Entre los mundos emparentados de los austríacos Haydn y Bruckner, la Filarmónica de Buenos Aires junto a su directora titular emprendieron el camino de grandes búsquedas.
Entre los mundos emparentados de los austríacos Haydn y Bruckner, la Filarmónica de Buenos Aires junto a su directora titular emprendieron el camino de grandes búsquedas.
Programa:
PARTE I
Franz Joseph Haydn
(1732-1809)
Sinfonía nº 44 en mi menor, Hob. I:44, “Fúnebre”
I Allegro con brio
II Menuetto. Allegretto – Trio
III Adagio
IV Finale. Presto
PARTE II
Anton Bruckner
(1824-1896)
Sinfonía nº 7 en mi mayor, WAB 107
I Allegro moderato
II Adagio. Sehr feierlich und sehr langsam
III Scherzo. Sehr schnell – Trio. Etwas langsamer
IV Finale. Bewegt, doch nicht schnell
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires
Directora principal: Zoe Zeniodi
¿Qué significa el período Sturm und Drang en el mundo musical? Es un momento asociado a la segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XIX, donde la música evoca emociones fuertes que combinan dramatismo, estados funestos, momentos sombríos, contrarrestando el juicio y la racionalidad de la época clásica.
Con el sello mundialmente conocido de ser el “padre de la sinfonía” y también del cuarteto de cuerdas por su inmensa contribución a ambos géneros, el compositor Joseph Haydn, nacido en Rohrau, escribió su sinfonía “de luto” entre los años 1770 y 1771 para la aristocrática familia Esterházy, núcleo del cual formó parte durante casi 30 años.
Con un poco menos de la mitad del orgánico de la orquesta en el escenario, ubicados estratégicamente en posiciones distintas a las que estamos acostumbrados, este motivo se debe a que el propio Haydn pide en su partitura al fagot como parte del bajo continuo, su línea es la misma que para los cellos pero este simple cambio en la configuración aporta otro color y a la vez da más apoyo al canto uniforme de los cellos y contrabajos, comenzó a sonar un primer movimiento decidido y atravesado por el temperamento y el carácter dramático del período. Resultaron muy interesantes las dinámicas y las articulaciones del segundo movimiento Menuetto e Trío ubicado habitualmente en el tercer lugar de cualquier sinfonía, se pudo escuchar un canone in diapasón prolijo, limpio y muy expresivo. El Adagio resultó un gran momento de soltura y demostración dramática para toda la cuerda. El final de la sinfonía conservó las formas enérgicas y agitadas y la esencia de toda la obra. Una gran versión entre el equipo y su nueva dirección.
Unos 111 años más tarde y a su edad madura, el compositor de Ansfelden Anton Brucker, escribió esta enorme sinfonía que muchas veces se interpreta como dedicada al Rey Luis II de Baviera, pero la realidad es que la obra refleja la inmensa admiración que Bruckner sentía por Wagner, sentimiento extendido también al rey y a la cultura bávara donde la música de Wagner tenía una gran importancia, de ahí la relación errónea a su dedicatoria.
La obra expone unos 65 minutos de una gran orquestación, incluidas las famosas tubas Wagner (que no son tubas específicamente) y son tocadas por cornistas. El sinfonismo de Bruckner se desarrolla con los cuatro movimientos tradicionales asemejándose al modelo Schubertiano con el agregado de condimentos de gran originalidad que enaltecen la sonoridad y la dinámica a la vez que acaparan la atención del devenir musical, como por ejemplo los silencios que surgen del abrupto final de una frase, recurso que es tomado más de una vez.
La orquesta logra junto a la determinada batuta de Zeniodi exponer toda la estructura sólida en la que se enmarca la arquitectura formal de la obra ofreciendo lo que originalmente Bruckner pide: alternancia y equilibrio entre todas las familias de instrumentos. Apasionantes momentos de vuelo sonoro fueron los resultantes de todos los tutti con una resaltada participación del timbal en manos de Juan Ignacio Ferreirós.
El tercer movimiento se abre con la característica célula rítmica que comienza en boca de la primera trompeta, secundado por el resto de los metales. Un movimiento de enormes turbulencias, dinámicas y fuerza sonora que sin dudas fue el mejor de la pieza. El cuarto movimiento comienza con una variación rítmica del mismo motivo de apertura; todo el entramado consiste en tres ideas que van creciendo y complejizando la parte con la pequeña participación de algunos instrumentos solistas a la vez que se suman distintas intensidades, cambios bruscos de tempo y carácter. Tiene un final difícil de definirlo auditivamente como: “este es el final”; claroscuros que delinean la esencia de la obra, escritura de este genial compositor que no pasó desapercibida ni siquiera el día de su estreno.
El teatro estaba prácticamente colmado de un público que respetó el pedido obvio pero a veces no tanto de la directora musical de no aplaudir entre movimientos que tomó las palabras antes de comenzar el concierto anticipando al oyente sobre la naturaleza de las obras ofrecidas.
Función del sábado 3 de mayo de 2025 en la sala principal del Teatro Colón.
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes