2. No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios
2. No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios
El segundo mandamiento prohíbe el juramento en falso. Hacer juramento o jurar es tomar a Dios por testigo de lo que se afirma. Es invocar la veracidad divina como garantía de la propia veracidad. El juramento compromete el nombre del Señor. “A tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás” (Dt 6, 13).
Para que el juramento sea lícito debe reunir las tres condiciones: que sea con verdad, que sea con justicia, y que haya verdadera necesidad.
No es lícito jurar con duda. Debes estar moralmente cierto. La certeza moral excluye toda duda razonable, pero no excluye en absoluto el temor a equivocarse. Con todo, cuando se declara ante un tribunal se debe tener absoluta certeza de la cosa: como ocurre con lo que se conoce por propia experiencia, o se ha oído de personas que ofrecen total garantía. En este segundo caso hay que dejar bien claro que lo que se jura es haberlo oído a personas dignas de crédito.
Es perjuro quien, bajo juramento, hace una promesa que no tiene intención de cumplir, o que, después de haber prometido bajo juramento, no mantiene. El perjurio es una grave falta de respeto hacia el Señor que es dueño de toda palabra... (CIC 2152)
Jesús expuso el segundo mandamiento en el Sermón de la montaña: “Habéis oído que se dijo a los antepasados: “no perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos”. Pues yo os digo que no juréis en modo alguno… sea vuestro lenguaje: “si, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del maligno” (Mt 5, 33-34. 37; St 5, 12)
“No tomes en vano el nombre de Yahvé, tu Dios, porque Yahvé no dejará sin castigo a aquel que toma su nombre en vano” (Éxodo 20,7)
El segundo mandamiento nos manda respetar el Nombre de Dios.
La blasfemia consiste en usar de una manera injuriosa el nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen María y de los santos. Es proferir palabras de odio, de reproche, de desafío. La blasfemia es contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre. Es de por sí un pecado grave.
El segundo mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del Nombre del Señor. Jesús nos enseña a no jurar siendo personas de palabra.
Dado que la misión de los laicos es consagrar a Dios las realidades temporales, les pide conocer claramente sus deberes para con él y ayudar a sus hermanos a purificar ciertos elementos de su fe, de tal manera que el Nombre de Dios sea honrado como el Señor mismo lo quiere.