No dejemos que la tristeza, problemas, caídas apaguen nuestros sueños. Existe un Dios que nos ama, nos abraza, nos levanta y nos dice Adelante Tú Puedes!!!!
No dejemos que la tristeza, problemas, caídas apaguen nuestros sueños. Existe un Dios que nos ama, nos abraza, nos levanta y nos dice Adelante Tú Puedes!!!!
¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman.!
"ABUELA, ¿CÓMO SE AFRONTA EL DOLOR?"
"Con las manos, cariño. Si lo haces con la mente, en lugar de aliviar el dolor, éste se endurece aún más".
"¿Con las manos abuela?"
"Sí. Nuestras manos son las antenas de nuestra alma. Si las mueves tejiendo, cocinando, pintando, jugando o hundiéndolas en la tierra, envías señales de cuidado a la parte más profunda de ti.
Y tu alma se ilumina, porque le estás prestando atención. Entonces las señales del dolor ya no serán necesarias".
"¿Las manos son realmente tan importantes?"
"Sí, hija mía. Piensa en los bebés: comienzan a conocer el mundo, gracias al toque de sus pequeñas manos. Si miras las manos de los viejos, te cuentan más sobre su vida que cualquier otra parte del cuerpo. Todo lo que se hace a mano, se dice que está hecho con el corazón. Porque es realmente así: las manos y el corazón están conectados.
Los masajistas lo saben bien: cuando tocan el cuerpo de otra persona con sus manos, crean una conexión profunda. Es precisamente a partir de esta conexión que llega la curación. Piensa en los amantes: cuando se tocan las manos, hacen el amor de una manera más sublime".
"Mis manos abuela ... ¡cuánto tiempo no las he usado así!"
"Muévelas, mi amor, comienza a crear con ellas y todo dentro de ti se moverá.
El dolor no pasará. Y en cambio lo que hagas con ellas, se convertirá en la obra maestra más hermosa. Y ya no dolerá más. Porque habrás sido capaz de transformar su esencia".
Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, Chef de profesión, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego. En uno colocó zanahorias, en el otro huevos y en el último preparó café.
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón.
Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café.
Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”
-”Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.
Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad con el agua hirviendo; pero habían reaccionado en forma muy diferente.
La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
El café sin embargo era único; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
*“¿Cual eres tú?”*, le preguntó a su hija.
¿Eres una zanahoria, que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
¿Eres un huevo, que comienza con un corazón flexible; poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, una observación o un despido, te has vuelto dura y rígida?
¿O eres como el café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.
Si eres como el grano de café, que cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren, entendiste todo.