“Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzarán misericordia" (Mt.5, 7)
“Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzarán misericordia" (Mt.5, 7)
Son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.
La predicación de Jesús nos presenta las obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Es importante para un laico, vivir la espiritualidad y el carisma de la misericordia, en los detalles pequeños y grandes, y conmoverse ante el dolor físico o espiritual de sus hermanos más pobres, hasta comprometerse en una ayuda concreta, dando con amor de lo poco que se tiene.
Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales.
1) Visitar a los enfermos
2) Dar de comer al hambriento
3) Dar de beber al sediento
4) Dar posada al peregrino
5) Vestir al desnudo
6) Visitar a los presos
7) Enterrar a los difuntos
1) Enseñar al que no sabe
2) Dar buen consejo al que lo necesita
3) Corregir al que se equivoca
4) Perdonar al que nos ofende
5) Consolar al triste
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Las obras de misericordia corporales, en su mayoría surgen de una lista hecha por Jesucristo en su Parábola del Juicio Final.
Consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2447)
Estas dos primeras se complementan y se refieren a la ayuda que debemos procurar en alimento y otros bienes a los más necesitados, a aquellos que no tienen lo indispensable para poder comer cada día.
Jesús, según recoge el Evangelio de san Lucas recomienda: «El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo» (Lc 3, 11).
En la antigüedad el dar posada a los viajeros era un asunto de vida o muerte, por lo complicado y arriesgado de las travesías. No es el caso hoy en día. Pero, aún así, podría tocarnos recibir a alguien en nuestra casa, no por pura hospitalidad de amistad o familia, sino por alguna verdadera necesidad.
Esta obra de misericordia se dirige a paliar otra necesidad básica: el vestido. Muchas veces, se nos facilita con las recogidas de ropa que se hacen en Parroquias y otros centros. A la hora de entregar nuestra ropa es bueno pensar que podemos dar de lo que nos sobra o ya no nos sirve, pero también podemos dar de lo que aún es útil.
En la carta de Santiago se nos anima a ser generosos: «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos o hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (St 2, 15-16).
Se trata de una verdadera atención a los enfermos y ancianos, tanto en el aspecto físico, como en hacerles un rato de compañía.
El mejor ejemplo de la Sagrada Escritura es el de la Parábola del Buen Samaritano, que curó al herido y, al no poder continuar ocupándose directamente, confió los cuidados que necesitaba a otro a quien le ofreció pagarle. (ver Lc. 10, 30-37).
Consiste en visitar a los presos y prestarles no sólo ayuda material sino una asistencia espiritual que les sirva para mejorar como personas, enmendarse, aprender a desarrollar un trabajo que les pueda ser útil cuando terminen el tiempo asignado por la justicia, etc.
Significa también rescatar a los inocentes y secuestrados. En la antigüedad los cristianos pagaban para liberar esclavos o se cambiaban por prisioneros inocentes.
Cristo no tenía lugar sobre el que reposar. Un amigo, José de Arimatea, le cedió su tumba. Pero no sólo eso, sino que tuvo valor para presentarse ante Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. También participó Nicodemo, quien ayudó a sepultarlo. (Jn. 19, 38-42)
Enterrar a los muertos parece un mandato superfluo, porque –de hecho- todos son enterrados. Pero, por ejemplo, en tiempo de guerra, puede ser un mandato muy exigente. ¿Por qué es importante dar digna sepultura al cuerpo humano? Por que el cuerpo humano ha sido alojamiento del Espíritu Santo. Somos “templos del Espíritu Santo" (1 Cor 6, 19).
La lista de las obras de misericordia espirituales la ha tomado la Iglesia de diversos textos que están a lo largo de la Biblia y de actitudes y enseñanzas del mismo Cristo: el perdón, la corrección fraterna, el consuelo, soportar el sufrimiento, etc. Las obras de misericordia espirituales son:
Consiste en enseñar al ignorante en cualquier materia: también sobre temas religiosos. Esta enseñanza puede ser a través de escritos o de palabra, por cualquier medio de comunicación o directamente.
Como dice el libro de Daniel, "los que enseñan la justicia a la multitud, brillarán como las estrellas a perpetua eternidad" (Dan. 12, 3b).
Uno de los dones del espíritu Santo es el don de consejo. Por ello, quien pretenda dar un buen consejo debe, primeramente, estar en sintonía con Dios, ya que no se trata de dar opiniones personales, sino de aconsejar bien al necesitado de guía.
Esta obra de misericordia se refiere sobre todo al pecado. De hecho, otra manera de formular esta obra es: Corregir al pecador.
La corrección fraterna es explicada por el mismo Jesús en el evangelio de Mateo: “Si tu hermano peca, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano". (Mt 18, 15-17)
Debemos corregir a nuestro prójimo con mansedumbre y humildad. Muchas veces será difícil hacerlo pero, en esos momentos, podemos acordarnos de los que dice el apóstol Santiago al final de su carta: “el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados"(St. 5, 20).
En el Padrenuestro decimos: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden" y el mismo Señor aclara: “si perdonáis las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial os perdonará. En cambio, si no perdonáis las ofensas de los hombres, tampoco el Padre os perdonará a vosotros (Mt. 6, 14-15).
Perdonar las ofensas significa superar la venganza y el resentimiento. Significa tratar amablemente a quien nos ha ofendido.
El mejor ejemplo de perdón en el Antiguo Testamento es el de José, que perdonó a sus hermanos el que hubieran tratado de matarlo y luego venderlo. “Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido aquí; pues para preservar vidas me envió Dios delante de vosotros" (Gen. 45, 5).
Y el mayor perdón del Nuevo Testamento es el de Cristo en la Cruz, que nos enseña que debemos perdonar todo y siempre: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". (Lc. 23, 34).
El consuelo para el triste, para el que sufre alguna dificultad, es otra obra de misericordia espiritual.
Muchas veces, se complementará con dar un buen consejo, que ayude a superar esa situación de dolor o tristeza. Acompañar a nuestros hermanos en todos los momentos, pero sobre todo en los más difíciles, es poner en práctica el comportamiento de Jesús que se compadecía del dolor ajeno.
Un ejemplo viene recogido en el evangelio de Lucas. Se trata de la resurrección del hijo de la viuda de Naím: “Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre."
Hay que visitar al Señor en la Eucaristía, que está esperando triste que nadie lo visita.
La paciencia ante los defectos ajenos es virtud y es una obra de misericordia. Sin embargo, hay un consejo muy útil: cuando el soportar esos defectos causa más daño que bien, con mucha caridad y suavidad, debe hacerse la advertencia.
San Pablo recomienda orar por todos, sin distinción, también por gobernantes y personas de responsabilidad, pues “Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". (ver 1 Tim 2, 2-3).
Los difuntos que están en el Purgatorio dependen de nuestras oraciones. Es una buena obra rezar por éstos para que sean libres de sus pecados. (ver 2 Mac. 12, 46).
“Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes constantemente: que los que creen a Dios, procuren sobresalir en buenas obras. Esto es lo bueno y lo útil para los hombres” Tito 3:8
En el diseño de Dios para su iglesia, las buenas obras son un objetivo fundamental. La vida de Cristo se destacó porque él “anduvo haciendo bienes” (Hch. 10:38).
El objetivo de no dejar de reunirse es para estimularnos a las "buenas obras" (Heb 10:24-25).
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10)
No hay que mal entender el "propósito" de las buenas obras. No son para "comprar" o "ganar" nuestra salvación. Dios nos salva por Su GRACIA, no por nuestras OBRAS (Ef. 2:8-9; Tito 3:4-7). Las buenas obras no sustituyen la obediencia. Sin embargo, como pueblo de Dios, ¡hemos sido creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras! (Ef. 2:10; Tito 2:11-14; 3:1, 8,14).
Porque Dios es glorificado por los hombres al ver nuestras buenas obras (Mat. 5:16; 1 Ped 2:11-12).
Porque nuestras buenas obras ayudarán al incrédulo a ser más receptivo al Evangelio (1 Ped 2:12; 3:1-2).
Porque los frutos de buenas obras son la muestra de la naturaleza viviente de nuestra fe (Stg 2:14-17).
Porque las buenas obras son nuestra imitación a Jesús. Él anduvo haciendo bienes (Hech 10:38) Nos dejó ese ejemplo a seguir (Luc 6:46; 1 Ped. 2:21)
“…escogido,… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped 2:9).
“Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor” (1Tes. 1:8),
“Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hech. 8:4).
¡Todos podemos compartir con otros la bendita Palabra de Dios!
Por medio de cartas, e-mail ahora, redes sociales, llamadas telefónicas, visitas, estudios bíblicos.
“exhortaos los unos a los otros cada día” (Heb 3:12-13).
Restaurando a hermanos débiles (Gál 6:1-2)
La importancia de esta obra es vista a la luz de (Stg 5:19-20).
Filemón es un buen ejemplo a seguir (Filemón 7)
También la familia de Estéfano (1 Cor 16:15-18).
“Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10:38)
Cristo demandó de sus discípulos buenas obras (Mat. 5:16).
El ejercicio de la obras de misericordia comunica gracias a quien las ejerce. En el evangelio de Lucas Jesús dice: “Dad, y se os dará". Por tanto, con las obras de misericordia hacemos la Voluntad de Dios, damos algo nuestro a los demás y el Señor nos promete que nos dará también a nosotros lo que necesitemos.
Por otro lado, una manera de ir borrando la pena que queda en el alma por nuestros pecados ya perdonados es mediante obras buenas. Obras buenas son, por supuesto, las Obras de Misericordia. “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzarán misericordia" (Mt.5, 7), es una de las Bienaventuranzas.
Además las Obras de Misericordia nos van ayudando a avanzar en el camino al Cielo, porque nos van haciendo parecidos a Jesús, nuestro modelo, que nos enseñó cómo debe ser nuestra actitud hacia los demás. En Mateo, se recogen las siguientes palabras de Cristo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón". Al seguir esta enseñanza del Señor cambiamos los bienes temporales por los eternos, que son los que valen de verdad.
¡Claro que sí! Todos podemos llegar al Cielo!
Enseñanzas del Padre Carlos Cancelado. minuto 00:48:30 - 00:53:00
La fe tiene que transformarse en obras. Vivir en la Voluntad de Dios no es cumplir un ritualismo ni un devocionario. Es una vivencia de la Misericordia de Dios que nos lleva al cambio profundo interior. Es el traslado de las tinieblas a la luz. Es sumergirme en el querer divino diariamente. Es hacer que cada acto sea agradable a los ojos de Dios.
“Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía” (Hch 9:36)
“Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hch 4:36,37).
Las buenas obras personales serán ponderadas en el día del juicio" (Mat. 25:34-40).
Así como algunos hermanos tiene talentos naturales para "enseñar", también otros tienen talento en el áreas de servicio material o físico (Rom. 12:3-8).
Tal como ser "dadivoso" Tal como "mostrar misericordia". Las mujeres pueden ser especialmente fructíferas en esta área porque ellas con frecuencia tienen más flexibilidad en el uso de su tiempo ¿Por qué no ser una "Dorcas"? (Hech 9:36-39).
Finalmente: Sin importar en que pudiéramos servir al Señor, las "buenas obras" son una SEÑAL DE LA RELIGIÓN PURA (Stg. 1:27).
También es una LLAVE PARA LAS BENDICIONES ESPIRITUALES (felicidad) – Stg 1:25; Hech 20:35
Así que asegurémonos de tener en mente la amonestación de Pablo a Tito: "Los que creen en Dios procuren ocuparse de buenas obras." (Tito 3:8)
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