Noche iluminada para el contrabajista Julián Medina que dio cátedra de cómo abordar una obra de tal magnitud: Virtuosismo sin ostentación, en primer plano.
Función de abono N° 14 Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
Noche iluminada para el contrabajista Julián Medina que dio cátedra de cómo abordar una obra de tal magnitud: Virtuosismo sin ostentación, en primer plano.
Función de abono N° 14 Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
PROGRAMA:
Parte I
Richard Strauss
(1864 – 1949)
Cuatro interludios de la ópera Intermezzo
“Reisefieber und Walzerscene” (Fiebre de viaje y escena de vals)
“Träumerei am Kamin” (Soñar junto a la chimenea)
“Am Spieltisch” (En la mesa de juego)
“Fröhlicher Beschluß” (Feliz resolución)
Giovanni Bottesini
(1821 – 1889)
Concierto N°1 para contrabajo y orquesta en fa sostenido menor
I Introducción. Allegro moderato.
II Andante
III Finale. Allegro con fuoco
Parte II
Jean Sibelius
(1865 – 1957)
Sinfonía N°2 en re mayor op.43
I Allegretto
II Tempo andante, ma rubato
III Vivacissimo (attacca)
IV Finale. Allegro moderato
Richard Strauss toma con Intermezzo una forma más realista y ligera de abordar la temática matrimonial y plasma en la música una serie de malos entendidos elaborando él mismo el texto de esta comedia burguesa donde evoca en partes, incidentes de su propia vida en pareja. El programa de la Orquesta Filarmónica ofreció cuatro de los doce interludios que integran la ópera cómica, Op.72 escrita en 1923 y estrenada un año después en la Ópera Semper, en Dresde, Alemania que contaba con un decorado en su escenografía que reproducía la propia casa de Strauss.
El compositor bávaro demuestra en cada Interludio su gran capacidad artística musical y la orquesta con la batuta del maestro invitado Alejo Pérez desarrolla en cada uno de ellos, una verdadera orquestación straussiana, todo lo que el director pide lo tiene: comunión entre las cuerdas, agilidad, brillantez y equilibrio. Rescato especialmente el final (difícil) suave y sutil del primer interludio que se interpretó, el lirismo completo del segundo y la exigente dirección de Pérez que llevó a la orquesta a sonar magníficamente.
Estos pasajes orquestales extraídos de una ópera que era representada como descanso de las óperas serias, son los más interpretados actualmente, Intermezzo no ha llegado a integrar el repertorio habitual de la programación de los teatros en general.
foto: @arnaldocolombaroli
Giovanni Bottesini, tal vez poco conocido fuera del mundo de los contrabajistas fue un virtuoso de este instrumento, nació en Crema, Italia y es el compositor con la mayor cantidad de obras escritas para contrabajo. El concierto N° 1 en fa sostenido menor, demandante por su gran dificultad técnica y con una duración aproximada de 20 minutos es un verdadero desafío para el solista, es una partitura que demanda todo: agilidad, destreza corporal, canto sostenido, liviandad. Fue escrito con el propósito de resaltar las capacidades extremas de este instrumento, sobre todo en los registros límites: pasar de un lado a otro en milésimas de segundo, un maravilloso desafío, quizás no para todos.
Julián Medina elaboró un discurso poderoso, a la altura de las dificultades de los pasajes más complejos de la obra, la orquesta acompañó correctamente cada paso bajo las indicaciones del director. Aplomo, sobriedad, humildad, características invaluables que definen a un músico de alta calidad como lo es el argentino Julián Medina, quien ganó el Primer Premio y Premio del Público en el Concurso Internacional de Contrabajo de Montevideo, el Segundo
Premio del Concurso de Intérpretes “Dr.Tilo Rajneri” y Tercer Premio en el Concurso Internacional de Jóvenes Solistas de la Orquesta Filarmónica de Montevideo.
En el año 2021 ganó el Primer Premio en el Concurso Internacional de Contrabajo de la LOE (Latin Orchestra of Europe), obteniendo un contrabajo del luthier Antonio Sekaci y en el año 2022 obtuvo el Primer Premio en el Concurso Internacional de Contrabajo “Bottesini” en Crema, donde participaron unos 60 aspirantes de 30 países, y en esta oportunidad, recibió como premio un contrabajo del luthier italiano Marco Nolli modelo copia del Testore de Giovanni Bottesini.
Fuera de programa, momento donde todo el público del Teatro Colón se puso a su entera disposición, Medina ofreció una amorosa versión de Siciliana, una obra de María Theresa von Paradis, compositora nacida en Viena en el año 1759.
La Sinfonía N° 2 en re mayor, Op.43 de Jean Sibelius, compositor nacido en la pequeña ciudad de Hämeelinna, al norte de Helsinki fue compuesta entre los años 1901 y 1902; aunque el verdadero origen de la obra radica en un Poema Sinfónico, Don Juan, pronto abandona la idea del poema y parte del material temático pasa a formar ahora la identidad del segundo movimiento de esta sinfonía. La partitura, dedicada al barón Axel Carpelan, amigo y mecenas de Sibelius está formada por cuatro movimientos que mantienen la forma tradicional y si bien el compositor rechaza la idea de “programar” el desarrollo musical en base a la situación política y social que atravesaba el país, afirmando simplemente que sus creaciones son pura música absoluta, un reconocido musicólogo del momento, Ilmari Krohn, también finés, no esperó en apodar la sinfonía como “de la liberación” sobrenombre que se mantiene hasta hoy, tal vez es muy difícil no imaginar este concepto si cerramos los ojos y nos dejamos llevar sobre todo por las corrientes musicales del fabuloso cuarto y último movimiento.
Alejo Pérez brindó en Sibelius una dirección firme, sólida, atrapante; mientras que la orquesta respondió con solvencia a una obra que el propio compositor tildó como “una confesión del alma”. Conmovedora versión que llevaron esas 3 notas características y repetidas a lo largo del discurso, a veces ascendente otras descendente a darle un sello personal a la sinfonía y también a la noche de anoche.
Sobre Julián Medina, pueden escuchar la charla que Música Crítica tuvo con él, el pasado 28 de mayo acá
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes