Gran apertura de temporada 2024 para la Orquesta Sinfónica Nacional:
Un Rajmánivov intenso cautivó a todo el Auditorio Nacional del CCK.
Gran apertura de temporada 2024 para la Orquesta Sinfónica Nacional:
Un Rajmánivov intenso cautivó a todo el Auditorio Nacional del CCK.
Programa:
Serguéi Vasílievich Rajmáninov (1873-1943)
Concierto para piano y orquesta n.º 2 en do menor, op. 18
I. Moderato
II. Adagio sostenuto – Piú animato – Tempo I
III. Allegro scherzando
Solista: Irina Dichkovskaia, piano
Sinfonía n.º 1 en re menor, op. 13
I. Allegro non troppo
II. Allegro animato
III. Larghetto
IV. Allegro con fuoco
Director Musical: Yeruham Scharovsky
Sobre las obras:
El superlativo opus 18 es sin dudas una obra maestra de la literatura pianística, Rajmáninov compuso esta pieza en el término de un año entre el otoño del 1900 al 1901, siendo el primer movimiento el último en terminar. El estreno completo se produjo en octubre de ese año con el propio compositor al piano como solista. Es una de las obras más celebradas dentro del mundo musical, efecto que le otorgó al compositor reconocimiento y visibilidad eterna.
La partitura refleja toda la intención de un consolidado Rajmáninov, que volcó sobre la obra una enriquecida combinación sonora, la cual necesita de una plantilla orquestal extendida incluyendo timbales, bombo y platillos. La atmósfera general de toda la partitura confluye en un juego inquietante entre el solista y la orquesta y a la vez entre el piano y algunos instrumentos con sus intervenciones protagónicas. Dedicó esta música a su médico personal, Nikolái Dahl en agradecimiento por haberlo ayudado a salir de una gran depresión que lo tuvo afectado un tiempo.
La Sinfonía N° 1 fue compuesta 5 años antes que el Concierto. Su estreno se hizo posible en marzo de 1897 y tuve un contundente fracaso, al parecer uno de los principales motivos fue la dirección a cargo de Aleksandr Glazunov quien parece que la dirigió con varios cortes y algunos cambios en la orquestación; otro de los motivos fue la poca buena recepción por parte del público que tildó a la obra de estar escrita en un estilo demasiado moderno para la época. Dedicó la Sinfonía a una mujer gitana, casada, de nombre Anna Lodizhenskaya, de la cual parece que estaba enamorado.
La escritura estuvo influenciada por compositores como Modest Mussorgsky y Alexander Borodin pero con una pluma más arriesgada a la emoción turbulenta progresista. Una partitura apasionada e indudablemente desafiante que tiene escrito el epígrafe “la venganza es mía, pagaré con la misma moneda”.
El Concierto: Un post romanticismo de ensueño.
Así describo la noche del viernes 15 de marzo cuando comenzaron a sonar cada vez con mayor intensidad los primeros acordes del Concierto N°2. Como sabemos, hay un copioso número de grabaciones comerciales e innumerables interpretaciones en las principales salas de todo el mundo. El reto que debe afrontar cualquier pianista que comienza con el estudio de esta obra es aportar algo "nuevo" u original ante la gran cantidad de versiones existentes conocidas por cualquier persona; Dichkovskaia, solemne y delicada, demostró tener todas las habilidades musicales incorporadas, ofreciendo una versión conservadora y profunda de esta escritura.
La introducción del tema en el idílico 2° movimiento a cargo de la flauta solista de Guillermo Irusta estuvo correcta. Un desafío instrumental notable para ambas obras le tocó al clarinete, Sofía Kujta, quien tuvo un muy buen desempeño entre la conversación que mantiene con el piano y luego sus intervenciones en la Sinfonía.
Yeruham Scharovsky : equilibrio entre tradición e innovación
La batuta siempre en lo cierto de la mano del maestro invitado, pidió todo a la orquesta: profundidad tímbrica, brillo, variedad de colores y un gran manejo de intensidades, por su parte la orquesta, lo ofreció todo también.
Los movimientos "cristalinos" en la dirección de ambas obras se transformaron en pedidos correspondidos en tiempo y forma por una orquesta que fluía sin pausas en toda su extensión.
Función del viernes 15/3/24 - 20h
Salón Auditorio Nacional del CCK
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes