El espacio-tiempo podría ser un fenómeno cuántico
Una serie de conjeturas en física teórica sugiere que el espacio y el tiempo son, en realidad, una forma de expresar las propiedades cuánticas de los objetos.
En la figura vemos una representación de los modelos de espuma cuántica, en los que el espacio-tiempo se vuelve turbulento a distancias muy pequeñas debido a que empieza a manifestar su carácter cuántico.
Estamos acostumbrados a dar por sentados el espacio y el tiempo. Sabemos que podemos movernos, y sentimos que los segundos pasan, uno tras otro. Es totalmente natural que pensemos que el espacio y el tiempo simplemente están ahí, sin más.
Pero es posible que la historia sea un poco más complicada: en las últimas décadas una serie de ideas proponen que esto que llamamos “espacio” y “tiempo” son una manera de percibir cuánta información comparten los objetos que forman el Universo. Estas ideas son todavía preliminares, pero si estuvieran en lo cierto el espacio-tiempo no tendría una existencia independiente, sino que estaría ligado a las propiedades de los cuerpos que vemos moverse por él.
Espacio, tiempo y movimiento
Empecemos por lo básico. Tradicionalmente, consideramos que el universo está hecho de objetos, y que esos objetos son dinámicos, pueden cambiar. Hay cambios que son rápidos y hay cambios que son lentos, y podemos distinguir los unos de los otros gracias al tiempo: los cambios rápidos llevan poco tiempo; los lentos, mucho tiempo. El tiempo, pues, es una especie de “latido de referencia” que nos permite distinguir lo rápido de lo lento.
Por otro lado, los cambios los podemos entender siempre en términos de movimiento: un cambio muy sencillo es que un objeto cambie de lugar, y efectivamente ha habido movimiento. Otro es que un objeto se caliente o se enfríe; aquí el movimiento no es evidente a simple vista, pero “calentarse” significa que sus moléculas se mueven más rápido, y “enfriarse”, que se mueven más lento. Para que exista ese movimiento necesitamos un lugar por el que moverse: a ese lugar lo llamamos espacio. En realidad la mera idea de movimiento nos aboca a hablar del espacio y el tiempo, que son una especie de lienzo en que ese movimiento sucede.
Así pues, en la imagen tradicional del universo éste está formado por tres tipos de elementos: los objetos, que van cambiando; el espacio, que es el escenario en que ocurren esos cambios; y el tiempo, que es una especie de ritmo de referencia que nos permite distinguir la velocidad de esos cambios.
Teoría de la relatividad
Con el paso del tiempo, esas nociones se fueron refinando. La relatividad de Einstein nos enseñó que el espacio y el tiempo no son un lienzo absoluto, idéntico para todo el mundo. Por el mero hecho de movernos, nuestra percepción de qué es espacio y qué es tiempo cambia. Por ejemplo, yo puedo estar observando con un telescopio y ver que un meteorito va a caer en Marte dentro de tres minutos. Un astronauta que vaya en una nave espacial a la velocidad adecuada, sin embargo, verá que el meteorito cae en Marte a la vez que yo estoy diciendo eso. Ese mismo astronauta también verá que la distancia entre Marte y la Tierra es más pequeña que la que yo mediría. De ahí viene el nombre de la teoría: el espacio y el tiempo son relativos, dependen de quién los esté midiendo.
Una de las consecuencias más importantes de la teoría de la relatividad es que nada puede viajar más rápido que la luz.
Esta norma divide el espacio-tiempo en tres regiones: la región desde la que me puede haber llegado algún objeto, la región a la que yo puedo enviar objetos en el futuro y la región “prohibida”: las zonas con las que no puedo interaccionar porque para llegar a ellas sería necesario viajar más rápido que la luz. Esas tres zonas están representadas en este diagrama, en el que nosotros estamos situados en el centro. El cono inferior son todos los puntos desde los que nos ha podido llegar información: es el cono del pasado. El cono superior son todos los puntos a los que podemos mandar información: es el cono del futuro. El resto es el espacio acausal, puntos del espacio-tiempo con los que no podemos interaccionar.
La relatividad, pese a sus complejas relaciones entre espacio y tiempo, garantiza que todos los observadores van a ver el cono del pasado en nuestro pasado y el cono del futuro en nuestro futuro. En cambio, los puntos del plano central, que para nosotros constituyen nuestro presente, son un presente subjetivo: algunos observadores los verán en nuestro pasado, y otros en nuestro futuro.
Una de las consecuencias más importantes de la teoría de la relatividad es que nada puede viajar más rápido que la luz. Esta norma divide el espacio-tiempo en tres regiones: la región desde la que me puede haber llegado algún objeto, la región a la que yo puedo enviar objetos en el futuro y la región “prohibida”: las zonas con las que no puedo interaccionar porque para llegar a ellas sería necesario viajar más rápido que la luz. Esas tres zonas están representadas en este diagrama, en el que nosotros estamos situados en el centro. El cono inferior son todos los puntos desde los que nos ha podido llegar información: es el cono del pasado. El cono superior son todos los puntos a los que podemos mandar información: es el cono del futuro. El resto es el espacio acausal, puntos del espacio-tiempo con los que no podemos interaccionar. La relatividad, pese a sus complejas relaciones entre espacio y tiempo, garantiza que todos los observadores van a ver el cono del pasado en nuestro pasado y el cono del futuro en nuestro futuro. En cambio, los puntos del plano central, que para nosotros constituyen nuestro presente, son un presente subjetivo: algunos observadores los verán en nuestro pasado, y otros en nuestro futuro.
Por fortuna hay otras cosas en la teoría de Einstein que no son relativas: la velocidad de la luz, por ejemplo, es la misma para todos los observadores. Y la sucesión de causas y efectos, siempre con las causas antes y los efectos después, también es igual para todo el mundo. Y menos mal. Estas nuevas reglas nos complican un poco la existencia, pero siguen dejando hueco para que exista una realidad física, para que haya cosas que sean verdad las mire quien las mire.
Para lo que nos interesa a nosotros la lección que hemos de extraer de aquí es que no sólo los objetos pueden moverse, sino que al hacerlo alteran su percepción del espacio y el tiempo. La relatividad desvela que objetos y espacio-tiempo no son totalmente independientes. La relación que los une parece sutil en este punto, pero Einstein todavía no ha terminado con nosotros.
Una gravedad 2.0
En los años que siguieron al desarrollo de la teoría de la relatividad, Einstein dedicó muchos esfuerzos a armonizarla con lo que sabíamos sobre la gravedad. La fuerza gravitatoria de Newton, que era la expresión última de la gravedad, no encajaba bien con un espacio-tiempo dependiente del observador. Tras muchos intentos, Einstein se convenció de que la única manera de hacerla encajar era renunciar a la fuerza de Newton y reconstruir la gravedad desde cero. Se dio cuenta de que podía hacerlo, pero para ello necesitaba introducir algo nuevo: el espacio y el tiempo tenían que ser dinámicos también. Espacio y tiempo tenían que poder cambiar, igual que hacen los objetos.
A diferencia de los objetos, no obstante, el espacio y el tiempo no pueden moverse, así que los cambios que les ocurren son de otro tipo. Solemos decir que se deforman, y a grandes rasgos eso significa lo siguiente: cuando el espacio está deformado vemos que los objetos se mueven en trayectorias curvas; cuando el tiempo está deformado vemos que los relojes corren más lento. Al resultado de estas deformaciones lo llamamos gravedad: los planetas giran alrededor del Sol, por ejemplo, porque el espacio alrededor del Sol está deformado. Los efectos de la gravedad sobre el tiempo no eran conocidos antes de Einstein, pero ahora los hemos comprobado en innumerables ocasiones.
Queda una pregunta por responder: ninguno de nosotros, creo, hemos agarrado nunca el espacio-tiempo y lo hemos deformado con nuestras propias manos, así que ¿qué es lo que hace que el espacio y el tiempo se deformen? La respuesta de Einstein no podía ser más predecible: si esto es una teoría de la gravedad las fuentes no pueden ser otras que la masa. O sea, que el espacio alrededor del Sol no está deformado por casualidad, sino porque es el mismo Sol el que lo está deformando.
Este diagrama nos muestra el espacio-tiempo representado por una superficie bidimensional, y nos permite hacernos una idea de lo que le ocurre en las cercanías de un objeto masivo. Lejos de la Tierra la superficie es plana, y los cuerpos que viajen por ella se moverán en línea recta. Cerca de la Tierra, sin embargo, el espacio-tiempo se deforma y los objetos se moverán en trayectorias curvas.
En cierto sentido, esto es extraordinario. Hemos pasado de un universo en el que espacio y tiempo eran un simple lienzo en el que se movían las cosas a que, de repente, las cosas vean un lienzo diferente según la velocidad a la que se muevan, y ahora un paso más allá: las cosas modifican el lienzo, y otros objetos que se mueven por él se dan cuenta y cambian su movimiento debido a ello. El paso de Einstein por la física nos deja un espacio-tiempo íntimamente ligado a los objetos que se mueven por él. Claramente el espacio y el tiempo siguen siendo otra cosa, diferente a los objetos, pero tan entreverada con ellos que no podríamos entender la naturaleza si los separáramos.
Espacio-tiempo e información
Abundando en esta dirección ¿qué nos dice el espacio-tiempo sobre los objetos que hay en él? Esencialmente, nos cuenta por dónde se pueden mover y con quién pueden interaccionar. El espacio-tiempo nos dice que hay regiones prohibidas, porque para llegar a ellas sería necesario moverse más rápido que la luz. Por ejemplo, yo no puedo saber nada de lo que está pasando ahora mismo en la Galaxia de Andrómeda, porque está a más de dos millones de años luz. La información que me llega me dice cómo era esa galaxia hace dos millones de años, pero no tengo información directa sobre cómo es ahora mismo. El presente de Andrómeda está en mi “zona prohibida”, y no hay forma de que yo interaccione con los objetos que hay ahora allí. Esto sucede para cualquier sistema físico: el espacio-tiempo me dice con quién voy a poder interaccionar en los próximos cinco minutos, con quién en las próximas tres horas y con quién, como pronto, dentro de millones de años.
La Galaxia de Andrómeda tal y como era hace dos millones y medio de años, que es como la vemos ahora mismo desde la Tierra. Cualquier cosa que esté ocurriendo en ella en este instante al que llamamos “ahora mismo” no podrá afectarnos hasta dentro de dos millones y medio de años.
O sea, que una de las cosas que hace el espacio-tiempo es codificar qué sistemas pueden intercambiar información, y cuándo pueden hacerlo. Esta idea es la que ha llevado a algunos físicos teóricos a pensar si no será que el espacio y el tiempo son una forma muy elaborada de establecer relaciones entre los sistemas físicos. ¿Quién puede interaccionar con quién? ¿Cuáles deben de ser sus velocidades para que interaccionen antes o después? Todas estas preguntas tienen que ver con las propiedades de los objetos, pero el que las responde es el espacio-tiempo. ¿Es posible acaso llevar un paso más allá esta relación cada vez más estrecha entre objetos y espacio-tiempo?
Estas ideas son sugestivas, pero no dejan de ser eso: sugerencias. También son un poco vagas, porque aunque compráramos esto de que el espacio-tiempo contiene información sobre los objetos, ¿y qué? ¿Adónde nos lleva eso? La cosa se va a poner interesante si introducimos en la ecuación a un invitado inesperado: la física cuántica.
Espacio-tiempo y física cuántica
Digo que nadie había invitado a la cuántica a esta fiesta porque, como todo el mundo sabe, la teoría cuántica se lleva fatal con el espacio-tiempo de Einstein. Los físicos llevan casi cien años tratando de escribir la gravedad de Einstein en el lenguaje cuántico, pero los caminos obvios fracasaron hace décadas. Actualmente tenemos algunos candidatos prometedores, pero ninguno es totalmente convincente y la búsqueda continúa. Si tuviéramos esa teoría de gravedad cuántica podríamos describir sistemas muy pequeños y con gravedades muy intensas, como pueden ser el centro de los agujeros negros o los primeros instantes del Big Bang.
La teoría cuántica, pues, no parece una buena compañera de baile para el espacio-tiempo, pero lo que sí tiene es una impresionante batería de herramientas para describir la información almacenada en un sistema físico. Las propiedades de un sistema –su masa, su temperatura, su velocidad– no dejan de ser información que ese sistema posee, y la física cuántica nos da predicciones muy precisas sobre cuánta de esa información podemos extraer, cómo esa información pasa de un sistema a otro cuando interaccionan, y cómo algunos procesos físicos hacen que parte de la información se pierda. De hecho, algunas escuelas defienden que la teoría cuántica lo que describe es la información almacenada en los objetos, no los objetos mismos.
Un fenómeno cuántico especialmente interesante relacionado con la información es el entrelazamiento. Esencialmente, consiste en que las propiedades de varios objetos están ligadas entre sí, de forma que si yo obtengo información de uno de ellos, en realidad estoy aprendiendo también cosas sobre los otros. Por ejemplo, pongamos que tengo dos partículas, y lo que sé sobre ellas es que la carga total es cero. Si quiero saber qué carga tienen no necesito medir las dos partículas: mido sólo una, y si su carga es +1 la de la otra será -1; o si la partícula que mido tiene carga 0 la otra también tendrá carga 0. Podemos entender los estados entrelazados como una situación en la que “hay menos información que objetos”: me basta con obtener información de unos pocos para conocer la información de todos.
Y precisamente este fenómeno es el que podría permitir conectar la física cuántica con el espacio-tiempo. El argumento, muy burdamente, es que dos sistemas entrelazados tienen información en común, mientras que dos objetos conectados en el espacio-tiempo tienen un pasado o un futuro en común que les permiten intercambiar información. O a la inversa: dos objetos que se encuentran en la “región prohibida” el uno del otro no tienen ningún tipo de conexión, de la misma forma que dos sistemas no entrelazados son enteramente independientes. Esto acercaría definitivamente a los objetos y el espacio-tiempo: este último sería, en última instancia, un reflejo de las relaciones entre los objetos.
Haciendo encajar las piezas
Conocemos un marco en el que esta conexión entre espacio-tiempo e información cuántica aparece de forma bastante espectacular: se trata de las teorías duales AdS/CFT, que se usan a menudo en el contexto de física de cuerdas. El nombre –que, no pasa nada por decirlo, muy bonito no es– hace referencia a que son parejas de teorías, una de tipo “AdS” y otra de tipo “CFT”. CFT significa “Conformal Field Theory”, y esencialmente se trata de una teoría cuántica en la que no hay gravedad. AdS significa “anti-de Sitter”, y es otra teoría cuántica, pero esta vez con gravedad y con una dimensión más que la teoría CFT. O sea, que si la teoría CFT “vive” en un mundo de tres dimensiones espaciales + el tiempo, la teoría AdS vivirá en un mundo con cuatro dimensiones espaciales + el tiempo.
La gracia de las parejas AdS/CFT es que las dos teorías describen exactamente la misma física. En el año 1997 el físico argentino Juan Martín Maldacena conjeturó que existen muchas de estas parejas, y que cualquier proceso físico que ocurre en un miembro de la pareja tiene un proceso “espejo” en el otro miembro que describe los mismos fenómenos. La idea es que la pareja AdS/CFT representa dos lenguajes diferentes para entender la misma realidad física: uno de los lenguajes tiene sólo una teoría cuántica; en el otro tenemos, además, un espacio-tiempo curvado y una dimensión adicional.
La lógica tras la dualidad AdS/CFT es que las dos teorías son en realidad la misma, pero tomada en dos lugares diferentes.
La teoría AdS vive en un espacio-tiempo en el que hay gravedad, mientras que la teoría CFT vive “en el borde” de ese espacio-tiempo, infinitamente lejos de cualquier fuente de gravedad. Eso permite que la teoría CFT sea una teoría sin gravedad, y también explica que su espacio-tiempo tenga una dimensión menos.
De la misma forma que una esfera es un objeto tridimensional y su superficie tiene sólo dos dimensiones, el borde del espacio AdS tiene una dimensión menos que éste.
Y es esto último lo que nos interesa a nosotros. Si las dos teorías son verdaderamente equivalentes eso significa que la dimensión extra de la teoría AdS está “codificada” de alguna manera en la teoría CFT. O sea, que la teoría cuántica contiene algún elemento que es exactamente equivalente a una nueva dimensión espacial. En principio ese elemento podría ser cualquier cosa: uno o varios tipos de partícula, la forma en que esas partículas interaccionan, o una combinación de todo ello. Pero un artículo recién publicado en la revista Science identifica dónde está codificada la dimensión adicional: en el entrelazamiento de la teoría cuántica.
El artículo, que está firmado en solitario por el canadiense Mark van Raamsdonk, se apoya en resultados de los últimos veinte años para construir una CFT muy particular. La idea consiste en tomar una CFT y dividirla en piezas independientes. Cada pieza está formada por partículas que interaccionan unas con otras, pero no se hablan con las del resto de piezas. Es como separar nuestra casa en habitaciones y aislar cada habitación de forma que el aire no pueda colarse a la habitación de al lado. Lo que sí permite van Raamsdonk es que las diversas piezas compartan información entre sí, o sea: que las propiedades de las partículas que hay en mi comedor me digan cosas sobre cómo son las que hay en mi cocina. Al reunir todas las piezas obtengo algo similar a la teoría que tenía inicialmente, como si fuera un mosaico de pequeñas baldosas, pero con una diferencia: lo único que une a las diferentes piezas es la información que tienen en común.
Un ejemplo de cómo un espacio puede “partirse en piezas”, que todas juntas forman una aproximación del espacio original.
La sorpresa es que esta estructura, que nos podría parecer tremendamente simple, es suficiente para que la CFT siga siendo equivalente a la teoría AdS. No nos hace falta que las partículas puedan moverse libremente por toda la CFT, ni tampoco que puedan intercambiar energía con partículas que tienen lejos. Basta con que todas las partículas compartan cierta información, que estén entrelazadas. Este resultado, junto con otros anteriores, parece establecer que el entrelazamiento en una teoría CFT contiene la misma información que una dimensión espacial en una teoría AdS.
Un universo poco familiar
Pero cuidado: no todo en las teorías AdS/CFT son buenas noticias. Para empezar, no estamos creando el espacio-tiempo desde cero. La teoría CFT ya vive en un espacio-tiempo, y la dualidad AdS/CFT no ofrece explicación sobre de dónde salen esas dimensiones espaciales y ese tiempo.
Más importante todavía: la física que conocemos en nuestro universo no es conforme, así que no viene descrita por una teoría CFT. Y el espacio-tiempo de nuestro universo no es anti-de Sitter, así que la dimensión adicional que hemos creado tampoco parece útil para nuestro universo. Esto no significa que este camino sea una vía muerta: habrá que investigar si el entrelazamiento en teorías cuánticas más parecidas a las de nuestro universo puede generar dimensiones espaciales similares a las que tenemos aquí. Quizá AdS/CFT haya abierto la ventana y ahora nos toque a nosotros asomarnos.
Y efectivamente, hay investigadores que están tratando de explorar esas vías: se preguntan si podríamos partir de una teoría cuántica en la que sólo hubiera objetos, sin noción alguna de espacio y tiempo, y “reconstruir” el espacio-tiempo a partir del entrelazamiento entre esos objetos. Estos intentos todavía son muy preliminares, pero en ellos la regla suele ser algo del tipo “si dos objetos comparten mucha información querrá decir que han de estar cerca en el espacio; si comparten muy poca, será que están lejos”. Estos modelos sí que trabajan con sistemas cuánticos y con espacio-tiempos similares a los de nuestro universo, pero aún están lejos de poder afirmar que logran “hacer emerger” el espacio-tiempo del entrelazamiento.
Este diagrama representa una serie de sistemas cuánticos (los círculos) unidos por líneas si comparten algo de información. No se nos dice nada sobre cuál es su posición en el espacio, ni si alguno de ellos está en el pasado y otros en el futuro. El objetivo de algunos modelos sería extraer el espacio-tiempo de esta imagen meramente informacional.
Uno de los objetivos de la física es entender cómo funciona el universo en el que vivimos, pero otro también es lograr entenderlo de la manera más transparente posible. El espacio y el tiempo son, y seguirán siendo, una parte fundamental de la realidad física, pero tal vez (sólo tal vez) algún día descubramos que son el reflejo de otra realidad física, más profunda todavía. ¿Será el entrelazamiento? Quién sabe. Lo que es seguro es que la carrera para entender el alma del espacio-tiempo ya está en marcha.
La Teoría Cuántica cuestiona la naturaleza de la realidad
El estudio de la mecánica cuántica se origina a los primeros años de 1900 pero actualmente es uno de los temas mas relevantes de la ciencia moderna.
Una de las principales pretensiones de la Física es el estudio de la “evolución” de los estados de un sistema. Al estudiar la evolución de cualquier sistema resulta interesante la predicción de su estado en un instante futuro. Esta labor se apoya en el denominado “Principio de Determinismo”, el cual afirma que si en un instante dado son conocidas con precisión arbitrariamente grande:
1. Las posiciones y velocidades de todas las partículas del sistema, es decir, su “estado” en ese instante.
y 2. El conjunto total de influencias, tanto internas como externas, a que quedan sometidas.
Entonces es posible “determinar”, a través de las ecuaciones de movimiento, el estado del sistema en cualquier instante posterior.
Tres ejemplos
Veamos cómo funciona el Principio de Determinismo en los tres casos siguientes:
A. La evolución de los planetas en sus órbitas.
B. La evolución de las nubes y las masas de aire.
C. La evolución de los sistemas atómicos.
Los casos A y B corresponden a sistemas macroscópicos (clásicos) en cuyo estudio no resulta necesario aplicar la Teoría Cuántica. No sucede así en el caso C, como ya hemos visto en nuestro artículo anterior.
En A es posible hallar con precisión arbitrariamente grande tanto 1 como 2, de ahí los buenos resultados experimentales y predictivos de la Astronomía, que se ilustran por ejemplo en el descubrimiento de Neptuno en 1846 a partir de los cálculos teóricos realizados por Le Verrier.
En el caso B la situación es un poco más complicada, y puede llegar a determinarse 1 pero no 2, es decir, conocemos con precisión la posición y velocidad de una masa de aire en un instante dado, pero no el conjunto total de influencias a que está sometida, de ahí que en Meteorología las predicciones no sean del todo satisfactorias a medio y largo plazo. Se trata de una “limitación subjetiva”, es decir, una falta de conocimiento de los detalles experimentales por nuestra parte.
El Principio de Indeterminación de Heisenberg
En el caso C resulta imposible cumplir la condición 1 a causa del denominado Principio de Indeterminación de Heisenberg. Este Principio establece que para todo sistema cuántico existen magnitudes físicas denominadas “complementarias”. Que dos magnitudes físicas sean complementarias significa que resulta imposible determinar simultáneamente, con precisión arbitraria, sus valores sobre un mismo estado.
Si, por ejemplo, M y N son dos magnitudes complementarias, y D(M) y D(N) son las respectivas imprecisiones experimentales que se obtienen al realizar la medida de tales magnitudes, entonces la relación de indeterminación de Heisenberg establece que:
D(M) x D(N) > h
(Obsérvese el notable protagonismo de la constante de Planck, h, en este fenómeno cuántico de complementariedad).
De manera que si para un estado particular queremos precisar mucho, por ejemplo la magnitud M, haciendo D(M) más y más pequeño, a cambio, para mantener la validez de la relación anterior (y puesto que h es diferente de cero), deberá aumentar el valor de D(N), volviéndose más imprecisa la medida simultánea de la magnitud complementaria N.
La quiebra cuántica del Principio de Determinismo
Resulta que en la Teoría Cuántica la posición y la velocidad son magnitudes “complementarias”, de manera que la imprecisión en sus medidas se halla ligada a través de la relación de Heisenberg, lo que prohíbe su conocimiento simultáneo con precisión arbitrariamente grande, y por ello la condición 1 del Principio de Determinismo no puede cumplirse.
Al contrario de lo que sucedía en el caso B, aquí en C no se trata de una limitación experimental subjetiva, sino de un Principio inherente a la Realidad Cuántica, el Principio de Indeterminación de Heisenberg, que establece la existencia de magnitudes complementarias imposibles de precisar de manera simultánea. De modo que debemos hablar en este caso de una “limitación objetiva” del conocimiento sobre las características del sistema.
De este resultado se deriva una conclusión inmediata: no es aplicable el Principio de Determinismo a los sistemas descritos a través de la Teoría Cuántica. Es este el primer conflicto de esta teoría con la idea de determinismo.
No obstante, como veremos más adelante, se puede reformular el concepto de “estado” para los sistemas descritos por la Teoría Cuántica y obtener todavía una evolución determinista. Aunque sólo será uno de los dos posibles modos de evolución del estado cuántico. El otro resultará nuevamente indeterminista, no en el sentido que acabamos de ver, sino en un sentido aún más fuerte.
El estado de los sistemas en la Teoría Cuántica
El estado E más general de los sistemas descritos por la Teoría Cuántica viene representado por una “superposición” de todos sus estados posibles EP(n):
E = sup. EP(n) siendo n = 1, 2, 3, … tantos estados como pueda adoptar el sistema
La noción de superposición de estados posibles es fundamental en la Teoría Cuántica y no se presenta en la Física Clásica. En esta última, los estados posibles nunca se superponen, sino que se muestran directamente como descripciones reales del estado del sistema.
Al contrario, especificar el estado del sistema en la Teoría Cuántica implica tener en cuenta la superposición de todos sus estados posibles; no podemos atribuir “a priori” ninguno de tales estados posibles al sistema, sino únicamente su superposición (salvo tras una “operación de medida”; más adelante veremos el papel tal importante que juegan estas operaciones en la Teoría Cuántica).
Tales superposiciones tienen un carácter totalmente real; de hecho, las superposiciones de estados posibles adquieren en la Teoría Cuántica un significado ontológico, es decir, describen “lo que realmente es” el estado del sistema.
El estado E (también denominado función de onda, y representado por la letra griega “psi”) corresponde al aspecto superposicional del sistema cuántico, en tanto que el conjunto de estados posibles EP(n) representa su aspecto experimental.
El experimento de la doble rendija
Sólo si se considera que la superposición E de estados posibles EP(n) representa realmente el estado del sistema se pueden explicar fenómenos observados de interferencia cuántica, que constituyen un aspecto esencial de la Teoría Cuántica, como en el caso del experimento de la doble rendija, o experimento de Young.
El experimento de Young original data de 1803 y fue propuesto por Thomas Young, dentro del marco de la Física Clásica, como demostración supuestamente “concluyente” de la naturaleza exclusivamente ondulatoria de la radiación.
La versión cuántica del experimento de la doble rendija es un elemento de análisis importante en la Teoría Cuántica, ya que permite estudiar, no sólo el fenómeno de interferencia cuántica, sino también la dualidad que la teoría establece entre las descripciones de partícula y onda.
Evolución de los estados cuánticos
En la formulación de la Teoría Cuántica presentada por Jon von Neumann en 1932, denominada “ortodoxa”, el estado superposición E del sistema (o su función de onda “psi”), que consideramos como representante real de su estado físico, puede evolucionar de dos modos distintos y excluyentes. La elevada exactitud de las predicciones cuánticas descansa en la intervención combinada de estos dos modos de evolución:
La ecuación de evolución de Schrödinger (modo 1)
Esta ecuación gobierna la evolución en el tiempo de los estados superposición E, en presencia, o no, de influencias y campos externos. Puede reformularse el Principio de Determinismo para adaptarlo a este tipo de evolución, considerando que si en un momento de tiempo inicial, dado como t0, son conocidos:
1. El estado E(t0) del sistema, como superposición del conjunto de sus estados posibles EP(n).
y 2. El conjunto total de influencias externas que sobre dicho estado actúan.
Entonces, en estas condiciones, la resolución de la ecuación de Schrödinger permite determinar el nuevo estado superposición E(t1) del sistema en cualquier momento de tiempo posterior t1.
Así pues, el estado E del sistema evoluciona con la ecuación de evolución de Schrödinger, de una manera determinista, en el sentido de que dado el mismo en un momento inicial, la evolución ofrecida por dicha ecuación “determina” exactamente el estado del sistema en cualquier instante posterior.
Operaciones de medida (modo 2)
Hagámonos la siguiente pregunta: ¿qué es una operación o un proceso de medida? Se trata de un proceso que supone la interacción de un observador (sujeto) con un sistema (objeto) sometido a estudio del que se quiere extraer información referente al valor experimental de una o varias de sus propiedades. Ejemplos de proceso de medida son la medida de la longitud de un objeto mediante una regla, o una medida de temperatura por medio de un termómetro, o la medida de una corriente eléctrica a través de un amperímetro.
Problemas de interpretación
Clásicamente se supone, sobre la base del sentido común y de la experiencia cotidiana, que una operación de medida no afecta al estado sometido a la misma, y así el estado anterior y posterior a la observación o medida son idénticos (la altura de una mesa, por ejemplo, no varía porque la midamos). Cuánticamente la situación es del todo distinta: el proceso de medida afecta al estado sobre el que se mide, y además lo hace de una manera impredecible, lo que constituye uno de los problemas de interpretación más serios de la Teoría Cuántica.
Analicemos el esquema típico de un proceso cuántico de medida: el estado previo a la misma es un estado E, formado por la superposición de todos los estados posibles experimentales EP(n) asociados a la propiedad que se desea medir. Cada uno de tales estados posibles tiene una probabilidad de obtenerse como resultado de la medida.
De manera que, a partir del estado previo E conocemos sólo la probabilidad de los diferentes estados posibles EP(n), pero no cuál de ellos actualizará. De hecho, la actualización del estado experimental tras la medida ocurre totalmente al azar. La Teoría Cuántica predice probabilidades de sucesos, en tanto que la Física Clásica predice sucesos.
El proceso cuántico de medida provoca que el estado superposición E del sistema se reduzca (“colapse”, suele decirse) a uno de sus estados posibles EP(n), cuya probabilidad de actualización pasa a valer 1, en tanto que la del resto toma el valor 0.
En este proceso de medida, u observación, la superposición inicial de estados posibles, que configura el estado E previo a la misma, se rompe y pasamos del aspecto superposicional al aspecto experimental del sistema cuántico. Los aspectos paradójicos del proceso cuántico de medida, relacionados con la superposición de estados posibles y su ruptura, suelen ilustrarse por medio del denominado experimento del gato de Schrödinger.
La interpretación de Copenhague de la Teoría Cuántica
Es el resultado de los trabajos de Heisenberg, Born, Pauli y otros, pero fundamentalmente fue promovida por el físico danés Niels Bohr (de ahí su denominación). Sus puntos esenciales pueden resumirse de la siguiente manera:
1. Dentro del esquema de la Teoría Cuántica se establece una relación esencial entre el sistema microscópico y el aparato de medida macroscópico.
2. Sólo el conjunto (sistema + aparato) posee propiedades físicas definidas.
3. Sólo después de una medida (pasando del aspecto superposicional al aspecto experimental del sistema) se puede atribuir al estado obtenido la propiedad física que se mide.
4. El Principio de Complementariedad: supone que los sistemas cuánticos muestran características y propiedades “complementarias” que no pueden determinarse de manera simultánea (por ejemplo: el carácter onda-partícula, o la pareja de magnitudes posición-velocidad).
En la Teoría Cuántica la presencia de los aspectos complementarios, corpuscular y ondulatorio, de un sistema depende del aparato elegido para su observación. Al contrario, la Física Clásica suponía que onda y partícula representaban dos descripciones distintas mutuamente excluyentes.
5. La descripción de las propiedades físicas del estado cuántico E, anterior a una medida, no está definida. Sólo aporta los estados posibles EP(n) y sus probabilidades respectivas de obtenerse tras la medida en cuestión.
El argumento, o paradoja, EPR
Propuesto por Einstein, Podolsky y Rosen en 1935, el argumento, o paradoja, EPR se planteó como un reto directo a la interpretación de Copenhague y, tácitamente, como un argumento “ad hominen” dirigido por Einstein contra Bohr como un nuevo capítulo de su particular debate, iniciado en el Congreso Solvay de 1927.
El argumento EPR no pretendía mostrar que la Teoría Cuántica fuese incorrecta, sino “incompleta”, y que, por lo tanto, debía completarse introduciendo una serie de elementos de realidad (denominados “variables ocultas”) que, debidamente acomodados dentro del formalismo de la teoría, permitiesen elaborar predicciones deterministas, no probabilistas, ya que Einstein pensaba que las probabilidades cuánticas tenían un origen subjetivo como consecuencia de carecer de una información completa relativa a las propiedades de los sistemas estudiados.
La descripción del argumento EPR se basa en el análisis de un experimento “mental”, es decir, un experimento conceptualmente consistente, aunque imposible de llevar a la práctica, al menos en el momento histórico en que se plantea.
El Teorema de Bell
Desarrollado por John Bell en 1965, se trata de un teorema matemático que analiza teóricamente el “nivel de correlación” entre los resultados de medidas realizadas sobre sistemas separados (como los sistemas S1 y S2 del argumento EPR). De hecho, las dos premisas implícitas en el Teorema de Bell son las mismas que en el argumento EPR:
1. Realidad objetiva: la realidad del mundo externo es independiente de nuestras observaciones y se basa en un conjunto de variables ocultas.
y 2. Condición de “separabilidad”: no existe “acción a distancia” ni comunicación a velocidad mayor que la luz entre regiones separadas del espacio.
Las premisas 1 y 2 constituyen la base de la denominada “realidad separable”. Basándose en ellas el Teorema de Bell predice un cierto valor de dicho nivel de correlación, que vamos a denominar N(EPR). Por otra parte, la interpretación de Bohr (Copenhague) de la Teoría Cuántica predice un nivel análogo de correlación N(B) algo mayor que N(EPR), debido a la propiedad conocida como entrelazamiento cuántico.
Esta diferencia sugería que podía establecerse una diferencia real (no sólo de opinión) entre el planteamiento de la realidad separable de Einstein y el planteamiento de Bohr basado en la interpretación de Copenhague. Si la predicción de la Teoría Cuántica para el valor N(B) resultase ser experimentalmente correcta, entonces el planteamiento de Einstein fallaría, y al menos una de las dos premisas implícitas en la realidad separable debería abandonarse.
La cuestión clave era, entonces: ¿podría dirimirse de manera experimental la diferencia teórica entre los niveles de correlación N(EPR) y N(B)?
El veredicto del experimento
El experimento llevado a cabo por Aspect, Dalibard y Roger en 1982, supuso, después de cuarenta y siete años, la materialización práctica del experimento “mental” expuesto en el argumento EPR en 1935. El resultado fundamental de este experimento es que la predicción de la Teoría Cuántica para el valor del nivel de correlación N(B) es experimentalmente correcta.
De manera que el nivel de correlación obtenido experimentalmente no coincidía con el valor N(EPR) deducido a partir del Teorema de Bell, sobre la base de las dos premisas de la realidad separable implícita en el argumento EPR. La conclusión es clara: la descripción física del mundo basada en la idea de una realidad separable ¡falla! Hay que destacar que la Física Clásica acepta igualmente la descripción de los fenómenos basada en dicha realidad separable.
En su vertiente “realista” la descripción clásica se basa en el concepto intuitivo de una realidad “exterior”, a la que se le suponen propiedades definidas, sean o no observables por el hombre. Esto permite, como consecuencia, hacer referencia al estado real de un sistema, con independencia de cualquier observación.
En su vertiente “separable” la descripción clásica se basa en el concepto intuitivo de una realidad mentalmente separable en elementos distintos y localizados, cuya posible relación mutua vendría limitada por el valor máximo permitido para la velocidad de las señales (la velocidad de la luz en el vacío).
Pero, lamentablemente para la descripción clásica, “intuitivo” no es sinónimo de “verdadero”.
El resultado del experimento de Aspect indica que una descripción de los fenómenos basada en la Teoría Cuántica obliga a replantear al menos una de las dos premisas que sustentan la idea de la realidad separable. La actitud más frecuente adoptada por los estudiosos es conservar su vertiente “realista” y someter a revisión su naturaleza “separable”, tratando de integrar en esa vertiente, entre otros, los efectos característicos del entrelazamiento cuántico.
Aspectos de la Mecánica Cuántica que deberías conocer
La mecánica cuántica trata de la conducta de objetos “sub-atómicos” que, evidentemente, son tan pequeños que no podemos percibir con la vista, el tacto, ni el oído. Un electrón y sus movimientos sólo pueden ser entendidos como abstracciones matemáticas.
La palabra Cuántico viene de “Quantum” que es el nombre que utilizó el físico Max Planck en 1900 para denominar un paquete de energía, siendo “Quanta” el plural. El “Quantum” de energía fue una aproximación disruptiva en su época, porque contradecía la idea de que la energía se emite o absorbe de una forma continua, como un flujo de agua. A nivel microscópico, la energía se transmite en forma discontínua, de paquete en paquete. Es más, la física cuántica revela que un electrón en un átomo puede estar en un sitio, y después (o simultánemente) reaparecer en otro sitio diferente mediante la emisión o absorción de un “Quantum” o unidad de energía cuántica.
Esa es una de las conductas cuánticas que voy a comentar, se llama la Superposición Cuántica. Las otras tres que comentaré son el Entrelazamiento Cuántico o Entanglement, los Multiversos Cuánticos, y el Tunneling Cuántico.
1. Superposición Cuántica
Una cosa puede ser otra cosa o cientos de cosas, al mismo tiempo. En circunstancias normales un solo objeto está en una única posición. Pero a nivel cuántico, se han creado estados de la materia en que los objetos pueden encontrase en dos o en miles de posiciones a la vez. Los primeros de esos objetos recibieron el nombre de Condensados de Bose-Einstein (BEC), que es un estado de agregación de la materia que se da en ciertos materiales a bajísimas temperaturas. Son funciones de onda individuales, lo que significa que son partículas individuales pero a pesar de ser individuales la función de onda tienen múltiples posiciones. Si lo observas verás dos cosas, pero es una sola. Es una sola partícula indivisible e inseparable.
En la vida real un cosa puede “estar” una vez (o muchas) o no estar. En cambio, en el mundo cuántico una cosa puede estar y no estar, y puede ser varias cosas a la vez. O una cosa puede vibrar y no vibrar en el mismo momento. Es un concepto increíble.
Experimento real: El físico Aaron O’Connell de la Universidad de California creó una “máquina cuántica” para demostrar la Superposición Cuántica, mira el video aquí abajo. Una de las frases que me parecen más interesantes dice:
“Valió la pena encerrarme en una habitación limpia para hacer esto durante todos esos años. Porque, observen esto, la diferencia en escala entre un solo átomo y ese pedacito de metal (del experimento) es más o menos la misma que la diferencia entre ese pedacito de metal y ustedes. Por lo tanto si un solo átomo puede estar en dos lugares diferentes al mismo tiempo, y ese pedazo de metal puede estar en dos lugares diferentes, ¿Por qué no ustedes también? Digo, es mi parte lógica la que habla. Por lo tanto imagínense si estuvieran en varios lugares al mismo tiempo, ¿Cómo sería eso? ¿Cómo actuaría tu consciencia si tu cuerpo estuviera deslocalizado en el espacio?”
Enlace relacionado: German scientists produce first Bose-Einstein condensate with calcium atoms
2. Entrelazamiento Cuántico o Entanglement
Es cuando dos objetos cuánticos, protones por ejemplo, se mantienen en fuerte relación directa entre si e interactúan, aún si están a gran distancia.
El entrelazamiento destruye muestra experiencia del espacio. El espacio sería solo el concepto gracias al cual tenemos la impresión de que hay objetos separados. Supongamos que dos electrones creados a la vez están entrelazados, y envías a uno a la otra punta del universo. Si haces alguna transformación sobre uno de ellos, el otro reaccionará al instante.
Otro ejemplo si lo que tienes son dos partículas entrelazadas, una de color blanco y otra de color rojo, si después de enviar una la otra punta del universo pintas la blanca a color rojo, la otra cambiará a color blanco en forma instantánea; y viceversa. Esto significa que o la información viaja a una velocidad infinita o que en realidad ambos continúan conectados en la distancia. Y según los científicos, como todo estaba entrelazado cuando se produjo el Big Bang toda la materia existente se mantiene en contacto.
Experimento real:
Leo Kouwenhoven físico y profesor en la Universidad de Tecnología de Delft de transporte cuántico explica en este video sus experimentos sobre el fenómeno de Entrelazamiento Cuántico o Entanglement en un evento TEDx Talks en Delft (en inglés):
El Entanglement y la Biología Cuántica
Parece que las aves migratorias que cruzan países y continentes volando de polo a polo en sus rutas migratorias, podrían tener relación con la física cuántica. Podrían guiarse a través de los colores de la luz, y que basta con una débil señal de radiofrecuencia para confundir su sentido de dirección. Hay científicos que lo explican por el efecto de entrelazamiento cuántico. Los experimentos sugieren que este fenómeno ocurre dentro de las moléculas individuales de los ojos de las aves. Los pájaros actúan como un sistema y podrían tener una especie de pantalla de visualización frontal, parecida a la que tienen los pilotos, que forma una imagen del campo magnético impresa sobre todo lo que ven a su alrededor.
El Entanglement y los «Agujeros de Gusasno»
Según investigadores de la Universidad de Washington y Universidad Stony Brook de New York el Entanglement está directamente relacionado con los Agujeros de Gusasno que permitirían atravesar el espacio-tiempo de un punto a otro del universo, a una velocidad mucho más alta que la de la luz. En física se conoce como puente de Einstein-Rosen y ha sido descrito por las ecuaciones de la relatividad general. Esto es de ciencia ficción y Einsten en 1936 afirmó que era una “acción fantasmal a distancia”.
3. Los Multiversos Cuánticos, Meta-universos o Metaversos
Una interpretación de mecánica cuántica, iniciada en 1950 por el físico estadounidense Hugh Everett, afirma que nuestro universo no es único, existen universos paralelos idénticos, pero en algunos casos podrían estar en diferentes estados. Nuestro universo estaría embebido en una estructura infinitamente más grande y más complejo llamado multiverso, que puede considerarse como una masa constante multiplicación de universos paralelos. Cada vez que se produce un evento a nivel cuántico -una partícula de luz que incide en la retina, por ejemplo- el universo se “divide” en diferentes universos.
4. Tunneling Cuántico
El Tunneling es el proceso de mecánica cuántica mediante el cual una partícula puede penetrar en una zona clásicamente imposible en el espacio, por ejemplo, viajando entre dos puntos separados A y B, sin pasar a través de ningún punto intermedio e invirtiendo sus polos magnéticos sin coste energético alguno.
Si tu quisieras hacer que una gran roca pase de un lado a otro de una montaña, tendrás que subirla por la ladera hasta la cima y después deslizarla hacia abajo por la otra ladera. Pero a nivel cuántico y en ciertas condiciones, una nanopartícula puede crear un atajo en forma de túnel atravezando la montaña por el medio. Con temor a estar diciendo una barbaridad, esto me recuerda a la ósmosis (difusión de un líquido a través de una membrana semipermeable) o a la luz que puede atravesar en línea recta a través de una montaña de cristal transparente.
La pregunta del millón: ¿Una persona o nave podrá viajar a través del tiempo y espacio utilizando el tunneling cuántico? Los científicos hoy dicen que no. Que no es posible transportar materia, sólo información o materiales exóticos. Que no es poco.
Experimento real: En este video el ingeniero mecánico noruego Ivar Giaever, explica el fenómeno tunneling en sólidos.
Pone un ejemplo de lanzar una bola de tenis contra la pared que, lógicamente, no penetra. La pared opone resistencia y la rechaza.
Pero él inventó un aparato para demostrar cómo funciona el tunneling que le valió ganar el Premio Novel de Física en 1973, centrados en cómo un electrón algunas veces salta a través del espacio vacío entre dos metales.
5. Algunas aplicaciones concretas de éstos fenómenos físicos
Actualmente, la tecnología cuántica es parte de nuestra vida cotidiana porque es utilizado en muchos sectores, por ejemplo:
Cosmología: La exploración y conocimiento del Universo, su evolución, formación y vida de las estrellas, se basa en conocimientos de física cuántica.
Semiconductores y superconductores: La comunicación mediante satélites y teléfonos móviles, ordenadores y los lectores de discos y de códigos de barras utilizan circuitos integrados o chips que están formados por transistores, dispositivos hechos con “semiconductores”. Estos pueden ser o no ser conductores de la electricidad, de acuerdo con cómo los pongamos en operación. Es una propiedad es de naturaleza cuántica.
La tecnología MRI (imágenes por resonancia magnética) permite examinar casi todos los tipos de tejidos del cuerpo humano sin necesidad alguna de cirugía, mostrando imágenes del interior. Como el cuerpo humano está constituido por una gran cantidad de agua y los núcleos de hidrógeno son eficientes imanes cuánticos.
Microscopio cuántico: es un microscopio que se basa en el fenómeno Tunneling, de ultra alto vacío a baja temperatura y se utiliza para caracterización y manipulación de nanoestructuras, por ejemplo.
Tecnología láser
Alta tecnología genética y manipulación de ADN
¿Cuál es la naturaleza de la Información?
Clásicamente, la información se considera como las transacciones realizadas entre humanos. Sin embargo, a lo largo de la historia este concepto se ha ampliado, no tanto por el desarrollo de la lógica matemática sino por el desarrollo tecnológico. Un cambio sustancial se produjo con la llegada del telégrafo a principios del siglo XIX. Así, “enviar” pasó de ser algo estrictamente material a un concepto más amplio, como lo ponen de manifiesto muchas anécdotas. Entre las más frecuentes, destaca la intención de muchas personas de enviar cosas materiales por medio de telegramas, o el enfado de ciertos clientes argumentando que el telegrafista no había enviado el mensaje cuando éste les devolvía la nota que contenía el mismo.
Actualmente, “información” es un concepto abstracto fundamentado en la teoría de la información, creada por Claude Shannon a mediados del siglo XX. No obstante, la tecnología de la computación es la que más ha contribuido a que el concepto de “bit” sea algo familiar. Más aun, conceptos como realidad virtual, basados en el procesado de información, se han convertido en términos cotidianos.
Claude Elwood Shannon fue un matemático, ingeniero eléctrico y criptógrafo estadounidense recordado como «el padre de la teoría de la información»
La cuestión es que la información es algo ubicuo en todos los procesos naturales, física, biología, economía, etc., de tal forma que estos procesos pueden ser descritos mediante modelos matemáticos y en definitiva, por el procesado de información. Esto hace que podamos preguntarnos: ¿Cuál es la relación entre información y realidad?
INFORMACIÓN COMO UNA ENTIDAD FÍSICA
Es evidente que la información emerge de la realidad física, tal como lo demuestra la tecnología de la computación. La pregunta es si la información es algo fundamental en la realidad física o si es simplemente un producto de ella. En este sentido, existen evidencias de la estricta relación entre información y energía.
Así, el teorema de Shannon–Hartley de la teoría de la información establece la mínima cantidad de energía necesaria para transmitir un bit, valor que se conoce como límite de Bekenstein. Por un camino diferente, y con objeto de determinar la necesidad de energía en el proceso de computación, Rolf Landauer estableció la mínima cantidad de energía necesaria para el borrado de un bit, resultado que se denomina principio de Landauer y su valor coincide exactamente con el límite de Bekenstein y es función de la temperatura absoluta del medio.
Estos resultados permiten determinar la máxima capacidad de un canal de comunicación y la mínima energía que debe consumir un ordenador para desempeñar una determinada tarea. En ambos casos se pone de manifiesto la ineficiencia de los sistemas actuales, cuyas prestaciones están enormemente alejadas de los límites teóricos. Pero en este contexto, lo verdaderamente importante es que el teorema de Shannon-Hartley es un desarrollo estrictamente matemático, en el que finalmente la información es codificada sobre variables físicas, lo que induce a pensar que la información es algo fundamental en lo que definimos como realidad.
Ambos casos ponen de manifiesto la relación entre energía e información, pero no son concluyentes a la hora de determinar la naturaleza de la información. Lo que si queda claro es que para que un bit pueda emerger y pueda ser observado en la escala de la física clásica se requiere una mínima cantidad de energía determinada por el límite de Bekenstein. Por lo que la observación de información es algo relativo a la temperatura absoluta del entorno.
Este comportamiento es fundamental en el proceso de observación, tal como se pone de manifiesto en la experimentación de fenómenos físicos. Un ejemplo representativo es la medida de la radiación de fondo de microondas producida por el big bang, que requiere que el detector situado en el satélite esté refrigerado por helio líquido. Lo mismo ocurre en los sensores de visión nocturna, que deben estar refrigerados por una célula Peltier. Por el contrario, esto no es necesario en una cámara de fotos convencional ya que la radiación emitida por la escena es muy superior al nivel de ruido térmico del sensor de imagen.
Radiación de fondo de microondas (CMB). Satélite WMAP de la NASA
Esto demuestra que la información emerge de la realidad física. Pero podemos ir más lejos ya que la información es la base de la descripción de los procesos naturales. Por tanto, algo que no puede ser observado no puede ser descrito. En definitiva, todo observable es algo fundamentado en la información, algo que se pone claramente de manifiesto en los mecanismos de percepción.
A partir de la información emergente es posible establecer modelos matemáticos que ocultan la realidad subyacente, lo que sugiere una estructura funcional en capas irreductibles. Un ejemplo paradigmático es la teoría del electromagnetismo que describe con precisión el electromagnetismo sin basarse en la existencia del fotón, no pudiendo deducirse su existencia a partir de ella. Algo que generalmente es extensible a la totalidad de modelos físicos.
Otro indicio de que la información es una entidad fundamental de lo que denominamos realidad es la imposibilidad de transferir información a mayor velocidad que la de la luz. Esto haría que la realidad fuera un sistema no causal e inconsistente. Por tanto, desde este punto de vista la información está sujeta a las mismas leyes físicas que la energía. Y considerando comportamientos como el entrelazado de partículas podemos preguntar: ¿Cómo fluye la información a nivel cuántico?
¿ES LA INFORMACIÓN LA ESENCIA DE LA REALIDAD?
En base a estos indicios podríamos plantear la hipótesis de que la información es la esencia de la realidad en cada una de las capas funcionales en la que esta se manifiesta. Así, por ejemplo, si pensamos en el espacio-tiempo, su observación es siempre indirecta a través de las propiedades de la materia-energía, por lo que podríamos considerar que no es más que la información emergente de una realidad subyacente más compleja. Esto da una idea de por qué el vacío sigue siendo uno de los grandes enigmas de la física. Este tipo de argumentos nos lleva a preguntar: ¿Qué es y qué entendemos por realidad?
Desde esta perspectiva, podemos preguntarnos a que conclusiones podríamos llegar si analizamos lo que definimos como realidad desde el punto de vista de la teoría de la información, en particular de la teoría algorítmica de la información y de la teoría de la computabilidad. Todo esto sin perder de vista el conocimiento aportado por las diferentes áreas que estudian la realidad, especialmente la física.