Estoy sentada sobre el cofre de una patrulla. Las luces rojas y azules me permiten ver mis tenis en la oscuridad. No parecen haberse manchado, al contrario de mi camiseta y pantalones que están arruinados. Siento los ojos hinchados de llorar y una sequedad en la garganta. Los labios partidos. Sólo quedo yo. Uno por uno han venido por mis amigos. Veo a mi madre a la distancia y mientras corro hacia ella, las lágrimas comienzan a brotar de nuevo en un esfuerzo por ser reconocidas.
No se supone que terminara así. Era un día especial…
Me vestí con una camiseta de cuello rosado, unos pantalones de mezclilla y unos tenis negros deportivos. Había estado esperando todo el año por este día, el día de la feria del pueblo, el único día del año donde mis padres me dejaban salir con mis amigos sin compañía y comer comida chatarra toda la tarde hasta vomitar.
Me miré en el espejo una última vez, acomodé mi cabello con la mano y me relamí los labios para que tuvieran un brillo natural, solía hacer eso, era como una manía. Bajé las escaleras corriendo, recibiendo un regaño de mi madre por eso, no me importó mucho, estaba emocionada y tenía una actitud energética ese día.
—Ya me voy.
—Está bien cariño, vuelve para la cena.
Asentí, volví a mi padre para despedirme pero este se encontraba durmiendo plácidamente en el sofá de la casa, no quise despertarlo, salí y tomé la bicicleta, me coloqué el casco que mamá me obligaba a usar y pedaleé hasta el lugar donde se armaría la feria.
Cuando llegué logré visualizar a unas personas comprando helado en uno de los puestos, niños jugando en las atracciones y otros vomitando cerca de ellas, a lo lejos pude ver a Michele, Sarah, Jack, Carl y Chester, o como solíamos llamarlo, Chester Cheetos, al verme Michele levantó su brazo saludándome con emoción, me dirigí hacía ellos para saludarnos.
—Te ves bien.
Dijo Sarah al verme, en realidad ella se veía mejor, llevaba un vestido largo y violeta, que combinaba con su piel morena y cabello chino, Michele llevaba una camiseta amarilla con una frase que decía “se tú mismo”, unos pantalones apretados y las manos llenas de pulseras de plástico. Jack, Carl y Chester llevaban algo simple, los tres llevaban pantalón de mezclilla, Jack llevaba una camisa negra, Carl un suéter rojo sangre que le quedaba bastante grande y Chester vestía una camiseta blanca y una chaqueta pasada de moda con un tigre dibujado por detrás.
—Gracias, todos se ven bien.
Al lado de Carl pude ver una niña pequeña con un vestido rosa pastel y unas coletas.
—Oh, ella es mi hermana, mis padres salieron así que tuve que llevarla conmigo, es un poco tímida.
Igual que su hermano, pensé.
—Deberíamos empezar a subirnos a las atracciones, si no llegará más gente y la cola será más larga.
Todos asentimos, nos separamos en grupos, Jack, Carl y Chester fueron a probar las atracciones, Michele, Sarah, la hermana de Carl y yo fuimos a comprar chucherías, pensamos que alrededor de mujeres la hermana de Carl se sentiría más cómoda, realmente, yo le veía igual, pero al menos ya no ocultaba detrás de su hermano.
Charlamos un rato mientras comíamos algodón de azúcar, a veces intentábamos hablar de programas de TV para incluir a la hermana de Carl a la conversación, lo que solo resultaba aún más incómodo, cuando nos cansamos de caminar nos sentamos en una banca que estaba a un lado de un puesto de Hot dogs.
En un momento dado la hermana de Carl tomó mi mano llamando mi atención, con su dedo apuntó hacía un hombre vestido de payaso, desde pequeña había tenido un gran miedo hacia los payasos, pero era la hermana de Carl, no podía quedar como cobarde frente a una niña menor que yo, intenté hacerme la valiente y la miré.
—Oh, ¿quieres tomarte una foto con el payaso?
Esperando una negación recibí todo lo contrario, supongo que fue una pregunta tonta, le avisé a Michele y Sarah que llevaría a la hermana de Carl a tomarse una foto con el payaso, tomé la mano de esta y nos dirigimos hacía el payaso quien se encontraba bailando y divirtiendo a un grupo de niños.
Cuando estuvimos lo suficientemente cerca lo examiné con más detenimiento, su cara estaba pintada de color blanco, remarcando sus ojos con pintura azul, su boca era delineada con un color rojo intenso que por el posible sudor del hombre se estaba cayendo haciéndolo ver triste
—Di..disculpe, ¿podríamos tomarnos una foto con usted?
El hombre asintió y se puso detrás de nosotras, un camarógrafo que parecía ser su amigo se nos acercó y tomó la foto, aquellos segundos se sintieron como una eternidad para mí, cuando por fin tomó la foto correctamente nos separamos.
—¡Espera!
Antes de que pudiéramos irnos el payaso tomó de mi muñeca con agresividad, me quedé quieta y con los pelos de punta hasta que este sacó un globo con forma de corazón, me alivié al saber que solo era eso, lo tomé y se lo di a la hermana de Carl, esta parecía impresionada con el globo.
—Gracias.
La tarde había pasado rápido, cuando la noche se hizo presente todos nos juntamos en el centro de la feria, hablamos de todo un rato y comimos muchas golosinas, la hermana de Carl parecía feliz, me sentí bien por esto, después de todo mis esfuerzos por guardar la compostura frente al payaso dieron frutos.
—Si quieres puedo cuidarlo por ti.
La hermana de Carl asintió y le entregó su globo a su hermano, Jack vio esto como una oportunidad y decidió arrebatárselo.
—¡Oye! Devuélvelo, no es tuyo.
—¿Y qué harás entonces eh?
A veces Carl y Jack solían tener pequeñas peleas amistosas, esta no fue una excepción, Carl intentó quitarle el globo a Jack, cosa que no fue sencillo por la enorme diferencia de estatura entre ambos, todos reíamos incluyendo a la hermana de Carl, era una escena bastante graciosa, todo era risas y felicidad hasta el momento en el que Jack pensó que reventar el globo con el palo de un algodón de azúcar sería buena idea, si no lo hubiera hecho, si tan solo no lo hubiera hecho, las cosas hubieran sido diferentes, todos hubiéramos regresado a casa riendo y contando chistes malos, pero no pasó, el globo era de un color rojo sangre, por lo que pasó desapercibido por todos, pero cuando lo reventó quedamos atónitos, del globo una sustancia algo viscosa y rojiza salió disparada por todos lados, ensuciándonos a todos y a las personas que se encontraban cerca con sus hijos, todo pasó tan rápido, estábamos aturdidos, toqué mi cara la cual estaba llena de este líquido, Michele y Sarah me miraron aterradas, tomé un poco entre mis manos y lo olí, un olor familiar, pero a la vez desconocido, un olor a hierro, un olor a sangre.
Sobre la autora:
JEIMY ALESSANDRA SÁNCHEZ GALVÁN
13 AÑOS
MATAMOROS, TAMAULIPAS, MÉXICO