Fueron muchos los templos religiosos que cayeron con el enfrentamiento pero una de las últimas noches antes de finalizar la guerra, la ciudad de Coventry fue devastada a causa de los bombardeos alemanes y la también llamada Iglesia de San Miguel ardió en llamas hasta quedar casi totalmente reducida a escombros. El Requiém de Guerra fue pensado con motivo de la reconsagración de la Catedral de Coventry, sin embargo esta obra no es solo una misa de difuntos, sino que refleja una intensión hasta "humanitaria” que va más allá de la estructura de un réquiem. Benjamin Britten pensó esta obra como una reconciliación con la vida luego de los horrores de la guerra, la partitura incluye textos del poeta inglés Wilfred Edward Owen que se mezclan con los litúrgicos dejando asentado de esta manera su perfil antibélico y reforzando el significado para lo que la obra fue creada.
Estructura del Réquiem:
Introitus y Kyrie comprendidos en el primer número: Réquiem Aeternam
Dies Irae, Offertorium, Sanctus, Agnus Dei y Libera me.
Britten distribuyó a los conjuntos solista, coro y orquesta de una manera distinta de la que se puede pensar en este tipo de obras y ésta distribución fue respetada en la presente versión; cada uno con un rol diferente donde a lo largo de la obra se superponen, se complementan además de intervenir como solistas. Los grupos fueron distribuidos en tres ensambles espacialmente separados donde el órgano y el coro de niños representan la paz después de la muerte, (el órgano en esta oportunidad fue reemplazado por el armonio en manos de Martina Lischetti), el centro de la misa con los ruegos, la oración y el sentimiento de duelo y de culpa a cargo de la orquesta y el coro y algunos momentos reforzados por la voz de la soprano solista y un tercer conjunto donde confluye el grito desgarrador de las víctimas de la guerra en la voz de los solistas masculinos, tenor y barítono junto con la orquesta de cámara.
Es a través de esta monumental estructura que se presenta el combate de mundos diferentes donde la música pasa por momentos climáticos oscuros, desoladores rebotando de un sitio al otro y donde se mezclan las voces en un aparente diálogo que no existe entre estos destinos logrando un caos bilinguístico arrollador.
El Dies Irae es la parte más extensa de la obra donde la orquesta avecina la atmósfera de guerra; destaco principalmente la batalla que han superado los metales en todo su conjunto, principalmente las trompetas: pasajes complejos de concertar con la fila y con el resto de la agrupación, logrando un sonido grande, persistente y con buenas articulaciones en cada comienzo.
La percusión toda también tuvo grandes momentos de lucimiento, dividida en dos: por un lado timbales, platillos, bombo, campanas, pandereta, látigo, castañuelas, triángulo y por el otro timbales, percusión y gong junto a la orquesta de cámara en manos de Marcos Serrano que tocó con prolijidad, precisión y una aguda destreza sobre todo el gong de espaldas y los pianísimos muy audibles pero pianísimos al fin del platillo.
El Coro Polifónico Nacional cantó entre la vehemencia, la mesura y la total solemnidad llevando todo el caudal vocal a los matices más extremos y terminando algunas frases con bocca chiusa unidas por un sonido casi eterno luego del Requiescat in pace, Amén.
La intervención de los cantantes solistas fue correcta y con una gran proyección para toda la sala que se encontraba prácticamente llena, quizás la lectura vocal más convincente fue la de la voz del tenor.
Por su parte, la batuta del Maestro suizo Emmanuel Siffert siempre sobria sin exageraciones ni sobresaltos, dando en cada momento su intención interpretativa a la masa orquestal y coral que lo siguió en un constante mar de turbulencias y con el clima que caracteriza la obra: una creciente angustia compartida incluso con el público en la sala.
Para muchos oyentes el lenguaje musical del compositor británico puede resultar algo extraño, incomprensible, hasta desapacible sin embargo es una obra que no debería bastar solamente con una escucha, es una invitación a enriquecer la sensibilidad auditiva, a profundizar sobre la forma de componer del británico, a entender su abordaje estético y el detalle de la gama de colores que Britten asume en cada número de la misa. Esta obra maestra de la música del siglo XX es un encuentro de múltiples lecturas, con grandes contrastes y llena de simbolismos y un final con toda la intensión de conducir al mundo remediablemente hacia la búsqueda de la paz.
Función del viernes 13 de diciembre de 2024 en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad.