Tres miradas en tres siglos dieron cita a la segunda función de abono de la Filarmónica de Buenos Aires
Tres miradas en tres siglos dieron cita a la segunda función de abono de la Filarmónica de Buenos Aires
PARTE I
Marianne von Martines (1744-1812)
Sinfonía en do mayor (1770) *
I Allegro con spirito
II Andante ma non troppo
III Allegro spiritoso
Amy Beach (1867-1944)
Concierto para piano y orquesta en do sostenido menor, op. 45 (1899) *
I Allegro moderato
II Scherzo: Vivace (Perpetuum mobile)
III Largo
IV Allegro con scioltezza
* ESTRENOS EN ARGENTINA
PARTE II
Robert Schumann (1810-1856)
Sinfonía n° 1 en si bemol mayor, op. 38, «Primavera» (1841)
I Andante un poco maestoso - Allegro molto vivace
II Larghetto
III Scherzo. Molto vivace
IV Allegro animato e grazioso
Dirección orquestal: Zoe Zeniodi
Piano: Asiya Korepanova
Una tríada femenina muy bien elaborada: obra, solista y dirección.
La programación de la orquesta filarmónica para la segunda presentación del año y la primera con su directora titular, la griega Zoe Zeniodi ideó un encuentro singular, acompañando el rol de la mujer en sus varias facetas previo al día internacional con obras creadas por mujeres que unen siglos de música y cultura.
Si bien la época en la que nació y se desarrolló Marianne von Martines, dejaba bastante liberado el cuestionamiento de las estructuras sociales debido al avance del período de la Ilustración, no todo estaba permitido para que las mujeres se desarrollaran en los ámbitos artísticos; más bien llevaban una vida adecuada al servicio de la maternidad que era la tarea más importante: criar muchos hijos para asegurar la futura mano de obra en el campo, zona con el mayor porcentaje de población. La compositora vienesa tuvo otro tipo de suerte ya que su familia de origen español, se instaló en el gran edificio Michelerplatz de Viena habitado por grandes intelectuales de la época como el poeta italiano Pietro Trapassi, conocido como Metastasio, el compositor y maestro de canto italiano Nicola Porpora, también la familia perteneciente a la nobleza de Hungría, Esterházy y el ático del lugar lo ocupaba nada menos que Joseph Haydn. Rodeada de toda esta “estirpe cultural” pronto comenzó a recibir lecciones de música y gracias a Metastasio que descubrió su facilidad es que von Martines pudo tener una buena educación musical y general.
Se estima que la sinfonía n° 1 fue la única compuesta alrededor del año 1770 con una clara y definitiva impronta mozartiana, contiene tres movimientos notablemente más cortos en relación a Sinfonías de Haydn o del propio Mozart; esto puede deberse a que su obra se ampara nominalmente al género obertura. Y así, con esta partitura que podría también estar enmarcada como sinfonía italiana de ópera abrió el concierto filarmónica de Buenos Aires lo hizo con un generoso sonido mozartiano, a la vez que con detalles exquisitos de marcación rítmica y claros matices indicados por la batuta de Zeniodi.
Con una extensión al límite de cualquier concierto para piano y orquesta, esta obra que marca una trascendencia muy importante para el piano estadounidense de fin de siglo XIX, creada por la compositora Amy Beach supera expectativas en su trazado musical casi carente de pianísimos, aunque para muchos críticos la obra es calificada de diversas maneras su trama y su disruptivo encadenado entre movimientos no pasa desapercibido. Aliada a las tradiciones sinfónicas de Brahms de expandir a menudo la forma, Beach agrega un scherzo dando de esa manera no solo mayor extensión sino además profundidad a la expresión musical y a la complejidad técnica que de por sí tiene.
Es una obra exigida y para improntas de mucha fuerza y convicción como es el ejemplo de la pianista rusa que debutó con este concierto en el Teatro Colón y dejó al público impresionado por la energía y resistencia con la que tocó los cuatro movimientos a los que no les faltó ninguna dificultad en la partitura. Asiya Korepanova sostuvo una admirable performance de principio a fin y una impresionante relación de fuerza - equilibrio con el piano y con la orquesta que por su parte acompañó acertadamente cada paso de la pianista.
Fuera de programa y con el entusiasmo original del principio, Korepanova ofreció dos transcripciones de su autoría: en primer lugar Adagio de la rosa del ballet La bella durmiente de Piotr Tchaikovsky y por último María de West Side Story de L. Bernstein
La segunda parte: el elixir de Robert Schumann
Una apacible sinfonía que el propio compositor tildó de alegre, positiva y esperanzadora, quizás la menos romántica de todas, con carácter festivo y un ritmo preciso que domina los animados cambios de tempo con una gran perfección. La Sinfonía “Frühlings” se estrenó en Leipzig el 31 de marzo de 1841 por la Orquesta Gewandhaus de Leipzig, dirigida por Felix Mendelssohn y tuvo una gran aceptación del público y de la crítica en general.
Destaco la fanfarria a cargo de los metales que abren el primer movimiento y también la intervención en el cierre junto con la percusión; muy correcta fue la ejecución de los frecuentes “fortepiano” de toda la orquesta en el segundo movimiento, el grupo de cuerdas sólidamente alineadas también tuvo una destacada intervención en la obra. La dirección musical a cargo de su directora titular fue siempre muy directa, clara y con grandes intenciones de alivianar la textura en el devenir musical de un Schumann que sonó auténtico y certero; una lectura de rutina de una orquesta que se prepara con impulso para transitar exitosamente el resto de la programación anual.
Función del sábado 7 de marzo de 2026 en la sala principal del Teatro Colón.
Por Sabrina Abalo
Lic. en Crítica de Artes
Maestranda en investigación en artes musicales
Universidad Nacional de las Artes