Luma, la bruja, como se le conoce en el pueblo, impuso su temerario poderío en el umbral del nuevo bodegón Aquí me quedo, aquella noche. Luma no es el arquetipo de la hechicera común; de nariz ganchuda, ojos saltones, uñas como garras, figura enjuta, fétido olor y pelo ralo. Al contrario, es una mujer sensual, seductora con figura de diosa, piel sedosa y presencia agradable, así como con unos hermosos ojos azules que embriagan al mirarlos.
Decidida, con paso firme y riendo a carcajadas, con un ramo de pasiflora azotó los costados de un parroquiano. El único que al parecer tenía un aura de inocencia y que, absorto en su celular, nunca la vio frente a él. Desde el fondo del salón se escuchó una sonora voz de mujer que advertía: ¡presta atención, ten cuidado Diosdado!, pero él nunca se enteró.
Luma miró al varón, lo besó hondamente y le susurró algo ininteligible al oído. El hombre sintió vértigo, que le faltaba el aliento, sudaba copiosamente y le flaqueaban las piernas. Deseó girar sobre sus talones y comenzar a correr, pero quedó petrificado porque la bruja tenía apoyada la mano fría como el hielo en su hombro. Ella sonreía mientras le colocaba una navaja de barbero en las manos diciéndole: - eres mío y ahora demuéstramelo-. Entonces el hombre se transformó en un ángel del mal. En un verdadero demonio y sus ojos se pusieron duros hasta que se hicieron fuego. Acto seguido, se le marcaron, en la frente, unas notables alas de cuervo y la gente gritó al verlas.
Inmediatamente resonó un chasquido y todo quedó a oscuras en el local. Empezaron a imponerse los gritos, las palabrotas y los improperios, así como los empujones a diestra y siniestra en el recinto. La gente aterrorizada buscaba dar, sin éxito, con las puertas de salida para librarse de aquella atmósfera y tal vez salvar el pellejo. Entonces se formó un sálvese quien pueda en donde unos pobres diablos negros vestidos de fieras, encontraron la muerte tras el sortilegio de Luma.
¿Qué le habrá dicho la bruja al pobre infeliz? ¿Quiénes escucharon su maleficio? Si alguien lo hizo, jamás tendrá el suficiente valor de repetirlo, no sea que se reviertan las palabras de aquella maldita mujer.
Algunos gritaban que el diablo andaba suelto y vino a llevarse el pago de par de almas. Alguien atinó a dar un poco de luz con su celular y los parroquianos comenzaron a desalojar despavoridos el siniestro lugar y a persignarse mientras movían sus labios sin sentido. El tabernero y las meseras incrédulas maldijeron y corrieron también, confundidos sin saber a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió ni cómo.
Luma desapareció como en un acto de magia, pero sus carcajadas siniestras no dejaron de escucharse y su eco traspasaba todas las paredes como un maleficio, alojándose en todos los rincones del lugar, como la hiedra. ¡Tal vez nunca se sabrá! Mientras a lo lejos, se hacían reales los aullidos impacientes de unos perros satos en la alta noche.
Sobre el autor:
Antonio Ramírez Córdova
antonpr.41@gmail.com
Nació el 2 de septiembre de 1941 en Puerto Rico. Es poeta, dramaturgo, ensayista, narrador, crítico literario y catedrático universitario jubilado. Su quehacer literario comenzó en la Universidad de Barcelona, mientras estudiaba en la Facultad de Derecho. Su teatro El Equilibrista I le valió el segundo lugar en el 25º Certamen de la Universidad Politécnica de Puerto Rico (2020). La Editorial del Instituto de Cultura publicó seis obras de teatro en su edición #14 “Lo distinto” (2021).