La Iglesia conmemora a personas, no a cualidades abstractas. Sin embargo, espera que ciertos rasgos hayan florecido en aquellos que desea conmemorar de una manera especial. Entre esas características se destacan las siguientes:
1. Fe heroica. Significa dar testimonio de Dios en Jesús "contra cualquier adversidad". Históricamente, los mayores ejemplos de tal fe han sido los mártires, que han sufrido la muerte por la causa de Cristo, y los confesores, que han aguantado el encarcelamiento, la tortura, o el exilio por motivo de Cristo.
2. Amor. "Aunque tenga una fe como para mover montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve…Ahora nos quedan la fe, la esperanza, el amor, de estas tres, la más grande de todas es el amor" (1Cor 13:2b-3,13).
3. Bondad de vida. La gente digna de ser conmemorada ha de haber trabajado por el bien de los demás. El testimonio de perseverar hasta el fin confirma la santidad de vida y el poder transformador de Nuestro Señor Jesús.
4. Alegría. Así como la fe es incompleta sin el amor, de la misma manera el amor implica "alegría en el espíritu", ya sea en medio de adversidades extraordinarias, ya en medio de las circunstancias ordinarias de la vida. Puede que un cristiano no falle en obras de amor, pero si carece de la alegría que implican, se queda corto en la verdadera santidad cristiana. Sin embargo, tal alegría es tanto una disciplina de la vida como una emoción. No tiene por qué manifestarse en la superficie de la vida de una persona, sino que puede permanecer profunda y ser descubierta por otros sólo gradualmente.
5. Servicio a los demás por causa de Cristo. No hay verdadera santidad sin el servicio a los demás en sus necesidades. Así como las necesidades humanas son varias, lo son también las formas del servicio cristiano, en la Iglesia y en el mundo.
6. Dedicación. Los santos han demostrado evidencia de buscar a Dios a través de los medios de gracia que la Iglesia reconoce, "eran asiduos en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la solidaridad, la fracción del pan y las oraciones" (Hech 2:42). Se esperan regularidad y crecimiento en la disciplina de la oración y de la meditación de la palabra de Dios, y se espera que tal dedicación se manifieste no sólo en la vida privada de la persona sino que sea visible en la compañía y comunión de los cristianos.