Un embrujo de espanto, repulsivo, maloliente
para canalizar almas incautas hacia el camino del mal.
Cinco hongos venenosos de ciénaga verdosa,
diez cucharadas de barro pantanoso,
once pétalos resecos de sepultura olvidada,
un poco de hedor de lúgubres cavernas,
y el raspado de herrumbre de cadenas de mazmorras.
Medio kilo de escombros de vertedero ilegal,
con un cuarto de agua contaminada mezclarlo con afán.
Agregue dos puñados de tierra de bosques arrasados,
unas bocanadas de humo negro…,
puede ser de vehículos o de incendios,
más tres gritos desesperanzados y uno de terror,
añadir seis flores negras de tumbas de asesinos,
mil perdigones ensangrentados,
un trozo pequeño de esperanza destrozada
y nueve lágrimas de una cuenca vaciada,
tres gritos aterrados de tortura y violación,
un puñado de plumas de ángeles pisoteados,
más el corazón de un animal explotado…
Un manojo de ramas de escoba maldita,
de una bruja oscura y maligna,
salpicadura de baba rebosante de odio
de un orco verde y despiadado.
Sazone con maldad pura y agregue un litro de dolor,
revuelva por media hora en el caldero más oscuro,
sobre las brasas de un infierno propio o ajeno.
Cuando suelte el espantoso hervor,
vigile la purulencia y el horror.
Deje reposar diez minutos semi tapado.
Luego que se enfríe el brebaje del averno,
con sonrisa macabra envase la poción.
Sobre el autor:
Elizabeth Del Carmen Carrizo Catalán (Liz)
30 junio 1960
La Foresta Puente Alto- Santiago Chile
lizaluna@msn.com