10. No codiciarás los bienes ajenos
10. No codiciarás los bienes ajenos
“Donde está tu tesoro está tu corazón”. (Mt 6, 21)
El décimo mandamiento incluye la prohibición de la envidia por poseer los bienes ajenos, como el mal deseo de destruirlos, sólo porque no se pueden poseer. Cada uno de nosotros debe vivir contento con lo que honradamente tiene. Si alguien desea mejorar su situación económica, está en libertad de hacerlo, siempre y cuando el medio para lograrlo sea el trabajo honrado.
El décimo mandamiento se opone a la avaricia y envidia. La envidia es un pecado capital, es la tristeza que se experimenta ante el bien del otro y el deseo de poseerlo. Se combate mediante la humildad, la benevolencia y el abandono en la providencia de Dios.
La gracia de Dios aparta el corazón del hombre y de la mujer, de la codicia y la envidia y lo instruye en el deseo del Espíritu Santo, que sacia el corazón de la persona.
El desprendimiento de la riqueza es necesario para entrar en el Reino de los cielos.
El décimo mandamiento es un llamado de Dios al cristiano para que administre sus bienes con libertad y justicia y, al mismo tiempo, mire con buenos ojos los que los demás, también con libertad y justicia puedan poseer.