El significado etimológico de enfermedad se deriva de infirmitas, que significa ‘falta de firmeza’. «Crónica» se deriva de Chronos (dios del tiempo) y significa ‘relativo al tiempo’.
La medicina convencional (OMS) define la enfermedad no transmisible o crónica como aquella patología de larga duración (más de seis meses), por lo general de progresión lenta, y cuya curación no puede preverse. Los cuatro tipos principales de enfermedades no transmisibles o crónicas son las enfermedades cardiovasculares (como los ataques cardíacos o los accidentes cerebrovasculares), el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas (como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el asma) y la diabetes.
Estas enfermedades representan, con diferencia, la causa de defunción más importante del mundo, pues acaparan el sesenta y tres por ciento del número total de muertes anuales: más de treinta y seis millones de personas cada año. Cerca del ochenta por ciento de las muertes por enfermedades crónicas se concentran en los países de ingresos bajos o medios. Más de nueve millones de muertes se producen en personas menores de sesenta años.
Las enfermedades cardiovasculares suponen la mayoría de las defunciones por enfermedades crónicas no transmisibles (17,3 millones cada año), seguidas del cáncer (7,6 millones), las enfermedades respiratorias (4,2 millones) y la diabetes (1,3 millones). Estos cuatro grupos de enfermedades son las responsables de alrededor del ochenta por ciento de las muertes por enfermedades crónicas.
Además, comparten cuatro factores de riesgo: el tabaquismo, el uso nocivo del alcohol, la mala alimentación y la falta de actividad física. En términos mundiales, estas enfermedades afectan por igual a hombres y mujeres.
Las enfermedades crónicas no solo constituyen un problema sanitario, sino también un desafío en materia de desarrollo: empujan a las personas a la pobreza o las mantienen sumidas en ella debido al enorme gasto médico que entrañan.
En 2008, mil quinientos millones de adultos de veinte años o más tenían sobrepeso. Alrededor de cuarenta y tres millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso en 2010.
Para la BD la enfermedad crónica se instala cuando la persona se queda en la primera fase de curación de la enfermedad y no pasa a la acción. O bien cuando no se ha tomado conciencia de la causa emocional del síntoma o enfermedad y la persona se mantiene en el mismo ambiente en el que se ha desencadenado la enfermedad.
La enfermedad crónica está vinculada con las dos fases de la enfermedad que distingue el doctor Hamer en la etapa de reparación o postconflicto-lisis (fase-pcl), una fase exudativa y otra cicatricial, separadas por la crisis épica o epileptoide.
Para pasar a la fase cicatricial es imprescindible la solución del conflicto. Las recaídas continuas interrumpen la fase de curación y prolongan el proceso, de manera que la persona no logra pasar a la fase cicatricial. Para comprender cómo puede reactivarse un síntoma es importante conocer el concepto de engrama
Un engrama es una estructura de interconexión neuronal estable cuyo efecto es la activación en red de un sistema de neuronas. Cuando se ha vivido un impacto emocional, nuestro sistema nervioso grava toda la información visual, auditiva y cinestésica del entorno, de tal manera que todos los componentes sensoriales que rodean la situación desencadenante están íntimamente involucrados en el conflicto. Cada elemento del engrama constituye una pista o ancla que puede activar el conflicto en cualquier momento.
Si la persona está en una fase de curación y entra en contacto con una pista o ancla, sea por contacto directo o por asociación, el conflicto se reactiva rápidamente, pasando de la fase-pcl a la fase-ca. Las pistas son elementos a tener muy presentes ante una enfermedad crónica.
El doctor Hamer define como síndrome a una situación en la que hay simultáneamente dos impactos emocionales en diferentes fases, uno en fase activa y otro en fase de solución. Cuando además tenemos un conflicto en fase-pcl combinado con un conflicto activo de existencia, de refugiado o de sentirse solo en el mundo, el programa que se estimula es la retención de líquidos: recuperar agua para asegurar la supervivencia.
Cuando a una enfermedad se le aplica el adjetivo «crónica» significa que, salvo excepciones, la curación no va a ser posible. Esto obliga a la persona a adaptar sus ritmos a la enfermedad y a modificar su vida. Por esto es tan importante averiguar si la persona está en un conflicto de diagnóstico activo, experimentado como pérdida de existencia, o soledad, o pérdida de referentes. Cuando un órgano o tejido está en fase de reparación se edematiza, igual que el foco cerebral de Hamer. Si hay retención de líquido, un edema inofensivo puede convertirse en un gran derrame.
¿Cómo abordarla?
Una enfermedad crónica implica un conflicto de larga duración, aunque su intensidad no sea muy grande. Además, la persona afectada se mantiene en contacto constante con el ambiente conflictivo, activando anclas o pistas relacionados con todos los síntomas. Por lo tanto, tal y como hemos visto en la inflamación, en las enfermedades crónicas se ha de tener en cuenta el efecto acumulativo de los conflictos. Esto quiere decir que se debe poner conciencia en los pensamientos, acciones, ambientes y programas que de alguna manera son repetitivos y nocivos en nuestras vidas, que por sí solos no implican un impacto emocional, pero se acumulan a lo largo del tiempo.
Así se va creando el efecto gota a gota que hace que el vaso se desborde. Al no pasar a la acción y al dejar de hacer lo que la persona quiere realmente, no se supera la fase épica, y por lo tanto se vuelve a reprogramar el conflicto y el sistema, regresando a la fase activa.
Las enfermedades crónicas pueden afectar a cualquier órgano o tejido del cuerpo. Por lo tanto, lo primero que hay que tener en cuenta es la capa embrionaria a la que pertenece el órgano o tejido afectado y el Sentido Biológico de cada síntoma que presenta. Esto nos permite identificar el conflicto desencadenante y los conflictos diarios que mantienen la enfermedad o el síntoma (pistas o anclas).
Es imprescindible abordar el árbol transgeneracional y el Proyecto Sentido, ya que ambos nos indican la razón por la cual nuestra biología ha adoptado el programa de solución que causa los síntomas. Se trata de indagar todos los aspectos que puedan impedir que la persona logre
alcanzar la fase cicatricial. Por lo tanto, debemos valorar:
Los conflictos autoprogramantes
En la fase curativa, los síntomas pueden retroalimentar el conflicto o causar uno nuevo. Por ejemplo, la fase curativa de un cáncer de colon es un sangrado, a partir del cual a la persona se le diagnostica el cáncer. Esto causa un nuevo conflicto o mantiene la enfermedad. Es importante informar a la persona de los síntomas que puede encontrarse en la fase de reparación.
Los conflictos bloqueantes
Todos los conflictos bloqueantes pueden incidir en el mantenimiento de la enfermedad. Por ejemplo, formar parte de una asociación de personas que padecen la misma enfermedad. Inscribirse en una asociación implica compartir una identidad que se puede perder si desaparece la enfermedad. Las asociaciones se construyen en torno a la enfermedad, dando soluciones para adaptarse a los síntomas que se manifiestan. Otros bloqueantes significativos son el victimismo,
la fidelidad familiar, o los procesos verbales bloqueantes.
«Un síndrome»
En la enfermedad crónica confluyen varios conflictos, y si se dan en fases diferentes, estaremos tratando con «un síndrome». Si la enfermedad está en fase de solución, pero está activo el conflicto de existencia, de refugiado o de sentirse solo en el mundo (que involucran a los túbulos colectores de riñón, con retención de líquido), habrá que tratar «el síndrome» para alcanzar la fase cicatricial. Para abordar las enfermedades crónicas es importante tratar los conflictos y saber en qué fase están.
Situaciones repetitivas
También hay que valorar las pistas o anclas, así como las situaciones repetitivas que mantienen el conflicto día a día. Es esencial comprender que un entorno que incide constantemente en la situación conflictiva mantiene los síntomas gracias al inconsciente biológico. Esto explica la importancia de realizar una cuarentena para dar a la persona la posibilidad de deshacer los engramas, encontrarse a sí misma y hallar una nueva forma de afrontar su vida.
Veamos algunos ejemplos.
A una mujer se le ha diagnosticado estenosis de la válvula tricúspide del corazón desde hace cinco años. Está casada y tiene un hijo drogadicto al que quiere echar de casa, pero se siente responsable y culpable. No toma la decisión. La emoción oculta es contra su hijo: «es un cabrón que me está amargando la vida».
A otra mujer se le ha diagnosticado fibromialgia. Está divorciada y sus hijos ya se han emancipado. Tiene varios conflictos: su esposo la dejó y lo vive como un conflicto de haber perdido la dirección. Trabajaba como secretaria de dirección, pero su jefe la relega a otro despacho sin apenas trabajo, por lo que experimenta una gran autodevaluación. Ha dejado de ser esposa, de ser madre y profesionalmente es como si no existiera (conflicto de muerte, pérdida de identidad), y debe de seguir trabajando para mantenerse (contacto impuesto).
Veamos por último el caso de un médico de cincuenta y cuatro años con artritis reumatoide. Se le diagnosticó a los treinta años. A nivel de su línea contemporánea, se observa que el diagnóstico coincidió con una autodevaluación profesional que se manifestó en ambas manos en forma de dolor, inflamación e impotencia funcional en los dedos. Había sido «castrado» por su padre durante la adolescencia. Tiene un Proyecto Sentido de trabajo, trabajo y trabajo: «para ser alguien, tienes que trabajar y estudiar». Al revisar su transgeneracional, vemos que es doble de una bisabuela paterna (línea materna, es decir, la madre de su abuela paterna). Tanto su abuela como su bisabuela tuvieron artritis reumatoide. Su padre también tuvo artritis en las manos. El consultante, gracias a su profesión, hace una reparación a estos miembros de su clan. Aquí podemos constatar la amalgama de conflictos que presenta esta enfermedad crónica de etiología autoinmune