La despolarización es un fenómeno poco estudiado aún. La evidencia empírica sobre la despolarización es considerablemente más escasa que la relativa a los procesos de polarización. La despolarización es un fenómeno que resulta más difícil de observar y medir que su opuesto, y en parte porque el declive de los conflictos tiende a generar menos atención investigadora que su escalada. No obstante, la literatura disponible permite identificar un conjunto de variables mitigadoras con respaldo empírico.
a) Flexibilidad cognitiva: dicha flexibilidad alude a la capacidad de considerar múltiples perspectivas, tolerar la ambigüedad y revisar las creencias a la luz de nueva evidencia. Tanto a nivel colectivo como individual, la apertura mental y el pensamiento analítico reducen la susceptibilidad a los sesgos cognitivos que alimentan la polarización (Pennycook & Rand, 2019).
b) Conocimiento profundo del tema en debate: la ignorancia combinada con el exceso de emotividad son el mejor “caldo de cultivo” para la polarización. El conocimiento crítico respecto de un tema conduce a la cautela y a la moderación: quienes más saben sobre un asunto complejo son también quienes mejor comprenden sus aristas y matices y tienen mayor capacidad para reconocer y legitimar las posiciones rivales. Fernbach et al. (2013) demostraron que pedir a los ciudadanos que expliquen detalladamente los mecanismos de las políticas que apoyan reduce su certeza y su radicalismo.
a) El rol cohesionador de una clase media robusta: la existencia de una amplia clase media actúa como colchón social que reduce las brechas entre los extremos de la distribución socioeconómica. Las sociedades con clases medias sólidas tienden a presentar menores niveles de polarización ideológica y afectiva (Alesina & Glaeser, 2004).
b) Crecimiento económico balanceado: el desarrollo económico equitativo, que reduce las brechas de ingreso y acceso a oportunidades, elimina o atenúa algunas de las fuentes estructurales del resentimiento social que alimentan la polarización. Esto muestra que hay relación estrecha entre injusticia social y polarización. La investigación comparada sugiere que las sociedades más igualitarias tienden a ser también más cohesionadas y menos polarizadas (Wilkinson & Pickett, 2009).
a) El liderazgo sociopolítico responsable y ético: los líderes que adoptan retóricas de puente, que reconocen la legitimidad del adversario y que priorizan el bien común sobre el rédito electoral tienen efectos modeladores sobre el clima de opinión pública. La responsabilidad de las élites en la moderación del conflicto político es uno de los factores más determinante en los procesos de despolarización (Levitsky & Ziblatt, 2018). Esto es precisamente uno de los reflejos políticos que está faltando en el contexto político de muchos países (Colombia, Ecuador, Perú…).
b) El funcionamiento técnico de los algoritmos de las plataformas: las decisiones de diseño sobre cómo los algoritmos seleccionan y ordenan contenidos tienen efectos directos sobre la polarización digital. Cambios en estos algoritmos —por ejemplo, priorizando la diversidad de fuentes o reduciendo la “viralidad” del contenido emocionalmente activador— pueden mitigar las dinámicas de radicalización en línea.
c) La actitud crítica para superar el efecto de las cámaras de eco: La educación mediática y el desarrollo de la capacidad de evaluación crítica de fuentes e información son antídotos cognitivos frente a la polarización digital. La investigación sobre alfabetización mediática sugiere que las personas formadas en el análisis crítico de medios son menos susceptibles a los bulos y a la radicalización algorítmica (Vraga & Tully, 2021).