Concierto memorable brindó la Orquesta Estable del Teatro Colón en el Coliseo con la dirección musical del maestro italiano Stefano Ranzani.
Concierto memorable brindó la Orquesta Estable del Teatro Colón en el Coliseo con la dirección musical del maestro italiano Stefano Ranzani.
PROGRAMA:
Parte I
Wolfgang Amadeus Mozart
(1756-1791)
Sinfonía Nº 40 sol menor, K. 550
I Molto allegro
II Andante
III Menuetto. Allegretto – Trio
IV Allegro assai
Parte II
Gustav Mahler
(1860-1911)
Sinfonía Nº 1 “Titán”
I Langsam, schleppend
II Scherzo: Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell
III Trauermarsch: Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen
IV Stürmisch bewegt
Dirección Orquestal: M° Stefano Ranzani
La Sinfonía n° 40 de W. A. Mozart es una de las últimas obras de este género que el celebrado compositor austríaco escribió antes de su muerte siendo también la más popular de todas. A pesar de la cantidad de investigaciones, documentos y escritos que existen sobre la vida y la obra de Mozart sigue siendo al día de hoy uno de los mayores genios de la historia de la música en el que el misterio, las dudas y las probabilidades siguen rondando el entorno social y musical en el mundo. Mozart tuvo sus momentos dorados y también el declive; mientras escribía sin parar (alrededor de setecientas obras entre cámara, vocal, religiosa, sinfónico, ópera y singspiel) logró hacer negocios con los editores, ampliar listas de suscriptores, tener participación activa en los conciertos públicos, apertura de su círculo de amistades, su matrimonio con la cantante de ópera Constanze Weber, el reconocimiento de personalidades como Haydn, la entrada a la logia masónica, etc. A partir de 1787 su vida empezó a oscurecer...
El reconocido musicólogo americano Neal Zaslaw, ha indicado en sus investigaciones que las sinfonías de Mozart no han recibido por parte de la historiografía musical toda la atención que debieran haber tenido si se comparan con el resto de las producciones del compositor, incluso no fueron emplazadas en su contexto social y cultural hasta hace relativamente poco tiempo.
Equilibrio clásico:
La Orquesta Estable del Teatro Colón demostró en esta primera parte del programa que también puede brillar navegando en el puro clasicismo mozartiano, ofreció una tradicional, puntillosa y prolija versión de la sinfonía llamada ocasionalmente "La Grande" para diferenciarla de las otras dos que forman parte de la trilogía sinfónica más celebrada del compositor; la dirección musical a cargo del maestro italiano Stefano Ranzani fue sencillamente magistral, el manejo exhaustivo de las articulaciones, matices y cambios de tempo que logró con la orquesta resultaron admirables en esta joya musical escrita a finales del siglo XVIII y que resulta ser una de las obras claves del repertorio estándar para directores y orquestas del mundo entero.
Antes de iniciar la segunda parte del programa, Diego Tejedor, violinista de la agrupación y presidente de la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón tomó la palabra y explicó brevemente la historia de la batuta con que la que a continuación el maestro invitado dirigió; se trata nada más ni nada menos que de una vara que el maestro Arturo Toscanini obsequió al concertino de la orquesta, en ese momento el músico Carlos Pessina luego de su presentación en el Teatro Colón en 1941. Tras la muerte de Pessina, sus familiares decidieron que la valiosa batuta debía quedar al resguardo de la Asociación de Profesores; pasaron muchos años donde "la bella durmiente" como la llaman permaneció en sus aposentos, pero volvió a despertar hace apenas unos pocos años cuando la tomó el director Plácido Domingo para dirigir y ahora nuevamente en manos del maestro Ranzani para darle vida a esta obra tildada de incomprensible para el público el día de su estreno y tan aclamada hoy por hoy en cualquier teatro donde se programe . El pequeño bastón que dejó Toscanini es algo más largo y fino de lo habitual, realizado en madera color tostado con empuñadura de corcho.
Prestancia artística:
100 años más tarde de la era mozartiana, Mahler comienza a esbozar la sinfonía "titánica" como su apodo lo indica, fue estrenada en Budapest en noviembre de 1889 bajo la dirección del propio compositor que sobre la pieza dijo: "es como el mundo, debe abarcarlo todo".
Es una obra donde Mahler evoca la naturaleza con todo lo que ella supone, se destacan importantes momentos en los cuatro movimientos desde el murmullo pianísimo de la cuerda en el comienzo bajo la guía invaluable del concertino Freddy Varela Montero que los conduce a un sonido homogéneo donde todo el conjunto suena equilibrado, parejo, limpio y con gran presencia escénica.
Impecable presentación de los instrumentos de viento - madera en la responsabilidad de Jorge de la Vega (flauta), Alejandro Lago (oboe), Marcelo Baus (corno inglés), Guillermo Astudillo, (clarinete), Matías Tchicourel (clarinete bajo) y Gabriel La Rocca ( fagot) que tuvo una participación implacable entre ambos compositores logrando la calidad de sonido que tiene acostumbrado al oyente. Destaco el compromiso sonoro y la proyección de los cornos al frente de Rodolfo Roson y toda la gran fila tocando como muchas veces indica la parte, no solo de pie sino también elevando el instrumento. Soberbia presencia de las cuatro trompetas en boca de Werner Mengel, Agustina Guidolín, Cristian Martinelli y Oscar López de Calatayud cuyas intervenciones tienen un pacto importante entre la técnica y la musicalidad. El tercer movimiento inicia con unos toques apenas audibles del timbal, seguido de un contrabajo seguro y con presencia a cargo de Mariano Slaby que comienza a tocar la desoladora marcha fúnebre, involucrándose de nuevo el fagot y la tuba con su enorme y sostenido sonido por Pedro Pulzován que complementa la melodía.
Holgada participación de todo el grupo de timbales y percusión que tocaron con exactitud y articulación proyectando ampliamente el sonido: Gabriel Rodríguez y Franco Rapetti (timbales), Florencia Barrientos, Federico Taboada y Juan Sebastián Visconti en platillos, bombo, triángulo y tam tam. El último movimiento define la maestría de Gustav Mahler sobre la pluma y pone en juego toda la tormentosa descripción de los movimientos anteriores. La poderosa invasión de los trombones y la tuba aumentan la tensión entre toda la masa orquestal, la orquesta pareciera llegar al borde del abismo entregándolo todo, en un final donde la tempestad se diluye como de repente.
Maestría sin condimentos:
Con gestos precisos y austeros, Ranzani demostró una sorprendente capacidad para diferenciar los distintos planos orquestales, plantear una paleta de sonoridades "maestras" e infinidad de texturas con las dinámicas necesarias pero sin exageraciones para un Mahler siempre dispuesto a todo. Chapeau para un director que mantuvo tempo, calidad y calidez en un podio sin partituras!
Y no solo de partituras se trata, quiero destacar además el enorme trabajo que hay en función del programa de la orquesta fuera y dentro del teatro y de la logística que prolijamente y al detalle lleva el sello de garantía del Archivo Musical del Teatro Colón.
Gustav Mahler jamás pasará inadvertido, vive también en otros ámbitos porque hay una orquesta, como la Estable del Teatro Colón que respalda respetuosamente su obra.
Función del sábado 29 de marzo de 2025 en el Teatro Coliseo.
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes