Oscar era un joven prometedor , estudiante y bueno amigo del barrio más peligroso del Callao. Su niñez fue tormentosa, llena de mucha delincuencia, hambruna y pobreza, donde la imagen paternal no existía. Su vida giraba alrededor de asaltos, visitas constantes a la cárcel, pero sus agravantes y su buen comportamiento lo dejaban libre en poco tiempo para luego seguir delinquiendo, ya que era todo lo que sabía hacer.
Oscar sufría constantemente de una depresión, esta lo hundía más y más a una absoluta inexistencia, quitarse la vida era la única opción; pero, no sabía cómo hacerlo, y temía el dolor que produjera. Por su cabeza pasaban mil maneras de quitarse la vida, pero todas eran muy dolorosas, mientras esto lo atormentaba, más fuerte era su convicción.
Cierta mañana después de haber bebido durante algunos días decidió salir de casa, caminar rumbo a la estación del tren, entre la multitud y buscar el lugar para lanzarse contra los rieles. Así, su alma le fue arrancada de su cuerpo tan violentamente sin dolor.
Fue llevado en hombros, en un ataúd tan frío como el corazón de muchos que supuestamente lo querían, bajo un ambiente gris, hacia el pabellón santa Teresita, aquel donde la miseria es aceptada, allí no existe el lujo, ni rechazo para el más miserable mendigo.
El cajón fue llevado entre cuatro personas, delante del féretro un cura entraba en un trance religioso obsesivo, cual palabras las gritaba a cada paso que daba “Dios acoge este cuerpo de tu siervo Oscar, recíbelo en tu seno, dale paz eterna señor, te pido señor”. Su atuendo blanco reluce entre aquellos seres que lo acompañaban, en una mano sujetaba una pequeña botella de agua bendita, salpicando a todos a cada paso que daba. El lugar se hacía más pesado conforme nos adentrábamos, sentía una asfixia terrible, el olor a muerte se hacía presente, se hacían presentes malas energías en todo el lugar.
Así es Santa Teresita, aquel pabellón de almas sin consuelo, sin perdón, odiaba a todo cuerpo inerte que se avecinara tan solo a pisar el lugar, de este histórico cementerio Baquíjano del Callao. Es aquí donde vino a dar Oscar, sin saber que su alma estaba ya condenada. Aún así sin saber de ello el cura seguía sus rezos con mucha devoción, nadie sabía que en aquel lugar cientos de almas claman misericordia, los gritos se perdían en el día claro sin nubes en el cielo, el mal con sus garras se ha apoderó de todos ellos, mientras estas se retorcían de dolor esclavizados eternamente. El cuerpo de Oscar no le pertenecía, pero la oscuridad lo reclamaba. Su alma gritaba, pero nadie lo escucha, trataba de huir de ellos, pero era en vano, no había escapatoria. Aquellas almas negras esperaban la noche para acariciarlo, adueñarse de ese ser miserable. Mientras de algunos pabellones cercanos, otras almas se lamentaban al ver aquel destino, una de ellas exclamó, con aspecto envejecido, como resignado a seguir vagando entre aquellos pabellones.
—Maldito aquel que pisa este lugar, pues ya es condenado al calvario eterno, a los castigos del maligno, al eterno fuego del azufre, de la lujuria la aberración, que nadie espere ayudarlo, aquel que lo haga arrastrado será.
Este sufrirá el dolor más grande como aquel que yace en camino, no existe alma que lo soporte. Su agonía será eterna. Sea Dios quien acaricie con su poder y lo arrastre a la salvación.
El atardecer se va escapando, la noche ya va cayendo, algunas almas se refugian nuevamente en sus nichos, mientras los perros aullaban anunciando la salida de todos los maldecidos, las aves escapaban de aquel lugar despavoridas. Cada mortal abandonaba entre lágrimas el adiós a Oscar, mientras dos hombres tapaban el nicho. Los gritos van recorriendo por los pasajes rumbo al nicho de Oscar, Bienvenido a la tierra maldita, bienvenido al pabellón Santa Teresita.
Sobre el autor:
Luis Eduardo Saravia Parione
edutera@hotmail.com
29/11/1975
peruano
Escritor peruano. Hijo de padres militares, a muy temprana edad le inculcaron el amor a la patria, estudió la carrera de Administración Hotelera , y la especialidad de administrador en Bar, dedicándose a la coctelería hasta la actualidad con 16 años ininterrumpidos.