Ayer dormí temprano, solo con la excusa de estar cansado, cansado de la vida, cansado de todo por lo que he pasado. No sé qué podría hacer para cambiar, cambiar esto que tanto duele, quisiera que ya no doliera más, porque duele hasta cuando tengo que respirar. Mis ojos se cerraron y entre sueños mi cuerpo quedó inerte e inmovilizado mientras un susurro se escuchaba a mi costado: tranquilo no te hare daño; no vine por ti, solo estaba de paso, veo que te sientes hundido en el fracaso y piensas que no habrá mas salida que el eterno descanso. Solo te puedo decir que la paz y felicidad está en tu interior, aunque tú no puedas verlo tienes poco tiempo, no lo desperdicies en pensar que no puedes tenerlo. Sal y disfruta el día de mañana; tu tiempo es lento, rápido se acaba.
Un escalofrío me inundó por dentro por más que intentaba verle, no podía; solo le preguntaba ¿quien eres? ¿que es lo que quieres? Mi cuerpo y su peso no me dejaba moverme. Sentía miedo, pero, al mismo tiempo paz, una que nunca voy a olvidar. Está bien, haré lo que has dicho. No sé, si solo lo pensé o si lo dije entre respiros. Desperté, sudaba y estaba agitado. Ahora, solo pienso en realizar lo prometido.
Sobre el autor:
Seto Cedillo