Sopa teóloga

 

La sopa teóloga

 

 

Por: César COLOMA PORCARI

 

Presidente del Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo

 

 

 

Nuestra sopa teóloga es muy apreciada y hasta el ilustre Felipe Pardo y Aliaga la alaba en su comedia “Frutos de la educación”, de 1828:

 

“Lleno hasta el borde me sirve / Un plato de sopa. “¿Tanto, / Marqués?”, “Coma usted, amigo, / “Que está delicioso el caldo, / “Y puede esta sopa teóloga, / “Presentarse a un soberano”/ ” (sic) (“Poesías y escritos en prosa de don Felipe Pardo”, París, Imprenta de los Caminos de Hierro, 1869, p. 159).

 

Ricardo Palma también la ensalza, comentando “un festín de familia en el que lucía... la sopa teóloga con menudillos”; refiriéndose a un fraile “que así hilvanaba un sermón como devoraba... una sopa teóloga con prosaicas tajadas de tocino” y que “hizo cumplido honor a la mesa” del virrey Abascal; y recordando un banquete que los frailes dominicos ofrecieron en 1608, “pero ¡qué banquete! Hubo sopa teóloga...” (“Tradiciones peruanas”, Espasa-Calpe, 1983, t. 1, pp. 205, 352; t. 3, p. 224).

 

A fines del siglo XIX, Ernst W. Middendorf afirmaba que “Entre las sopas viene en primer lugar la sopa teóloga, consomé marrón oscuro... se ofrece en ocasiones muy particulares, ya que su preparación es bastante laboriosa” (“Perú...”, Lima, UNMSM, 1973, t. 1, p. 180).

 

Josie Sison Porras de De la Guerra recoge una antigua receta de la sopa teóloga: “Hacer un buen caldo con gallina... y... carne de pecho de vacuno... Hacer luego un molido de perejil, pimienta... sal, orégano, 1 ajo, 1 hoja de laurel, canela, clavitos de olor y nuez moscada rallada. Todo esto se fríe en una sartén con... cebolla... tomates... y... ají verde... Se agrega a esto... la gallina deshuesada y cortada en trozos y la carne de vaca cortada en la misma forma. Cuando todo esté frito se agregan aceitunas de botija picadas, pasas rubias sin pepas, huevos duros picaditos, almendras peladas y un poco de vino dulce. Se vierte luego el caldo sobre este ahogado y se deja hervir a fuego lento para que se concentre” (“El Perú y sus manjares...”, Lima, Mastergraf S.A., 1994, p. 208).

 

Disfrutemos pues de la deliciosa y antiquísima sopa teóloga, digna de “un soberano”.

 
 

(Publicado en “El Comercio”, Lima, 9 de agosto de 2004, página b-4).

 

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