Nunca creí en las historias sobre el amor a primera vista. Hasta que me pasó a mí. Cuando vi a Miguel, sentí todos los clichés existentes; el tiempo se detuvo, los latidos de mi corazón se volvieron erráticos, y me sudaron las manos. Se acercó a mí, preguntó mi nombre y se presentó, luego pidió mi número de teléfono. Que felizmente le di.
Pasaron los días y no llamaba, ni siquiera un mensaje en WhatsApp. No lo entendía. Estaba segura de que el también sintió una conexión entre nosotros. Tuve que hacer algo al respecto. Si él no venía a mí, yo iría a él. Al fin y al cabo, Internet es un arma de doble filo. Encontré su página de Facebook fácilmente y no fue difícil encontrarnos de nuevo. Él se mostró sorprendido y algo avergonzado cuando nos encontramos "casualmente" en una cafetería en el centro. Hablamos y coqueteamos. Esa misma noche me llamó y me pidió una cita. Fue un caballero...
Después de varias salidas, empezamos oficialmente a ser pareja. Pero como toda relación hubo problemas: a sus padres no les gustaba. Eran idiotas egocéntricos que solo presionaban y atormentaban a Miguel. Obtuvieron lo que merecían cuando corté los frenos de su auto cuando se dirigían a una escapada "romántica". No quise hacerlo, pero debía hacerse.
Miguel estaba destrozado, a pesar de ser pésimos padres (según mi opinión), él los amaba. Como buena novia estuve ahí para él; lo cuidé y me encargué de su comodidad. Después de un duro año, comenzó a superarlo, me pidió que me mudará con él y acepté obviamente. Fue muy divertido, teníamos tantas cosas en común que la convivencia no fue extraña. Una noche al fin dijo que me amaba, fue la mejor noche de mi vida. Todo era perfecto. Hasta que sus amigos intentaron separarnos. Esos malditos ¿No veían que él estaba muy feliz conmigo? Yo era lo único que necesitaba.
Pablo fue el primero en irse. Dijo que era muy controladora y tóxica. Fui a su casa mientras estaba en el trabajo y cambié su medicamento para la epilepsia con analgésicos. Después de tres días nos enteramos que tuvo un fuerte ataque en la ducha y se ahogó con su lengua. Horrible. Lo sé, pero debía hacerse.
Francisco me llamó loca sicópata y fue difícil de tratar. Era como si supiera que iba tras el. Fui a su casa en medio de la noche. Cuando abrió la puerta se mostró cauteloso, sin perder el tiempo salté sobre él y le clavé el cuchillo que traía escondido. Fue como si una furia ciega me dominará. Lo apuñalé sin parar hasta que sus vísceras mancharon mi ropa y cabello. Me limpié lo mejor que pude y volví a casa con mi amor.
Jeremy… Fue vergonzoso por lo fácil que fue. Lo encontré en un bar borracho. Un pequeño coqueteo inofensivo, y luego lo invité al baño; y, bueno...Ya tenía experiencia con el cuchillo.
Al fin nadie podía separarnos.
Canté victoria demasiado rápido. El comenzó a volver se problemático. Ya no quería pasar tiempo conmigo. Después de enterarse de la muerte de sus amigos. Solía pasar mucho tiempo fuera y ya no me prestaba atención.
Tenía que solucionarlo.
Solía montar su moto todo el tiempo ¿No sabía lo peligroso que era?, se lo advertí muchas veces. Solo un ajuste en el manubrio, nada serio. Se rompió la pierna. No era lo que quería, pero sirvió para quedarse más tiempo en casa a mi lado. Al pasar los años surgieron más problemas. Quería tiempo o eso dijo. Para saber lo que quería en su futuro.
Fue desafortunado que alguien derramará ácido en sus ojos. Sus hermosos ojos. Lo acompañé todo el proceso de recuperación, lastimosamente jamás volverá a ver. Después de saber esa devastadora noticia se aferró a mí con todo su ser. Incluso me pidió matrimonio.
Hoy en día aún somos muy felices. Si aparecen más problemas. Los solucionaré.
Fin
(Basado en hechos reales, quizás...)
Sobre la autora:
Cecilia Marisol Lopez Gamarra
Paraguay