Brillante desempeño de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en su primer concierto de la temporada 2025 en el Teatro Colón de Buenos Aires
Brillante desempeño de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en su primer concierto de la temporada 2025 en el Teatro Colón de Buenos Aires
PROGRAMA:
Parte I
Missy Mazzoli
(1980)
Sinfonia (for Orbiting Spheres) (2014, rev. 2016)
Benjamin Britten
(1913-1976)
Concierto para violín y orquesta, op. 15
I Moderato con moto – Agitato – Tempo primo
II Vivace – Animando – Largamente – Cadenza
III Passacaglia: Andante lento (Un poco meno mosso)
Violín solista: Roman Simovic
Parte II
Dmitri Shostakovich
(1906-1975)
Sinfonía nº 1 en fa menor, op. 10
I Allegretto – Allegro non troppo
II Allegro – Meno mosso – Allegro – Meno mosso
III Lento – Largo – Lento (attacca)
IV Allegro molto – Lento – Allegro molto – Meno mosso – Allegro molto – Molto meno mosso – Adagio
Dirección Orquestal: M° Baldur Brönnimann
La compositora neoyorquina escribió esta Sinfonía con la idea de establecer la forma de un sistema solar, compuesta por pequeñas frases sonoras que giran entre sí dentro del universo orquestal, en el escueto discurso musical, el sonido transformado, por momentos vibrantes, otros difusos, disonantes se acerca y se aleja del oyente con la misma sutileza con la que podemos imaginar la interacción de los astros en el universo. Una joya musical que trae la contemporaneidad en tiempos de dar valor y lugar a las compositoras mujeres.
Un tímido solo de timbales da la introducción al Concierto para violín y orquesta Op.15 y a partir de allí se elabora una serie de secciones donde el violín expone una melodía, la más lírica de toda la obra, pronto abandona esa línea y conversa de manera eufórica con la mayoría de los instrumentos. Es un gran concierto no solo por sus características al límite del género sino porque mantiene en vilo a la audiencia hasta el último compás. Le llevó a Britten poco más de un año escribir este entramando entre lo virtuoso y lo complejo que también lo es para toda la orquesta, no dejó nada sin que el violín tenga para resolver: pizzicato, punteo con la mano izquierda, frases de arco, pasajes muy veloces en spiccato, glissando con marcación pianísimo, melodía sostenida en alturas extremas, cadenzas largas aparentemente inabordables.
La Orquesta Filarmónica acompañó con gran pericia las partes del tutti a la vez que se distinguieron los solistas en las pequeñas intervenciones de cada movimiento, así mismo destaco la participación de la tuba con un sonido grande, claro y parejo a cargo de Andrés Nicolasa conversando con el violín solo, donde el compositor británico agrega esta intervención poco habitual intercambiando tuba baja y tuba de contrabajo y agregando además en uno de los pasajes sordina en busca de una sonoridad más apagada y oscura. Un gran aporte a este ambiente también lo ofreció el trombón bajo, en boca de Jorge Ramírez Cáceres, cuyo sonido invadió amablemente la sala.
Por su parte, el violinista ruso Roman Simovic simplemente descolló abordando cómodamente los tres movimientos sin respiro entre uno y otro; visiblemente apasionado y concentrado en su destreza y en la endiablada trama melódica, mantuvo una conexión permanente en miradas y gestos con el concertino de la Filarmónica. Una de las características más difíciles de superar en esta partitura es mantener la afinación rigurosamente alta durante toda la obra y este experimentado violinista, actual concertino de la Orquesta Sinfónica de Londres reunió magistralmente todas estas facetas.
El violín con el que toca Roman Simovic es un Stradivari, 1709 prestado por el coleccionista y filántropo Jonathan Moulds. Nada más acertado que abrir la temporada con figuras invitadas de la talla de Simovic para “calentar los motores” de todo el año.
Fuera de programa el violinista regaló una versión superlativa de la Sonata N° 3 Op.27 para violín solo del compositor belga Eugéne Ysayë.
La Sinfonía N° 1 de Shostakovich es una obra extraordinaria compuesta por un flamante compositor de solo 19 años, compuesta entre los años 1923 y 1925 para su trabajo de graduación. Si bien es una obra tonal, está repleta de pasajes disonantes y atonales que realzan el estilo disruptivo y desafiante del joven compositor imponiendo su gran personalidad desde el principio.
La obra precoz llena de elementos poco convencionales que podrían definir una sinfonía: contrastes rítmicos, sonoros, cambios de carácter, melodías rápidas y pasajeras intensifican de alguna manera la impronta tan decidida del compositor, una obra marcada por los desarrollos históricos vividos con la misma agitación que pronto Shostakovich lo declara en el pentagrama. La orquesta puso a disposición su aptitud interpretativa al mando de la avezada batuta del director suizo Baldur Brönnimann quien llevó al grupo a alcanzar sonidos tan disímiles como semejantes dentro del gran arsenal expresivo que ofrecen estás obras, logrando unidad, desenvolvimiento y calidad sonora tanto en el conjunto como en las individualidades.
Función del sábado 15 de marzo de 2025 en la sala principal del Teatro Colón.
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Universidad Nacional de las Artes