La Orquesta Sinfónica Nacional brindó una inspiradora y comprometida versión de una de las sinfonías mahlerianas más convocantes en cualquier geografía.
La Orquesta Sinfónica Nacional brindó una inspiradora y comprometida versión de una de las sinfonías mahlerianas más convocantes en cualquier geografía.
Programa:
Gustav Mahler (1860 - 1911)
Sinfonía N° 3 en re menor
Pan erwacht. Der Sommer marschiert ein (Pan despierta; llega el verano)
Was mir die Blumen auf der Wiese erzählen (Lo que las flores del prado me enseñan)
Was mir die Tiere im Walde erzählen (Lo que los animales del bosque me enseñan)
Was mir der Mensch erzählt (Lo que los hombres me enseñan)
Was mir die Engel erzählen (Lo que los ángeles me enseñan)
Was mir die Liebe erzählt (Lo que el amor me enseña)
Orquesta Sinfónica Nacional
Voces femeninas del Coro Polifónico Nacional
Coro Nacional de Niños
Voz solista: mezzosoprano María Luisa Merino Ronda
Director principal invitado: Emmanuel Siffert
Parece casi inabarcable hablar del sinfonismo de Gustav Mahler y su gran conjugación temática en una serie de pequeños grupos camerísticos concatenados en algo más de una hora y media de música pura en la mejor de las concepciones. Es una de sus creaciones más largas, escrita aparentemente sujeta a ciertas mediocridades sentimentales en su esencia con las que Mahler atraviesa el dolor reuniendo interpretaciones apasionadas que estiran y exageran los rasgos de su escritura donde el equilibrio interior de la música se ve constantemente desafiado por las distintas imágenes de la naturaleza y un mundo que el propio compositor trae a su inquieto pentagrama.
El primer movimiento que lo expone todo, ronda entre lo marcial, lo descontracturado y algo de lo bucólico sosteniendo siempre un eje predominantemente dramático. Con un sonido acaparador, limpio y con cuerpo, se presenta el 1° trombón a cargo de Axel Juárez, que demostró una gran habilidad en su interpretación de los tres momentos solisticos tan hermosos como complejos; cada uno de ellos expone al trombonista a grandes desafíos con demandas bien marcadas sobre cómo hacer sonar el instrumento. Gran participación de la trompeta solista en manos de Jonathan Bisulca y el resto de la fila también brilló en este desborde estilístico que ofrece la obra; de igual manera fue la participación en el entramado melódico dibujado por los cornos durante el 1° movimiento, liderado por su solista Diego Curuchet.
Sobresaliente el desempeño de los contrabajos durante el primer movimiento donde se escucha una línea clara precisa y homogénea guiados por Pedro Salerno.
Ulises Oreste en oboe abre prolijamente el segundo movimiento en tempo di minuetto, es tal vez el más sonoramente austero, pero nada tiene de simple en su entretejido orquestal; el propio Mahler habla de una variación cada vez más rica bañada de momentos de intensa actividad orquestal pero nunca perdiendo de vista la textura predominante del minué. Destaco la clara y eficaz conversación entre el clarinete de Agustina Gabaglio, la flauta en manos de Amalia Pérez y las cuerdas que ofrecieron una gran paleta de dinamismo y matices.
El tercer movimiento, quizás es el más simbólico de todos con la llegada del flügelhorn, donde el solista en este caso toca “de lejos” tal como lo marca la parte y suena como un llamado, una suerte de “plegaria” a la distancia desde la pradera a pleno cielo abierto. Valentín Garvie encargado de este momento tocó con el encanto y la dulzura que estas frases demandan.
El cuarto movimiento donde el compositor inicia la búsqueda de otro significado de la existencia humana, involucra la voz femenina de color oscuro y de contextura pesada con una línea de canto muy marcado mezclado sutilmente con el acompañamiento de algunos instrumentos solistas y el canto recurrente de los cornos (que se escucharon con algún desajuste notorio en las articulaciones), la mezzosoprano María Luisa Merido Ronda, dueña de una bien ganada reputación y con una textura vocal buscada para esta obra, cantó la “Canción de la medianoche” con soltura, aplomo y definición, una voz con significado real, una voz que siempre tiene algo más para decir.
Destaco la excelencia en todas las intervenciones solistas del concertino José Daniel Robuschi, un músico de gran trayectoria que momentos antes del inicio tuvo un reconocimiento por parte de Mariela Florencia Bolatti, Directora Nacional de Elencos Estables de la Secretaría de Cultura de la Nación, por cumplir 30 años formando parte de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Transcurrió un quinto movimiento muy correcto, lleno de fuerza y fluidez a cargo de las voces femeninas del Coro Polifónico Nacional con dirección de Fernando Tomé y el Coro Nacional de Niños en manos de María Isabel Sanz, sin embargo desearía ver todas las voces liberadas de la lectura de la partitura donde solo exista la conexión visual a las demandas del director.
Poco a poco lo luctuoso da paso a la luz esperanzadora que se ve fortalecida a través del devenir musical del inconmensurable sexto y último movimiento, el director suizo, principal invitado de la orquesta, Emmanuel Siffert dirigió cada una de las partes con gestos claros y precisos marcando fielmente de la partitura los enormes momentos de las distintas intensidades sonoras que hizo destacar el protagonismo de los músicos. Resalto todas las intervenciones individuales y en masa de otro mundo dentro del mundo Mahler: la percusión en manos de los timbales solistas Marcos Serrano y Pablo Buono , así como también bombo por Martín Romeira, tambor y campanas detrás de escena por Carlos Triolo, glockenspiel y panderetas Federico Rivitti y platillos por Hernán Steiner. También ganó presencia la valiosa participación de las dos arpas: Lucrecia Jancsa y Felipe Martini con un sonido grande y uniforme que alcanzó la sala.
Una sinfonía es una obra que comprende un gran número de movimientos que se tocan de manera continua, pero que entre ellos existe un lógico final y comienzo donde el director y la orquesta se toman apenas unos segundos para acomodarse, alistar partituras y continuar; en precisamente en ese instante donde se necesita el respeto del público para continuar en silencio y así lograr la concentración que se esfuma cuando irrumpen los aplausos en cualquier sitio. Se aplaude al final de la obra y recién cuando el director baja los brazos, hasta ese momento la obra todavía no terminó.
Por favor: no aplaudir! La Orquesta Sinfónica Nacional es una gran orquesta que se puso al servicio y a la altura de una gran obra y que el público asistente debería respetar. ¿Cómo se logra? Comprendiendo el porqué de repetidas actitudes que empañan la continuidad de la obra.
Función del viernes 23 de mayo de 2025 en la sala principal del Palacio Libertad.
Podemos en este enlace escuchar al maestro Siffert hablar sobre la obra de Mahler
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes