Crecí en un hogar donde mi madre, fue una mujer fuerte e inteligente, siempre manifestó la necesidad de crecer y de guiar a sus hijas hacia una independencia, pero observando siempre su entorno y sumar significativamente en él.
Mi experiencia laboral inicio en el ámbito de la psicología clínica, en donde escuchaba repetidamente historias de mujeres atrapadas en un ciclo de sacrificio personal en favor de los demás, especialmente en roles como madres y esposas, notaba cómo la vida de muchas mujeres parecía diluirse en la necesidad de cumplir con los demás, pero también encontré a mujeres con una gran necesidad de volver a creer en ellas y poder guiar a sus hijos los cuales tenían alguna discapacidad, siendo este ámbito el eje de mi labor profesional y crecimiento personal y espiritual.
Cuando empecé a colaborar como voluntaria en una organización de Parálisis Cerebral, fui testigo de cómo la vida de muchas mujeres a mi alrededor estaba marcada por limitaciones invisibles: expectativas sociales que las empujaban a conformarse, voces internas que les decían lo que no podían hacer y, sobre todo, una cultura que parecía restarles valor, algo dentro de mi cambió, fue en ese espacio, rodeada de mujeres de diferentes edades, contextos y realidades, donde descubrí la poderosa fuerza que residía en cada una de ellas. Lo que más me impactó fue cómo muchas de esas mujeres, al encontrarse con otras que las apoyaban y las inspiraban, comenzaron a ver en sí mismas un potencial que no sabían que existía. Allí entendí que influir en la vida de una mujer no solo es un acto de apoyo, sino una siembra de confianza y esperanza que puede cambiar el rumbo de una familia, una comunidad y, finalmente, de la sociedad misma.
Esta experiencia me conecto con el universo de la neurodivergencia, e identifique la gran necesidad de contar con centros terapéuticos integrales, los cuales den la oportunidad de recuperar la esperanza y tener herramientas para transformar la vida cotidiana de sus hijos, lo cual les permite a las madres seguir trabajando en si mismas, fortaleciendo así su conexión física y emocional con sus hijos.
Esta experiencia me llevo a materializar un sueño, formando en el año de 2021 el “Centro Especializado en Trastornos del Neurodesarrollo Hala Ken A.C”, lugar en donde estas mujeres encuentran la posibilidad de ver una atención integral de sus hijos y su familia, recibiendo intervención de 14 áreas médico-terapéuticas, en un ambiente en el que cada individuo se siente valorado y respetado.
Agradezco a Dios la oportunidad de crecer de la mano de seres maravillosos, que día a día me enseñan que “ Somos Dos Por Crecer “.