieron, el compositor alemán pudo salir de la ciudad y volvió a componer uno de sus conciertos más magistrales Concierto para piano y orquesta n° 5 Op, 73. El estreno se produjo en 1812 y el solista fue nada más ni menos que su alumno más notable del momento Carl Czerny, dicen las lenguas de la época que entre el público se encontraba un oficial del ejército francés que inmediatamente luego de la función llamó a la obra “un emperador entre los conciertos”, este suceso se cita muchas veces como fuente del “apodo” de la obra, pero no es seguro; lo más probable es que haya sido idea de algún editor temprano.

La obra tiene, como en casi todos los conciertos de Beethoven el primer movimiento muy extenso, la forma sonata tiene tres temas, dos a cargo de la orquesta y el tercero es expuesto virtuosamente por el piano terminando en una coda larga y compleja. El segundo movimiento lleno de lirismo es presentado por la orquesta a la que le sigue el piano desarrollando un tema con variaciones, la coda introduce lentamente el tema principal del final. El tercer movimiento con su forma típica de Rondó donde el piano pregunta la orquesta responde; tiene un carácter decididamente triunfal.